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En un aula de clases, la campana resonó con fuerza

MINSBETH
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En un aula de clases, la campana resonó con fuerza.

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Pensamiento

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versoAjeno

Lo del paraguas que dejó... esa acción cabe en pocas líneas pero dice todo sobre quién es Nathan.

Lo del paraguas que dejó... esa acción cabe en pocas líneas pero dice todo sobre quién es Nathan.

Contenido de la publicación

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En un aula de clases, la campana resonó con fuerza.

 

—Bueno, muchachos, los veo en la próxima clase. No se olviden de su proyecto para fin de curso —anunció la maestra antes de retirarse.

 

—De la clase de hoy no entendí absolutamente nada —se quejó uno de los jóvenes.

 

—Tú nunca entiendes nada, Louis. Soy yo el que siempre hace la tarea por ti —respondió su amigo, soltando una risa.

 

—Por eso te quiero, Lucas —dijo Louis, abrazando a su amigo por el cuello mientras este intentaba empujarlo para soltarse.

 

—Ya me voy, muchachos —interrumpió un tercer joven, que guardaba sus cosas a toda prisa, lo que hizo que los otros dos se detuvieran.

 

—Otra vez, Nathan... Siempre tienes que irte temprano —reclamó Lucas.

 

—Lucas tiene razón. ¿En qué andas, amigo? Antes nos esperabas para irnos juntos y ahora sales corriendo.

 

—Bueno, me voy. ¡Adiós! —gritó Nathan, saliendo del aula a toda prisa sin llegar a escuchar las quejas de sus amigos.

 

—¿Tú crees que tenga una doble identidad y nos esté engañando? —preguntó Louis.

 

Lucas le dio una palmadita en la cabeza a su amigo, divertido.

 

—Sí que eres tonto. —Agarró su mochila y caminó hacia la salida.

 

—¡Lucas, espérame! —gritó Louis, corriendo detrás de él

 

***

—Llegué a tiempo —murmuró Nathan tras revisar su reloj de pulsera.

 

Al levantar la vista, se encontró contemplando un colegio de élite. Observó a los alumnos salir, la mayoría subiendo a autos de lujo que los esperaban en la entrada.

 

—Al fin... Allí está —susurró al ver a una muchacha de tez blanca, cabello castaño y lacio. Era esbelta y muy hermosa.

 

Nathan comenzó a salir de su escondite, pero se detuvo al verla alejarse en su auto privado. La observó desde la distancia. No se atrevía a acercarse porque una duda lo carcomía por dentro: no sabía si ella aún lo recordaba.

 

8 AÑOS ATRAS

En una noche lluviosa.

 

—No te preocupes, mamá, ya voy regresando a casa —dijo Nathan antes de colgar. Guardó el teléfono en su bolsillo y sujetó con fuerza su paraguas. El pronóstico decía que hoy no llovería. Qué manera de cambiar el clima.

 

Se colocó los audífonos mientras observaba cómo los autos pasaban por la avenida, salpicando el agua acumulada en el asfalto. Al llegar a un parque cercano a su casa, algo llamó su atención a su derecha.

 

Sentada en una banca, completamente empapada, había una niña con un vestido blanco. Lloraba desconsoladamente bajo la tormenta, pero lo más impactante era lo que sostenía entre sus manos: un gatito sin vida.

 

Nathan miró a su alrededor. No había nadie más; la pequeña estaba completamente sola. Con cautela, se acercó a ella.

 

—¿Estás bien? —le preguntó.

 

No recibió respuesta. Ella mantenía la cabeza agachada y su cabello empapado le cubría el rostro. Nathan no quiso dejarla allí; sentía el impulso de cuidarla. Se inclinó y compartió su paraguas con ella para protegerla de la lluvia. Tras unos segundos de silencio, la niña reaccionó.

 

—Gracias —susurró sin levantar la mirada.

 

—¿Por qué estás tan solita? ¿No hay nadie contigo?

 

La niña negó con la cabeza. Al ver el pequeño cuerpo del animal en sus brazos, Nathan intentó consolarla:

 

—Desde el cielo te cuidará.

 

—Lo sé. —Sé que lo harán las dos —respondió ella con la voz quebrada.

 

Nathan lo miró, confundido.

 

—¿Las dos?

 

—Sí... Ayer falleció mi madre y hoy falleció mi gatita —explicó, rompiendo a llorar con más fuerza.

 

El corazón de Nathan se encogió y, sin pensarlo, la abrazó.

