Propongo un juego para estos días: cada vez que un olor los transporte a otro momento, lo dejan acá.
Arranco yo. Hoy pasé por una casa donde estaban haciendo tostadas con manteca y de repente tenía ocho años, sentada en la mesa de la cocina de mi abuela, con los pies que no llegaban al piso.
¿Y ustedes? Puede ser cualquier cosa: lluvia, un perfume en el colectivo, ropa recién lavada. Y si mañana les pasa otra vez, vuelvan y la suman, que me encanta leerlas.