Eclipse de amor
Dicen que hay amores que nacen una sola vez,
pero yo creo que existen otros
que simplemente regresan.
Quizá por eso, cuando te vi,
sentí que no era la primera vez.
Había algo en tus ojos que reconocí,
una mirada que mi alma parecía recordar
aunque mi memoria jamás te hubiera conocido.
Fue extraño…
como encontrarte en esta vida
después de haberte perdido en otra.
Tú llegaste cuando no debías,
en el momento equivocado,
en una historia que no nos pertenecía,
y aun así, mi corazón te reconoció
como si hubiera estado esperándote durante siglos.
Nuestro amor nació en silencio,
entre miradas que decían demasiado
y palabras que nunca nos atrevíamos a pronunciar.
Era un amor prohibido,
de esos que saben que no pueden quedarse
pero tampoco saben cómo irse.
Y entonces ocurrió nuestro eclipse.
Tú eras la luna
y yo era el sol.
Por un instante,
el mundo dejó de existir
y solamente quedamos nosotros.
Dos almas ocultándose de la luz,
amándose en la sombra,
viviendo unos minutos de eternidad
que nadie más podía comprender.
No sé en qué vida te amé primero.
Tal vez fuimos amantes en otra época,
tal vez nos prometimos encontrarnos
cuando el tiempo volviera a cruzarnos.
Quizá por eso duele tanto quererte:
porque siento que no estoy empezando a amarte,
sino recordando cómo hacerlo.
Te amo con la intensidad
de quien teme perder algo
que ya perdió una vez.
Te deseo con el corazón de alguien
que esperó demasiado tiempo
para volver a encontrarte.
Y aunque sé que nuestro amor
camina por un camino imposible,
hay una parte de mí que no se arrepiente.
Porque hay personas que llegan para quedarse,
y hay otras que llegan para despertarnos.
Tú despertaste algo en mí
que estaba dormido desde otra vida.
Y si esta vida no nos permite amarnos completamente,
quizá tendremos que conformarnos
con esos pequeños instantes
en los que el mundo desaparece
y volvemos a encontrarnos.
Porque tal vez nuestro destino
no era tenernos.
Tal vez nuestro destino
era reconocernos.
Y si algún día volvemos a nacer,
en otra ciudad,
con otros nombres,
con otras historias,
con otros cuerpos…
búscame.
Yo sabré que eres tú.
Quizá solo necesitaré mirar tus ojos
para recordar este eclipse,
este amor imposible,
esta locura de encontrarnos
cuando todo parecía estar en nuestra contra.
Y entonces entenderé:
que algunas almas no se conocen por primera vez;
simplemente se vuelven a encontrar.
Y tú y yo…
quizá llevamos muchas vidas
intentando volver a casa.