EL CAFÉ
Todas las mañanas un café bien cargado sabe a libertad...
todas las mañanas un café bien cargado sabe a...
todas las mañanas un café bien cargado ...
El escritor carrraspeó. Y siguió:
todas las mañanas un café bien...
todas las mañanas un café...
De pronto se detuvo y se miró tomando ese café que le sabía a libertad. Lo desgustó. Aspiró profundo y luego exhaló como si la relajación le viniera de cada pulmón. De hecho quiso hacer caso omiso del sabor más amargo que esta vez le sabía su bebida favorita.
Continuó escribiendo:
todas las mañanas un...
todas las mañanas...
Aquel estraño sabor le hizo toser. Se agarró la garganta.
todas las... ─quiso escribir pero ya no pudo.
Cayó de su silla sujetándose la garganta.
El estrenduoso golpe hizo voltear a los pocos comensales que estaban en la cafetería
El empleado se acercó. Lo tocó. Sólo quería ceriorarse.
El escritor balbuceó por última vez...
Después se fue a ese eterno sueño llamado muerte en donde en verdad encontraría la libertad que buscaba.
Autor: Eduardo G.- García
11/06/2026