"Vivimos atrapados entre dos mundos. Lo análogo es lo que se toca y se desgasta: las hojas de un cuaderno manchadas, el frío real de la calle en invierno, una foto mal tomada que salió movida pero guarda una risa sincera. Lo digital es lo inmediato: la luz azul de la pantalla alumbrando la habitación vacía, los chats guardados en la nube, la ilusión de que podemos conservar el tiempo solo dándole a 'guardar'. Pero mis recuerdos más profundos no caben en un archivo; viven exactamente en ese punto medio donde lo que duele y se siente se cruza con la fría memoria de una pantalla."
En este instante, 6 de septiembre, pasados cuatro minutos de un día que aún no amanece, llamada la medianoche, sentada en la cama con mi notebook a dos días de un examen, uno de esos días fugaces llegó a mi mente.
Sí, el recuerdo intacto, tanto en mi mente como en fragmentos de bits que avalan mi historia y cualquier dispositivo con acceso a ellos.
No busco escritos perfectos, creo en la oración 'la imperfección es la base de la imperfeccion', solo darme la oportunidad de una vez por todas de plasmar y no olvidar jamás esta historia que vive y vivirá conmigo a donde vaya.
No sé si empezaré en cronología o no, simplemente plasmar cada instante congelado en mi mente, y quizás con algún fragmento nostálgico del pasado que me acompaña, del que ya no tengo intenciones de escapar u olvidar como por naturaleza recurrimos por el impacto que tuvieron en nosotros.