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ENTRE EL SILENCIO Y LA AMISTAD

Sergi_O45
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Capítulo 6: El abrazo que llegó tarde

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Pensamiento

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cuentistadebar

A mí el que me convence es el del padre con Javier, torpe y corto. Con mi viejo fue igual de sosote y aún así me duró años.

A mí el que me convence es el del padre con Javier, torpe y corto. Con mi viejo fue igual de sosote y aún así me duró años.

Contenido de la publicación

Capítulo 6: El abrazo que llegó tarde

La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad cuando el teléfono de la profesora Elena sonó.

—¿Aló?

Del otro lado se escuchaba una voz temblorosa.

Era Rosa, la empleada doméstica de la familia de Isaac.

— ¿Usted es la profesora de Isaac?… necesito su ayuda. Isaac salió de la casa llorando. No sé a dónde fue. Sus padres aún no llegan y estoy muy preocupada.

Elena sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

—¿Hace cuánto salió?

—Hace casi media hora.

—Voy enseguida.

La profesora tomó las llaves de su automóvil y salió bajo la lluvia.

Mientras conducía, llamó inmediatamente a Javier.

El joven respondió después del segundo timbre.

—¿Profesora?

—Javier, necesito que me escuches con atención. Isaac salió de su casa y nadie sabe dónde está.

Javier se quedó paralizado.

—¿Qué?

—Si sabes algún lugar donde pueda estar, dímelo.

Javier comenzó a pensar desesperadamente.

Entonces recordó algo.

Semanas atrás, Isaac le había mostrado un pequeño mirador desde donde podía verse toda la ciudad.

—¡El parque del mirador! Cuando está triste siempre va allí.

—Voy para allá.

Javier no esperó un segundo más.

—Yo también.

Colgó el teléfono y bajó las escaleras corriendo.

Jonathan estaba leyendo unos documentos en la sala.

—¿Qué sucede?

—Isaac huyo de casa.

Jonathan dejó todo sobre la mesa.

—Sube al auto.

Javier lo miró sorprendido.

—¿Vienes conmigo?

Jonathan tomó las llaves.

—Claro que sí.

Por primera vez en muchos años, Javier sintió que su padre estaba allí exactamente cuándo lo necesitaba.


La lluvia seguía cayendo cuando llegaron al parque.

La profesora Elena ya los esperaba.

Los tres comenzaron a recorrer el lugar llamando a Isaac.

—¡Isaac!

—¡Isaac!

Solo respondía el fuerte viento.

Después de varios minutos, Javier levantó la vista.

En el extremo del mirador, sentado sobre una banca completamente mojada, había una figura conocida.

Era Isaac.

Tenía la cabeza inclinada y la libreta que le había regalado la profesora Elena descansaba entre sus manos.

Javier corrió hacia él.

—¡Isaac!

El muchacho levantó lentamente la mirada.

Sus ojos estaban completamente rojos.

Javier lo abrazó con fuerza.

—Me asustaste.

Isaac intentó sonreír.

—Perdón...

Solo necesitaba estar solo un rato.

La profesora Elena llegó unos segundos después.

—Nos preocupaste muchísimo.

Isaac bajó la mirada.

—No quería que nadie se preocupara por mí.

Javier respondió inmediatamente.

—Eso nunca será posible.

Porque eres mi mejor amigo.

Y los mejores amigos se preocupan unos por otros.

Isaac no pudo contener las lágrimas.

Lloró como hacía mucho tiempo no lloraba.

No era un llanto de desesperación.

Era el llanto de alguien que, por fin, se sentía acompañado.


Minutos después se escuchó un automóvil acercándose.

De él bajaron un hombre y una mujer completamente alterados.

Eran Ricardo y Gabriela, padres de Isaac.

Habían recibido la llamada, de la preocupada Rosa.

Corrían bajo la lluvia llamando a su hijo.

—¡Isaac!

Cuando lo encontraron, Gabriela cayó de rodillas y lo abrazó con todas sus fuerzas.

