¿Has perseguido tanto a alguien para luego ser rechazado?
Has descubierto el arte de no ser correspondido.
¿Has llorado en las noches pidiendo a Dios que esa persona regrese?
¿Has estado frente a un espejo, viendo como tu hermoso rostro era ahogado por las lágrimas?
¿Acaso te estás quedando en ese lugar, ese que tanto te está agotando y desgastando?
¿Sientes que fue tu culpa no haber sido elegido o elegida?
¿Sientes que jamás amarás a alguien de la misma forma?
¿Sientes esa sensación en el pecho y la idea de no continuar?
Ese es el arte de no ser correspondido. Un ciclo lleno de sufrimiento y tristeza. Como una prisión que te abruma y agobia. Pero es diferente. Algo lo diferencia de una prisión. Estamos en ella porque lo queremos así. Nadie nos obliga a ello.
Entiendo lo que estás pasando. Pero debemos soltarlo. Aveces la vida nos está mostrando que esa persona simplemente no era. Dios nos quiere decir algo, nos separa por un motivo. El motivo puede ser noble, que se lastimaban mutuamente o que alguien lo arruinó.
No importa cuál sea. Por algo ocurrió. Si fue tu culpa, somos humanos, nos equivocamos. Aveces debemos reconocerlo o darnos cuenta que no había nada que pudiéramos hacer.
El arte de no ser correspondido es duro. Pero es una lección de vida. Lecciones que se ponen ante nosotros para que seamos más fuertes.
Algo que en el futuro agradeceremos.
Quizá esa persona vuelva, que la prueba haya sido ver que tanto se aman. O quizá jamás lo haga, y está bien. Vamos a seguir, hay que caminar.
Debemos llorar.
Dejar de amar
Aveces perder
En otras ganar.
Pero algún día, una persona llegará.
Hará cambiar tu forma de pensar
Y algún día sonreirás.
Y dirás: “el arte de no ser correspondido. Me trajo en gran parte hasta aquí. Sin él jamás me hubiera hecho más fuerte.”
-Sería hipócrita no incluirme en este poema. Soy parte del arte de no ser correspondido y eso está bien. Feliz día a todos. 💗-Ink