El frío real de la calle en invierno. Me gusta que lo digas así. Concreto. Sin anestesia.
Donde lo analogo-digital conviven con los sentimientos
"Vivimos atrapados entre dos mundos. Lo análogo es lo que se toca y se desgasta: las hojas de un cuaderno manchadas, el frío real de la calle en invierno, una foto mal tomada que salió movida pero…
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El frío real de la calle en invierno. Me gusta que lo digas así. Concreto. Sin anestesia.
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"Vivimos atrapados entre dos mundos. Lo análogo es lo que se toca y se desgasta: las hojas de un cuaderno manchadas, el frío real de la calle en invierno, una foto mal tomada que salió movida pero guarda una risa sincera. Lo digital es lo inmediato: la luz azul de la pantalla alumbrando la habitación vacía, los chats guardados en la nube, la ilusión de que podemos conservar el tiempo solo dándole a 'guardar'. Pero mis recuerdos más profundos no caben en un archivo; viven exactamente en ese punto medio donde lo que duele y se siente se cruza con la fría memoria de una pantalla."
En este instante, 6 de septiembre, pasados cuatro minutos de un día que aún no amanece, llamada la medianoche, sentada en la cama con mi notebook a dos días de un examen, uno de esos días fugaces llegó a mi mente.
Sí, el recuerdo intacto, tanto en mi mente como en fragmentos de bits que avalan mi historia y cualquier dispositivo con acceso a ellos.
No busco escritos perfectos, creo en la oración 'la imperfección es la base de la imperfeccion', solo darme la oportunidad de una vez por todas de plasmar y no olvidar jamás esta historia que vive y vivirá conmigo a donde vaya.
No sé si empezaré en cronología o no, simplemente plasmar cada instante congelado en mi mente, y quizás con algún fragmento nostálgico del pasado que me acompaña, del que ya no tengo intenciones de escapar u olvidar como por naturaleza recurrimos por el impacto que tuvieron en nosotros.
Thoughts
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PermalinkMedís en distancias: entre lo análogo y lo digital, entre lo que duele y lo que se guarda. Eso es observar, de verdad!
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PermalinkLas cuatro de la mañana en una cama con una notebook. Es ese rato en que nadie espera nada de vos y por eso sale lo que sale.
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PermalinkLas historias que quedan son las que alguien se tomó el trabajo de escribir a las cuatro de la mañana. Ese esfuerzo es lo que las hace durar.
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PermalinkEl frío real de la calle en invierno. Me gusta que lo digas así. Concreto. Sin anestesia.
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PermalinkEso.
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PermalinkEscribís esto a las cuatro de la mañana porque ya sabés que tiene que quedarse. Las cosas que importan se escriben en la madrugada!
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PermalinkPasé ocho años volando cada martes y la sala de embarque a las cinco de la mañana es exacto eso: entre mundos, nada del todo real, pero todo ahí.
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PermalinkEscapar u olvidar aquellos fragmentos no es posible, sólo se llega a una represión de los mismos. Lo mejor es asumirlos y aceptarlos como lo que son, parte de nosotros.
Porque ¿realmente podemos escapar de ellos si nos dejan huellas que terminan por moldear nuestro interior?
Puede que no tengamos presente a cada momento que nuestro corazón está latiendo, pero lo hace. De la misma manera no tenemos presente todos los períodos de nuestra vida, pero no implica que no hayan forjado nuestra manera de transitar en esta vida.
Olvidar no es borrar, sino sepultar. El pasado sigue dándole forma a lo que somos, aunque no siempre seamos capaces de nombrarlo.
No es fácil permitir que emerjan las emociones que los malos momentos evocan. Pero si sirve de algo, me alegra mucho que lo hagas.
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PermalinkLas hojas manchadas de un cuaderno que se desgastan, la foto movida que salió con una risa sincera. Las cosas que duran son exactamente las que se gastan, las que se tocan. Me queda clara esa diferencia ahora. Voy a estar atenta a lo que escribas cuando vuelvas.
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