Habíamos hablado durante dos, quizás tres meses. Fueron los meses mas lindos de mi vida, durante ese tiempo, poco a poco, empecé a conocerlo a través de sus palabras, esos hermosos mensajitos que el me enviaba, y de esos pequeños detalles que, sin darme cuenta comenzaron a tener un gran significado para mi...
Hasta que llegó un 7 de Septiembre
Ese día lo vi por primera vez, recuerdo que estaba nerviosa, pero a la vez feliz porque sabia que iba a conocer por primera vez al que iba hacer el amor de mi vida. Frente a mi estaba aquel chico que hasta entonces solo conocía a treves de una pantalla. Era cariñoso, amable y respetuoso, pero había algo mas que me gustaba de el, era su sonrisita. Pero había algo en su forma de tratarme que me hacia sentir bien y tranquila, como si aquel encuentro pudiera ser el comienzo de algo bonito.
Pero después de aquella salida todo cambió.
El dejo de ser el chico del cual yo estaba enamorada.
Dejo de hablarme.
Al principio pensé que quizá estaba ocupado. Después esperé un mensaje, cualquier señal que me dijera que todavía quería saber de mí. Pero los días pasaron y el silencio comenzó a doler más que cualquier respuesta.
No entendía qué había sucedido. Me preguntaba una y otra vez si había hecho algo mal, si había dicho algo que no debía, si quizás yo había imaginado que entre nosotros existía algo que, para él, nunca fue real.
Y llore...
Lloré durante una semana intentando encontrar una explicación que no tenía. Me dolía no solamente su ausencia, sino también todas las ilusiones que había construido antes de aquella salida.
Quizá lo más difícil no era que se hubiera alejado.
Era no saber por qué.
El 7 de septiembre, para él, quizá fue solamente un día más.
Para mí, fue el día en que conocí a alguien que, sin saberlo, dejaría una pequeña historia escrita dentro de mi corazón.
Y aunque todavía no sabía si aquella historia tendría un segundo capítulo, yo seguía preguntándome en silencio:
¿Por qué sus palabras me hicieron creer en un “nosotros” que quizás solo existía en mi corazón?