Una pequeña libreta azul estaba tirada allí junto a la puerta. Alguien la había pasado entre el espacio de la puerta y la pared.
Aquel un adolescente la encontró al regresar de la escuela.
La levantó del piso. —¿Es de mi hermano?
La puso entre sus manos y la abrió. Las hojas ya amarillentas, gastadas.
Fue directo a su cuarto, dejó la mochila en su cama.
—No es de mi hermano. Esta letra quien sabe de quien sea.
Parecía un diario, cada hoja nueva fecha:
...06//2006.
“No te imaginas lo que es estar encerrado aquí…”
…08/2006.
“No me gusta estar aquí, pero lo hago para estar pronto contigo…”
No leyó con cuidado. Solo saltaba de una hoja a hoja.
…09/2006
“Por primera vez he usado un arma…”
…11/2006.
“Habrá que comprar una cuna…”
Después de un rato le perdió el interés.
Dejo la libreta sobre su cama, prendió su celular y un minuto después había olvidado el asunto.
Un par de horas después su hermano llegó
—¿Qué haces inútil? —Al segundo siguiente una almohada aterrizaba en la cara del primero.
Sin inmutarse. —Nada.
Su hermano dejo su pesada mochila en el piso, se acostó en su cama y encendió su celular.
Por un rato, solo una que otra risa rompía el silencio. Hasta que. —Oye ¿No tiraste una libreta en el patio?
Su hermano, puso pausa a su video. —¿Libreta?
¿De qué hablas?
El primero. —Encontré una libreta allí en el patio cuando llegué de la escuela. Pensé que era tuya.
—A ver.
El primero le lanzo con cuidado la libreta desde su cama.
Su hermano la hojeo un rato.
—No, no sé de quien sea. Pero es de un año antes que naciera. Como de un soldado por lo que leo.
A lo mejor mi mamá sabe.
El primero. Sí podría ser.
Después de eso, horas de celular y videojuegos.
Antes de que el sol se ocultara llegó la madre.
—¿Qué hacen? ¿Ya comieron?
Ambos salieron de su cuarto a recibirla.
—Hola ma. ¿Cómo te fue?
La mujer dejo su bolsa en la mesa. —Cansada como siempre. Esta semana he hecho muchas horas extras.
—Ay ma. Pues come algo.
La madre sonrío cansada. —¿Ya hicieron algo de comer?
El primer hermano. —Podemos pedir pizza.
El segundo chocó su puño discretamente con el primero.
—Esta bien ¿Ya hiciste tu tarea?
—Sí… oye si cierto, ma encontré una libreta. ¿No es tuya?
La mujer miró extrañada. —¿Libreta?
El segundo fue por ella corriendo.
—Sí estaba en el patio cuando llegue de la escuela.
Su hermano llegó a los pocos segundos. —Mira ma.
Su madre la tomó con cuidado. —Es muy vieja.
—Si ma, es de antes de que naciera.
La mujer la abrió.
Reconocío la letra sin leer nada. Apretó los labios.
Uno de sus hijos. —¿Qué paso?
—Nada solo es basura. —Y sus manos empezaron a romper una a una las hojas.