Que bravos eran … prefiriendo la muerte que la vida en humillación… esta muy bueno todo… quedo atento a la siguiente parte.
2. EL último Arrebato año 1578
Pensamiento
Que bravos eran … prefiriendo la muerte que la vida en humillación… esta muy bueno todo… quedo atento a la siguiente parte.
Contenido de la publicación
''Tras celebrar la ceremonia de los Peaches, quedaron listos para la guerra, bajo la sagrada protección de los espíritus de las cumbres''.
En la penumbra de la noche Súcuta sentado en la choza con Aram y Neri recordaba la embestida anterior, la lucha y cómo lograron que los Karaíba retrocedieron. Desde 1560, ante el avance implacable de los conquistadores por el hierbazal, las tribus originarias de la región central unieron sus fuerzas en una poderosa alianza guerrera. Los chagaragotos y huerenas, entre cuyos aguerridos líderes destacaba el intrépido Súcuta, Aram y Neri formaban parte de una gran confederación junto a las parcialidades de los Mariches, Teques y Toromaimas y caciques, con un objetivo común: detener la penetración invasora y defender el territorio ancestral.
Súcuta;
➖ Recuerdo hace 10 años el asedio al cacique 1568, máximo líder de la Alianza, las tropas dirigidas por el capitán sitiaron su caney. Al no poder hacerlo salir, le prendieron fuego a la vivienda. El cacique prefirió salir combatiendo con su macana entre las llamas antes que rendirse, muriendo abatido a estocadas.
➖ Hace 5 años 1573, cuando agarraron al Cacique, líder de alto rango capturado con vida sometido a ejecuciones teatrales. El gran aliado de Huerenas y Chagaragotos, a quien sometieron a fuertes golpes y aperreamiento, luchó desarmado contra un perro mastín de guerra en la plaza pública, siendo despedazado para infundir terror en las tribus circundantes.
Aram comenta:
➖Se acuerdan cuando sus caballos se atascaban en el barro de las orillas y sus filas eran diezmadas por guerreros que no podían ver, los Karaíba se vieron obligados a retroceder hacia la costa..
Súcuta;
➖Esto nos lleva a luchar con más fuerza - "¡Guarenas Aput Aput!"
Tras encarnizados choques en los valles centrales, el núcleo de la resistencia indígena desplazó sus filas hacia las zonas de Guarenas y Mariche, asentándose estratégicamente en el frondoso Valle de Pacairigua.
En este bastión, las fuerzas combinadas organizaron un formidable ejército defensivo. Bloques integrados por entre 3.000 y 5.000 flecheros y lanceros —donde los Huerenas, Chagaragotos y Mariches aportaron el grueso de sus combatientes— se dividieron en contingentes guiados por sus caciques y estrategas más respetados: Guaymacuare, Aramaipuro.
Bajo el liderazgo de sus caciques los guerreros sellaron el compromiso de defender el valle a costa de su propia vida.
El sol apenas comenzaba aclarar la densa arboleda cuando el retumbo de los cascos de los caballos hizo vibrar la tierra húmeda de la sabana de Pacairigua. Entre la espesura del follaje, el cacique Guaymacuare, con el pecho ungido en rojizo onoto y la macana de madera dura firmemente asida en su mano, oteaba el horizonte con la fiereza de quien sabe que no hay marcha atrás.
Sabiendo que las fuerzas del conquistador Garci González de Silva buscaban quebrar definitivamente a la parcialidad huerena. Guaymacuare había congregado a sus más valientes guerreros en un estrecho vado del hierbazal.
Desde las lomas circundantes los conquistadores ejecutaron una emboscada envolvente. El estruendo seco y atronador de los arcabuces rasgó el aire, llenando la vegetación de un humo espeso y sulfurado. Antes de que los flecheros pudieran reaccionar para lanzar sus dardos envenenados, una unidad de caballería pesada irrumpió al galope desde la zanja. Los cascos de los corceles de guerra arrollaron las primeras filas Huerenas, mientras las espadas y lanzas de acero de la infantería castellana abrían brechas mortales en la formación indígena, Disparaban balas esféricas de plomo, decenas de guerreros muertos, decapitados, con pequeños agujeros en el cuerpo.
En medio del caos, la conmoción y los gritos de guerra, Guaymacuare se alzó implacable. Negándose a ceder un solo paso, el cacique embistió a los atacantes, derribando a varios soldados a fuerza de macana limpia y conteniendo el embate de las bestias acorazadas.
Los capitanes, al reconocer los adornos de jerarquía y el penacho de plumas que lucía el líder, dieron la orden de atraparlo con vida para exhibirlo en plaza pública como escarmiento. Rodearon al cacique Huerena formando un cerco infranqueable de rodelas, espadas y arcabuces.
Guaymacuare sabiendo cuál sería su destino si caía en garras del enemigo —el suplicio del fuego o las cadenas de la servidumbre—, Guaymacuare rechazó con desprecio cada intimidación y llamada a la rendición. Lanzó un último y estremecedor grito de guerra invocando el amparo de las cumbres del Waraira Repano, y arremetió a pecho descubierto contra el centro de la formación enemiga.
-"¡Ana Karina Rote, aunicon paparoto mantoro itoto manto!",
Varios aceros lo atravesaron simultáneamente en pleno ímpetu. El gran líder de los Huerenas cayó sobre la tierra de Pacairigua, cubriendo con su propia sangre el suelo que había defendido. Su muerte heroica en el campo de batalla quebró la resistencia armada en ese sector.
Sucuta corrió por el hierbazal, viendo como mataban al Cacique, apagando su espíritu luchador. gritaba con el alma:
-"¡Huarenas Aput Aput!"
- "¡Huarenas Aput Aput!"
El dolor de la derrota y el humo de las chozas quemadas aún flotaban sobre el valle de Pacairigua. Súcuta, con la mirada perdida en las cenizas del combate, sentía en el pecho el peso aplastante de la desesperanza. Había visto caer a sus valientes caciques, atravesados por el acero e incinerados por el fuego infame de las armas de los Karaíba.
Súcuta comprendió, con amargura insoportable, que la gran parcialidad huerena había quedado despojada de su liderazgo militar directo, y que mantener la guerra abierta solo traería el exterminio total de su sangre y de la tribu.
Reunidos en la penumbra del matorral, Súcuta, el intrépido Neri —aún con las huellas del barro del hierbazal en sus piernas— y el joven guerrero Aram cruzaron miradas en silencio.
Súcuta: ➖Ya no hay tiempo para las macanas ni para los cantos de guerra; la prioridad absoluta es nuestra vida.
El Cacique Aramaipuro, Líder guerrero de la zona de Mariche y el valle de Guarenas que organizaba emboscadas y ataques contra los contingentes coloniales, Su constante guerra retrasó por décadas el dominio absoluto y la posterior pacificación y asentamiento definitivo de los encomenderos en los valles del río Curupao y las zonas de Pacairigua por 20 años.
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El grito de guerra atribuido a los Huerenas (la tribu de la etnia Caribe que habitó la región actual de Guarenas) es: «¡Guarenas Aput Aput! ¡Guarenas Aput Aput!». [1]
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Grito de guerra del Cacique Guaymacuare -"Ana Karina Rote, aunicon paparoto mantoro itoto manto!"(Sólo nosotros somos gente, aquí no hay cobardes ni nadie se rinde)
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