Dicen que hay que esperar a que alguien llegue,
que la dicha se encuentra en manos de otro;
pero el tiempo de espera solo consigue
que el alma se rinda, poco a poco.
Una verdadera princesa jamás espera,
no mira al horizonte buscando un caballero.
Ella misma se forja la armadura entera
y camina valiente por su propio sendero.
¿Hace falta un hombre para ser feliz?
Ese cuento es ceniza de un tiempo pasado.
Ya no vivimos bajo ese viejo matiz
de mujeres con el destino encadenado.
Lucharon otras por darnos el nombre,
por ser capaces, por vivir sin permiso;
no te hace más ni te hace menos un hombre,
ni su llegada es el fin de tu compromiso.
Si amas, que sea por libre elección,
y si pierdes, recuerda que la vida es un juego.
Nadie es perdedora en esta función,
mientras mantengas encendido tu fuego.
Y si el cielo se nubla y el clima es fatal,
no eres un lucero que se apaga en la sombra;
aquí estamos todas para el paso final,
para sacar el arcoíris que el tesoro nombra.
Quien se dio cuenta tarde de lo que perdió,
que mire de lejos cómo logras brillar.
Porque la corona que el alma te dio,
nadie en la tierra te la puede quitar.
Escrito por: @gxnnx_01