—Perdón... perdón, hijo...

Ricardo tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Nunca quisimos hacerte sentir solo.

Isaac permaneció inmóvil.

Durante años había esperado escuchar esas palabras.

Pero el dolor no desaparecía de un instante a otro.

—Olvidaron mi cumpleaños...

—Lo sabemos —respondió Gabriela llorando—. Cuando llegamos a casa y vimos el pastel que tus amigos habían preparado... entendimos todo el daño que te habíamos hecho.

Ricardo dio un paso al frente.

—Nos dimos cuenta de que trabajábamos para darte una buena vida...

Pero estábamos dejando de vivirla contigo.

El silencio volvió a apoderarse del lugar.

Finalmente, Isaac habló.

—No necesito regalos.

No necesito una casa grande.

Solo necesito que estén conmigo.

Gabriela rompió a llorar.

—Te prometemos que vamos a cambiar.

No queremos seguir perdiéndonos tu vida.

Isaac observó a sus padres durante unos segundos.

Después dio un paso hacia ellos.

Los tres se abrazaron bajo la lluvia.

Javier contempló la escena sin decir una palabra.

Jonathan se acercó lentamente a su hijo.

—¿En qué piensas?

Javier sonrió.

—En que ojalá las personas no esperen hasta el último momento para darse cuenta de lo importante que es su familia.

Jonathan colocó una mano sobre su hombro.

—Tienes razón.

Y gracias a ti... yo lo entendí antes de que fuera demasiado tarde.

Por primera vez en muchos años, padre e hijo se abrazaron.

No fue un abrazo perfecto.

Fue torpe.

Fue corto.

Pero estaba lleno de sinceridad.

La profesora Elena observó a ambas familias con una sonrisa.

Comprendió que todavía quedaba mucho por sanar.

Sin embargo, el primer paso ya estaba dado.

Y ese era siempre el más difícil.

Paso una semana, Javier llegó al colegio.

Encontró a Isaac esperándolo en la entrada.

Esta vez tenía una sonrisa distinta.

Una sonrisa verdadera.

—¿Cómo estás? —preguntó Javier.

—Mucho mejor.

—¿Tus padres?

Isaac sonrió.

—Anoche cenamos juntos.

Sin celulares.

Sin trabajo.

Solo nosotros.

Javier sintió una enorme alegría.

—Me alegro mucho.

Los dos entraron al colegio conversando y riendo.

La profesora Elena los observó desde la ventana del salón.

Sabía que aún tendrían problemas, como cualquier familia.

Pero también sabía que ya no tendrían que enfrentarlos solos.

Porque habían aprendido la lección más importante de todas:

El amor no solo se siente. También se demuestra con tiempo, con palabras y con presencia.

Y esa lección cambiaría sus vidas para siempre.

                               

                                                              DE: Sergio Gutiérrez                                

 

Thoughts

  • cuentistadebar

    A mí el que me convence es el del padre con Javier, torpe y corto. Con mi viejo fue igual de sosote y aún así me duró años.

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  • cuento77

    Se lo mandé a mis amigas y Kari se enojó con los papás, dice que reaccionar hasta el capítulo 6 ya es de a tiro tarde, mare. ¿Vas a publicar el siguiente capítulo?

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  • Ovid

    Gracias por seguir subiendo esta historia! El capítulo no arregla el abrazo entre Javier y su padre, lo deja torpe y corto, y por eso me lo creo entero. Con Isaac pasa igual: los papás prometen cambiar y el dolor sigue ahí unos párrafos después. La cena sin celulares al final vale más que cualquier regalo.

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  • versoenservilleta

    Lo más honesto del capítulo es que Isaac no perdona en el acto. Sus padres se arrodillan bajo la lluvia y él contesta con lo del cumpleaños, que es lo único que no se arregla pidiendo perdón. A mí me costó semanas aceptar una disculpa que llevaba años esperando, y no era orgullo, es que no me cabía tan deprisa.

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