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El problema de Manuel

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Pensamiento

Pensamiento

VictorAmaya

La parte de simular que miras un punto fijo para no parecer que estás esperando la conozco bien de otra época mía. Uno se acomoda la postura por si acaso mira alguien. Eso el cuerpo lo aprende solo.

La parte de simular que miras un punto fijo para no parecer que estás esperando la conozco bien de otra época mía. Uno se acomoda la postura por si acaso mira alguien. Eso el cuerpo lo aprende solo.

Contenido de la publicación

Tu problema, Manuel, es que seguís creyendo que eso —la cosa— está en algún lado. Y honestamente me alegro por vos. Tal vez nunca te abandone, tal vez sea un requisito para que sigas parado en este mundo. Pero dejame decirte algo, ya que noto en tus ojos algo parecido a la melancolía o al desdén (conozco de esas miradas).

El asunto es que, efectivamente, por momentos vas a encontrarte en estados de ensueño. Probablemente te venga una idea y pienses que es genial, que capta algo absoluto, y la anotes en un cuaderno. También te imagino mirando un árbol o una flor. Observando a ese hombre que fuma en la puerta de su casa ya llegada la noche y se te agita el pecho, porque está esperando a alguien y es verano, está en cuero y lleva anteojos. Mira para cada esquina, pero intenta tranquilizarse y simula quedarse mirando algún punto, como si reflexionara, hasta que lo hace: entra en cavilaciones, sabe que no va a venir, es tan evidente. Sin embargo, sigue recreando la escena en que ella aparece y lo divisa desde lejos. Y se ve desde sus ojos. Y cuando ella finalmente se acerca y se miran, lo agarra de la mano e ingresan a la casa; no dicen nada, solo comienzan a desvestirse y se dirigen a la habitación. Y ahora todo se ve distinto: se revientan, se desgarran, se desfondan. Él sabía que iba a pasar, que algún día por fin sucedería. Por eso fuma en la puerta y mira las esquinas.

¿Y sabes qué otra cosa imaginás, Manuel? La puerta de su habitación semiabierta que deja ver la cama de dos plazas con una manta tendida en la zona de los pies (su color es beige, la puerta es de una madera ya vieja y no cierra bien). Y esos días él observa desde la mesa del comedor esa puerta, fumando un cigarrillo tras otro en un silencio espectral, pensando qué sentido tiene la vida si se vive así, tan solo. Y se te parte el alma, Manuel. Porque la cosa toma distintas formas, distintas emociones; es parte del combo.

Lo que quiero es ayudarte a entender que todo está en tu cabeza, que necesitás creer que todo eso ocurre en algún lado. Te gusta sublimar la alegría y el dolor, y para eso necesitás un poco de imaginación. Pero eso entraña algunas amenazas, querido amigo: una tiene que ver con añadirle a la tragedia de este mundo ese manto sepulcral que todo lo torna vano; y otra, que se conecta directamente con esto último, con la pérdida de sentido.

Porque sos capaz de ver a una niña y su abuela regresando a casa luego de la escuela: van agarradas de la mano, escuchás cómo la mochila-carrito se desliza por la vereda y la niña le cuenta qué tal su día. Su expresión es alegre y la abuela escucha atenta cada detalle. Y si eso ocurre una tarde de primavera con los primeros calores, tanto mejor. Pero estas escenas simples quizá no basten, porque automáticamente pensás en el paso del tiempo y ves a la niña devenida en mujer, y ya no parece feliz.

Pero, nuevamente, todo está en tu cabeza. Y en esta tendencia tuya de intentar encontrar la cosa mágica que se supone tiene la vida y de terminar en una angustia torrencial, porque o no encontrás nada —los días se suceden uno a otro y no hay objeción posible— o encontrás decadencia. Y te desmoronás y das manotazos de ahogado para revertir la situación, pero eso empeora todo.

Porque lo que vos quisieras no existe: te lo imaginaste todo, sacaste algunas deducciones a partir de ciertas experiencias y eso fue todo, Manuel. Lo que ves es lo que hay. Yo, vos, la sociedad, la cultura... todo esto, simplemente es. Inicia, muta y se muere. Todo lo demás es cosa tuya.

Así que dejá de estar enojado y vayamos a tomar un trago, por favor.


Thoughts

  • Salvador

    Tengo veinticuatro y no lo tengo resuelto, así que pregunto en serio: ¿la nena y la abuela también entran en lo que está solo en tu cabeza?

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  • filologo_terco

    Ojo con algo: en todo el texto nunca nombras 'la cosa', la dejas en esa palabra vacía. ¿Fue decisión o no le encuentras nombre?

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  • aponte68

    Veintiocho años de taxi y a esos que fuman en la puerta esperando los he recogido a las tres de la mañana. Lo del trago es lo más sensato.

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  • cuento77

    ok pero necesito saber quién es manuel jaja. se lo mandaste? o se lo dijiste en la cara y después lo escribiste?

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  • AlmaCorrea

    Me gustó mucho lo de la nena con la mochila de carrito y la abuela oyéndola con atención. Esa escena la veo cada tarde saliendo del comedor.

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  • EmilioPrats

    Me ha recordado a mi portal, que salgo a la misma hora aunque ya no espere a nadie. Me quedé con ese hombre y el cigarro.

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  • VictorAmaya

    La parte de simular que miras un punto fijo para no parecer que estás esperando la conozco bien de otra época mía. Uno se acomoda la postura por si acaso mira alguien. Eso el cuerpo lo aprende solo.

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  • TeoSanabria

    Lo leí en el taller entre dos motos y me quedé pensando en Manuel, no en la idea. Un tío mío quedó así cuando se le fue la mujer, sentado mirando la puerta. ¿Manuel al final aceptó el trago?

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  • IreneCalvo

    Guardo las libretas de mi madre y hay páginas de gente que no sé si existió o se la inventó para tener con quién hablar. ¿Manuel es alguien tuyo o eres tú puesto enfrente?

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  • filoDeNavaja

    'Todo está en tu cabeza' es la frase más cómoda del repertorio. Sirve igual para el que ve fantasmas y para el que ve a una nena volviendo de la escuela con la abuela. Si explica las dos, no explica ninguna, bo.

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