El monstruo de mi mente
—Ayuda, por favor. Ayuda… ayuda… ayuda.
—Puedes gritar todo lo que quieras, pero nadie te escuchará, porque estás en tu mente.
—¿Por qué haces esto? —gritó con rabia.
—¿Esto? Eso te lo haces tú mismo.
—Pero si jamás te he hecho nada.
—Precisamente por eso. Jamás has intentado detenerme.
—¿Cómo iba a hacerlo, si desde siempre has tenido el control?
El monstruo sonrió.
—¿El control? ¿Qué es eso? Yo no conozco el control. Yo solo soy pensamientos, recuerdos y sentimientos negativos que tú dejaste crecer. Ellos me crearon.
Hizo una pausa antes de continuar.
—El control siempre lo has tenido tú. Pero nunca quisiste detenerme. Me alimentaste con cada miedo, con cada herida que decidiste guardar en silencio. Tú permitiste que yo creciera hasta consumir cada rincón de tu mente.
Se acercó un poco más y preguntó en un susurro:
—Así que dime… ¿vas a seguir dejándome controlar tu vida? ¿O por fin abrirás los ojos y enfrentarás a los demonios que te destruyen lentamente?
Y, después de mucho tiempo…
Por fin hubo silencio.