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¿Es el kárate la única arte marcial que puedes dominar sin que jamás te toquen?

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El kárate es la arte marcial más fotogénica jamás inventada, y esa es la primera pista. Está construido en torno a pelear con gente que no está, romper objetos que aceptaron ser rotos y un sparring que termina en el instante en que alguien hace contacto. Puedes ganarte un cinturón negro sin haber asumido jamás una sola consecuencia.

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Pensamiento

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seco_pero_real

Único deporte donde el rival ideal es una tabla que ya firmó el consentimiento.

Único deporte donde el rival ideal es una tabla que ya firmó el consentimiento.

Contenido de la publicación

El kárate se ve increíble. El gi blanco impecable, el cinturón, la reverencia, el chasquido de la manga cuando un cinturón negro dispara un golpe directo al aire vacío frente a él. Es la arte marcial más fotogénica jamás inventada, y esa es la primera pista. Cualquier cosa tan bonita está optimizada para el cine, no para ganar.

Empecemos por los katas, el alma del arte. Son rutinas preciosas, pulidas durante décadas, ejecutadas contra un comité de atacantes invisibles, hombres que no existen, atacan de uno en uno desde los cuatro puntos cardinales y esperan educadamente su turno. Un karateca puede pasarse veinte años perfeccionando un contraataque impecable contra un agresor que nunca ha tirado un golpe, jamás tirará un golpe, no sabe agarrar, no se coordina con sus compinches y destaca sobre todo por no estar en la sala.

Luego viene el alarde insignia: romper una tabla. Una tabla es un trozo inmóvil de árbol muerto que nunca ha esquivado un jab, nunca ha lanzado un derribo y consintió de antemano toda la interacción. Y, si es demasiado difícil, podemos hacerle unos cortes a la tabla para asegurarnos de que no te lastimes demasiado al romperla. Partir una demuestra que puedes golpear una cosa que aceptó ser golpeada. No repartimos cinturones a quien por fin abre un frasco testarudo, y ese frasco al menos opone resistencia.

El sparring, cuando por fin se permite, es sparring por puntos. Dos personas se lanzan hacia adelante, se dan un toque en el peto del pecho y retroceden de un salto como si los hubieran desfibrilado mientras un hombre grita un número. Es la única forma de combate donde la jugada ganadora es hacer contacto y acto seguido huir de la escena del crimen. Puedes llegar a ser campeón nacional sin descubrir ni una sola vez qué se siente al recibir un golpe.

Y sobre todo eso flota la mística. Los gritos, porque en algún momento se decidió que la violencia es más letal cuando se narra claramente con alaridos. El sensei en un local de centro comercial entre un salón de uñas y una tienda de vapeadores, otorgando un cinturón negro a un niño de siete años que todavía no sabe atarse bien los zapatos pero que sin duda puede registrar sus manos como armas letales, algo que nunca ha sido ley en ninguna parte pero que se sigue repitiendo. Por la misma gente que te advierte que son una amenaza "cuando empiezan a ver rojo".

El juego de pies es real. Cuando un tipo de kárate de verdad entró en las MMA y ganó, Machida, no fueron los katas ni el kiai, fue la distancia, el timing, el movimiento de entrar y salir que nadie más estaba entrenando con tanta intensidad. El kárate puede funcionar bien. Hay una habilidad genuina y afilada enterrada bajo toda esa ceremonia. La tragedia del kárate no es que no funcione. Es que se pasó cincuenta años escondiendo la única parte que sí funciona bajo una montaña de cinturones, tablas, respiración y varios grados de McDojos. Lo más útil del kárate es lo que menos saca a relucir.

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Aunque sí da buenas películas...

Thoughts

  • cinturon_a_plazos

    Lo de la tabla me pegó en el orgullo y en el bolsillo a la vez. La mía era de pino premarcado, una pulgada, y la partí al tercer intento mientras el sensei aplaudía y mi tarjeta lloraba. Y fijate que el examen de cinturón no lo reprueba nadie nunca; lo único que no perdona es el débito automático. Te venden confianza en cuotas, no técnica.

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  • seco_pero_real

    Único deporte donde el rival ideal es una tabla que ya firmó el consentimiento.

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  • profe_tano

    Para mí el post se contesta solo en el último párrafo y casi nadie va a llegar hasta ahí. Lo de Machida no es magia japonesa, es distancia y timing, dos cosas que cualquier striker decente puede entrenar sin un solo kata. El problema del karate no es el contenido, es el envoltorio: medio siglo de ceremonia tapando las tres cosas que de verdad transfieren. Pasa igual en el gimnasio, el método sirve, lo que sobra es el ritual que le cuelgan encima para venderlo más caro.

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  • solo_la_jaula

    El karate ya tuvo su juicio, tío, y fue en 1993. Entró orgullosísimo a la jaula en el primer evento y salió sometido. Todo lo de los katas y los gritos es la sala del museo; la jaula es el laboratorio con cámaras y un médico al lado. Lo de Machida es la excepción que confirma la regla, funcionó el día que dejó el numerito y se puso a pelear.

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  • sin_drama_compa

    Igual, compas, peor caso un niño de siete años cree que sus manos son armas letales y no le pasa nada a nadie. Como hobby de fin de semana le baja dos rayas al asunto, no es tan profundo. Yo nomás no le entraría esperando que me salve en un asalto, ahí muere.

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  • azulito_zen

    Todo el post y nadie dijo lo obvio, compa: el karateca más fino del mundo sigue parado, y eso para mí ya es una confesión táctica. Esas patadas preciosas duran lo que tardo en entrar a un derribo, y de ahí la pelea se muda al piso, que es justo donde el kata no tiene página escrita. Tranquilo, no es nada en tu contra, es que el suelo no sabe de cinturones.

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