𝖈𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔 𝟏: 𝕬𝖑𝖒𝖆𝖘
Mi nombre es Vinder. Tengo 23 años y trabajo en una empresa mediocre que apenas puede pagarle a sus trabajadores.
Pero dirán: "¿Por qué rayos no renuncias?"
Buen punto. Quizás sea porque pagan bien... y si renuncio, probablemente me muera de hambre.
—Qué cansanciooo... Esto me pasa por aceptar horas extras, mierda... —murmuraba para mí misma mientras me dirigía a mi casa, mis pies se sentían pesados, así que prácticamente se arrastraban por el suelo.
Mi uniforme, que debía mostrar elegancia y respeto, solo reflejaba el desorden mental que ocurría en mi vida diaria.
Y mi cabello verde...
Ni hablar.
Parecía como si un pájaro hubiera decidido construir un nido ahí.
En ese mismo día, la noche avanzaba lentamente sobre aquella ciudad "tranquila", aunque para mí el tiempo parecía correr demasiado rápido.
Por fin logré llegar a mi departamento, abrí la puerta con pesadez y me quité los zapatos lentamente, que hace unos segundos sentía que aprisionaban mis pies, aun así los usaba diariamente en mi vida cotidiana. No pensé en darme una ducha ni en preparar una rica cena para comer. Nada.
Solo quería tomar un descanso, siquiera un pequeño descanso.
Al sentir las suaves sábanas cubrir ligeramente mi cuerpo, sonreí apenas un poco antes de sentir mis párpados volverse pesados cada vez más.
Y entonces... sin darme cuenta, me dormí de tanto cansancio que sentía después de una larga y agotadora jornada del día. Total... ¿Qué se esperaba de una mujer que solo quería vivir en paz en este mundo?
Después de un buen tiempo abrí los ojos con pesadez, aún somnolienta del sueño, después de lo que pareció un buen descanso de tanto trabajo físico y emocional.
Aparecí en un lugar desconocido, como si hubiera despertado en mitad de la calle.
Mi cerebro comenzó a trabajar tan rápido como cuando el director me entregaba un informe de última hora.
—¿Eh?.... ¿Dónde estoy?—
Mis ojos cansados recorrieron el lugar confundidos, era parecido a un centro comercial pero a la vez a un festival.
Era un mercado.
Un festival.
Algo normal y común, ¿cierto?
No.
No, eso no era así, creo.
Los comerciantes tenían algo muy raro, no sé si era mi vista o que pero.....no tenían rostro, o lo tenían pero borroso. Incluso tenían apariencias de maniquís, pero los compradores eran normales, poniéndome aún más confundida.
Quería levantarme, moverme, para no parecer una loca tirada en medio de la calle.
Mi maldito cuerpo se convirtió en una estatua por completo, pero ¿esto sucede cuando tienes miedo, no? me decía a mí misma, tirada en el suelo.
Después de preguntarme por qué no podía moverme, mientras la vergüenza era evidente en mi rostro, ¡¿qué pensará la gente?!, pensé para mi misma, pero al final pude moverme y me levanté lo más rápido posible.
—Rápido vinder, antes que te encuentre un colega aquí, en esta situación—
Al levantarme apenas, unos niños me empujaron mientras corrían. Pero no le tomé importancia aunque me molestó, pero ¿Qué gano gritando como loca a unos simples niños que están jugando?
Volteé hacia los comerciantes.
Ahí seguían.
Pero algo era extraño.
No lograba distinguirlos bien.
Sus cuerpos parecían cubiertos por una sombra oscura, como si alguien hubiera derramado tinta sobre ellos.
—¿Eh? creo que necesito lentes...aun así, ¿Por qué demonios estoy aquí?— suspiré, mientras miraba el cielo, donde una luna llena se asomaba.
Bajé mi mirada y miré un espejo, quise mirar mi reflejo pero...
—¡¿¿Por qué rayos tengo apariencia de una niña de 6 años?!—grité confundida, apostaba que se escuchó desde afuera de este mercado.
Miré mi reflejo y toqué mi rostro, como si lo que veía fuera una anomalía.
No importaba cuántas veces parpadeara.
Uno.
Dos.
Tres veces.
No importaba cuánto me pellizcara.
La niña del espejo seguía imitándome.
Y entonces entendí algo.
Aquello no era un sueño.
Y yo ya no era quien veía en el espejo.
𝖋𝖎𝖓 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔...