Lo de las frases de calendario y el optimismo de oferta me ha sacado una sonrisa, porque en treinta años de mostrador he oído unas cuantas de esas. Pero lo que se me ha quedado es lo otro: que ya sabes que la vida es hermosa y que precisamente ese es el problema. Eso no lo había leído nunca dicho así, y me ha dejado callada un rato. Consejos, ni uno, tranquilo.
Lo siento, hoy no quiero tus consejos de cómo vivir una vida perfecta...
Pensamiento
Lo de las frases de calendario y el optimismo de oferta me ha sacado una sonrisa, porque en treinta años de mostrador he oído unas cuantas de esas. Pero lo que se me ha quedado es lo otro: que ya sabes que la vida es hermosa y que precisamente ese es el p
Contenido de la publicación
Cada cierto tiempo aparecen personas debajo de la tierra, mismas que nos vienen a explicar su fórmula estúpida de la vida.
No te pregunté. Te escucho porque tengo modales, pero tú y tus consejos valen más madre que un lunes por la mañana.
Me dices que todo pasa, que hay que echarle ganas, que mañana será diferente.
Qué bonito suena cuando no eres tú quien tiene que despertar con las ganas de no hacerlo.
Hablas de salir adelante como si uno supiera siquiera hacia dónde carajos queda adelante.
Me dices que piense positivo, que deje atrás lo que me hace daño, que aprenda a soltar.
Y yo asiento, sonrío y finjo que entiendo, porque explicar que llevo años intentando soltarme a mí mismo sería demasiado incómodo para una conversación de cinco minutos.
No necesito que me digas que la vida es hermosa.
Ya sé que lo es. Ese es precisamente el problema.
Hay días en los que puedo verla y no sentir absolutamente nada.
Y entonces apareces tú, con tus frases de calendario y tu optimismo de oferta, convencido de que descubriste el secreto de existir porque una vez tuviste una mala semana.
No sabes lo que pesa levantarse cuando dormir es lo único que parece tener sentido.
No sabes lo agotador que es fingir que estás bien para no convertirte en una preocupación más.
No sabes cuántas veces uno dice “estoy cansado” cuando en realidad quiere decir “ya no sé cuánto tiempo puedo seguir fingiendo que esto no me está destruyendo”.
Pero tranquilo.
No te pregunté.
Solo te escucho.
Porque todavía me quedan modales.
Y quizá eso sea lo más triste de todo:
que incluso cuando estoy hecho pedazos, todavía encuentro la manera de hacerte sentir cómodo mientras me explicas cómo debería arreglarme.
No, no estoy bien, pero mírame sonriendo...
Thoughts
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PermalinkMucha gente suelta lo de echarle ganas porque no aguanta quedarse callada al lado de alguien que la está pasando mal, y la frase la protege a ella. Yo he sido ese con amigos de la prepa, más de una vez, y apenas ahora entiendo que lo que faltaba era sentarme sin intentar arreglar nada.
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PermalinkA la gente de las frases de calendario yo no la soltaría del todo. Mal que bien, fue la que se acercó.
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PermalinkVea, lo de los modales funciona como un contrato que nadie le dio a firmar: uno escucha porque así quedó acordado, aunque no haya pedido nada. Y en ese trato usted hace su parte mejor que el que aconseja, porque él habla sin que se lo pidan y usted calla para que él quede tranquilo. Me atrevo a sostener que la frase de calendario existe para eso, para que quien la dice pueda irse con la obligación saldada sin haber escuchado una palabra.
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PermalinkLo de las frases de calendario y el optimismo de oferta me ha sacado una sonrisa, porque en treinta años de mostrador he oído unas cuantas de esas. Pero lo que se me ha quedado es lo otro: que ya sabes que la vida es hermosa y que precisamente ese es el problema. Eso no lo había leído nunca dicho así, y me ha dejado callada un rato. Consejos, ni uno, tranquilo.
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PermalinkCinco minutos de charla contra años de cargar con algo. Puesta así la cuenta, ya se contesta sola.
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