CAPÍTULO 1
Cuenta la leyenda que, en algún lugar remoto, cada vez que el sol se esconde, dos seres encargados de controlar el comienzo y el fin se reúnen para decidir quién debe vivir y quién debe morir.
De un lado está Zoe, representante de la vida, siempre alegre y risueño, con una luz muy característica. Él siempre ha visto todo lo hermoso de la humanidad y la alegría que define a nuestra raza. Ha visto tanta alegría en los seres humanos que ya ha llegado a pensar que son egoístas, egocéntricos y avariciosos, y que no merecen ser salvados.
Del otro lado está Azrael, representante de la muerte, con una actitud depresiva y un semblante de anarquía. Siempre es pesimista y lo define su gran aura negativa. Azrael siempre ha visto el llanto y el arrepentimiento, y sabe que los humanos pueden ser salvados.
Regresando a la historia, cada vez que el sol se oculta, ambos se reúnen en algún lugar del planeta, en la cima de una montaña, donde les da la bienvenida su más fiel servidor: el Destino.
Primero hace su entrada Zoe, con sus grandes alas y un gran resplandor que ilumina toda la cueva. El Destino rápidamente hace una reverencia y dice:
—¿Cómo ha estado el dador de alegría y felicidad?
La Zoe solo responde:
—Muy feliz, querido Dest…
Pero, antes de que pueda terminar, al otro lado de la cueva el ambiente se torna tétrico y sombrío. De aquellas sombras sale Azrael. Rápidamente, el Destino corre hacia él y temblando de miedo, hace una reverencia mientras dice:
—¿Cómo está el ser dador de agonía y sufrimiento?
Azrael lo mira a los ojos y levanta su mano. El Destino, pensando que va a golpearlo, se asusta; pero Azrael le da un fuerte abrazo y dice:
—Tanto tiempo sin vernos, querido amigo.
El Destino le devuelve el gesto y dice:
—Tranquilo, señor. Solo pasó un día.
A lo que Azrael responde:
—Para mí fue una eternidad.
Rápidamente, son interrumpidos por Zoe, quien, con una expresión pretenciosa, les dice:
—¿Terminaron o necesitan más tiempo?
El Destino le pide disculpas a Zoe y rápidamente aplaude. Del piso de la cueva se elevan dos tronos. El trono de Zoe está hecho de oro y joyas, y resplandece como un tesoro pirata; mientras que el trono de Azrael está hecho de calaveras humanas y desprende un olor a azufre y amoníaco.
Ambos toman asiento. Zoe mira a Azrael y dice:
—No sabes cuánto odio ese trono. Apesta a rata de alcantarilla.
Azrael ríe y responde:
—Tu trono parece una bola de discoteca, y no me ves quejándome.
El Destino interrumpe para decirles:
—¡MIS QUERIDOS AMOS, YA PODEMOS DAR INICIO AL JUICIO!
El Destino aplaude y a sus pies, se levanta un pilar que queda por encima de Zoe y Azrael. Dando a entender que el destino está por encima de la vida y la muerte, con una gran voz, dice:
—Ya conocen las reglas, pero, como dicta la ley, hay que repetirlas.
Zoe mira a Azrael y con una expresión de apatía, le dice:
—¿Otra vez va a contar la historia?
Azrael solo responde:
—Cállate y escucha.
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Espero les guste y me den su opinión