A veces la paz es dejar morir el silencio
y aceptar que donde nada nace, no se insiste.
Madurar es entender que no van a cambiar.
Que las personas tienen tiempo para lo que quieren
y que tu deber no es esperar, sino proteger tu alma.
Por mucho amor que entregues,
si no quiere ser contigo, nada se mueve.
Un día celebras que hablaron para arreglarlo
y al otro lloras porque demostró lo de siempre:
que no va a cambiar por ti.
Una mujer no se va porque exista alguien más;
se va porque se cansó de perdonar,
de rogar lo que debía fluir
y de aceptar migajas de un amor no correspondido.
Nunca cambió. Solo hizo promesas vacías.
Y no le dolía verte sufrir;
se arrepintió solo cuando vio que te perdía.
Ese discurso perfecto también fue manipulación:
palabras que te atan,
mientras los hechos te sueltan.
Escrito por: @gxnnx_01