 

—Sé cómo te sientes. Yo también perdí a mi padre cuando tenía cinco años, pero sé que no me dejó del todo, porque sé que me cuida desde algún lado —le dijo, alejándose un poco para mirarla. Cuando ella levantó el rostro, Nathan notó lo bonita que era; parecía tener su misma edad.

 

Iba a preguntarle su nombre, pero el fuerte claxon de un auto lo interrumpió. Era su madre, quien acababa de estacionarse. Nathan supo que debía irse, pero no quería dejar a la niña desprotegida, así que dejó su paraguas apoyado al lado de ella y corrió hacia el vehículo.

 

—¿Por qué estabas allí solo? —preguntó su madre en cuanto subió.

 

—Mamá, es que hay...

 

Nathan volteó hacia la banca, pero las palabras se le congelaron en la garganta. Un hombre elegante acababa de bajar de un gran auto negro; le colocó un abrigo sobre los hombros a la niña y la guió hacia el interior del vehículo.

 

—¿Qué pasó, hijo? ¿Qué estás mirando? —insistió su madre.

 

—No, mamá, no es nada. Vamos a casa.

 

Su madre encendió el motor, pero Nathan se quedó sumido en sus pensamientos, deseando saber quién era esa misteriosa niña.

 

Pasó una semana desde aquella noche. Aunque caminaba por el parque todos los días con la esperanza de volver a verla, no tuvo éxito. Hasta que un día, mientras pasaba por el colegio privado de la zona alta —ese donde solo las familias más ricas enviaban a sus hijos—, levantó la mirada y la vio bajar de un automóvil.

 

—Al fin la encontré —pensó, contemplando lo hermosa que se veía.

 

En ese momento, la chica volteó en su dirección. Preso del pánico y sin saber dónde esconderse, Nathan se dio la vuelta rápidamente, dándole la espalda para que no notara que la espiaba. Ella apartó la vista y continuó su camino. Pero para Nathan, la búsqueda había terminado: al fin sabía dónde estaba.

 

ACTUALIDAD

 

Al llegar a casa, Nathan notó que su madre había regresado temprano del trabajo.

 

—¡Ya llegué, mamá! —anunció, caminando directo a la cocina para abrazarla por la espalda.

 

—Hola, hijito hermoso. ¿Cómo te fue? —preguntó ella, sonriendo mientras continuaba cocinando.

 

—Todo bien, madre. Nos dejaron un proyecto que debemos presentar para fin de curso —respondió él, colocándose a su lado y observando cómo terminaba de preparar la cena.

 

—Este año ya terminas el instituto y te irás a la universidad, hijo...

 

Nathan notó de inmediato un cambio en su tono de voz. Su madre parecía tener algo importante que decir, pero no encontraba las palabras.

 

—Mamá, ¿qué está pasando? ¿Hay algo que quieras decirme?

 

Ella dejó a un lado los utensilios de cocina y se giró para mirarlo de frente. Soltó un largo suspiro.

 

—Siéntate, hijo.

 

Ambos se sentaron a la mesa. Al ver que ella seguía notablemente nerviosa, Nathan tomó su mano con cariño.

 

—Mamá, sea lo que sea, sabes que te voy a apoyar.

 

—Está bien, hijo... Yo... Mi novio me pidió matrimonio —confesó ella, mirándolo con timidez.

 

Nathan parpadeó, completamente sorprendido.

 

—¿Casarte?

 

—Sí, pero antes de la boda, quiere que nos vayamos a vivir con él y con su hija.

 

Aquello era algo que Nathan realmente no se esperaba. No supo qué decir. Durante años, su familia se había reducido estrictamente a su madre y él. Ahora, de la noche a la mañana, el espacio se expandiría.

 

No sería solo una mudanza; significaba empezar una nueva familia.

Thoughts

  • Anselma

    Después de ocho años guardando ese encuentro, ¿ahora qué? ¿Cómo va a reaccionar cuando se entere?

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  • pnavarro64

    ¿Vos creés que el novio de la mamá sabía algo sobre Nathan, o fue casualidad pura?

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  • Nicanor

    Lo de esperarla a la salida de la escuela sin atreverse a hablarle jaja, eso es raro y dulce al mismo tiempo

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  • hojaSuelta

    ¿Cuántas veces se cruzaron los caminos de Nathan y esa niña sin que ella se enterara?

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  • versoAjeno

    Lo del paraguas que dejó... esa acción cabe en pocas líneas pero dice todo sobre quién es Nathan.

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  • Amaranta

    ¿De verdad Nathan seguía pensando en esa niña desde hace ocho años, o es que la reconoció sin estar seguro?

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