🌸 CapĂtulo 8 — Las pistas del pasado
A la mañana siguiente me desperté mucho antes de que sonara la alarma.
No sabĂa por quĂ©.
HabĂa dormido muy poco y, aun asĂ, sentĂa que mi cabeza estaba completamente despierta.
Me quedé acostada mirando el techo de mi habitación.
Todo lo que habĂa pasado durante los Ăşltimos dĂas parecĂa una pelĂcula que no dejaba de repetirse en mi cabeza.
La caja.
Las fotografĂas.
Las cartas.
El abuelo de Alaric.
Nuestros padres.
La segunda caja.
El mapa.
Y, sobre todo, aquel nombre.
Damián.
No podĂa dejar de pensar en Ă©l.
¿Quién era?
ÂżPor quĂ© aparecĂa en una fotografĂa junto a nuestros padres?
ÂżPor quĂ© mi mamá habĂa reaccionado de aquella manera cuando vio su rostro?
Y la pregunta que más me preocupaba:
ÂżPor quĂ© Alaric y yo parecĂamos haberlo conocido cuando Ă©ramos pequeños?
Me giré hacia mi mesa de noche.
AllĂ estaba el pequeño papel que Alaric me habĂa dado dĂas atrás.
Lo tomé y lo miré.
La frase seguĂa allĂ.
“Te quiero, Eli. Y voy a quererte siempre.”
SonreĂ.
Por unos segundos dejé de pensar en los misterios.
Pensé solamente en él.
En cĂłmo todo habĂa cambiado desde aquel primer dĂa en que lo vi en la escuela.
Al principio era simplemente el chico nuevo.
Después se convirtió en mi amigo.
Y ahora...
Ahora era alguien que estaba en el centro de una historia que parecĂa haber comenzado mucho antes de que nosotros siquiera pudiĂ©ramos recordarla.
Guardé el papel nuevamente.
Me levanté de la cama y me preparé para ir a la escuela.
Cuando bajĂ© a la cocina, mi mamá ya estaba allĂ.
Estaba preparando el desayuno.
—Buen dĂa —dijo.
—Buen dĂa.
Me senté.
Ella me mirĂł durante unos segundos.
—No dormiste bien.
—No.
—¿Por lo de ayer?
AsentĂ.
Mi mamá dejĂł lo que estaba haciendo y se sentĂł frente a mĂ.
—Eli...
—¿S�
—Sé que tenés muchas preguntas.
—SĂ. Muchas.
—Y entiendo que quieras respuestas.
—Quiero saber quién era Damián.
Mi mamá bajó la mirada.
—Lo imaginé.
—¿Por quĂ© no me dijiste antes que lo conocĂas?
—Porque pensé que esa parte del pasado nunca iba a volver.
—Pero volvió.
Mi mamá suspiró.
—SĂ.
—¿Quién era realmente?
Ella se quedĂł callada.
—Era amigo de tu abuelo —dijo finalmente—. Durante muchos años estuvieron muy unidos.
—¿Y qué pasó?
—No lo sé todo.
—¿Pero sabés algo?
—Sé que hubo un problema.
—¿Qué problema?
Mi mamá dudó.
—Un problema relacionado con las familias.
Me quedé mirándola.
—¿El mismo problema por el que nuestras familias dejaron de hablarse?
—En parte.
—¿Y qué tiene que ver Damián?
Mi mamá respiró profundamente.
—Eso es justamente lo que no sé.
Me quedé en silencio.
—Pero hay algo más —dijo.
Levanté la mirada.
—¿Qué?
—Tu abuelo confiaba mucho en Damián.
—¿Más que en los demás?
—SĂ.
—Entonces, ¿por qué desapareció?
Mi mamá negó lentamente con la cabeza.
—No desapareció literalmente. Simplemente se alejó de todos.
—¿Y nunca volvieron a verlo?
—No.
—¿Nunca?
—Nunca.
PensĂ© en la fotografĂa.
—Pero aparece ahĂ.
—SĂ.
—Entonces esa foto fue tomada antes de que se alejara.
—Exactamente.
Me quedé pensando.
Entonces recordé algo.
—Mamá...
—¿S�
—En la fotografĂa habĂa una estrella.
Mi mamá me miró.
—¿Una estrella?
—SĂ.
Su expresiĂłn cambiĂł.
—¿La misma estrella?
—¿La conocés?
Mi mamá tardó unos segundos en responder.
—SĂ.
SentĂ un escalofrĂo.
—¿Qué significa?
—No estoy segura.
—Mamá...
—Eli, de verdad. No sé qué significa exactamente.
—Pero la conocés.
—SĂ.
—¿Y por qué?
Mi mamá suspiró.
—Porque tu abuelo la usaba como sĂmbolo.
—¿De qué?
—De las cosas que querĂa proteger.
Me quedé completamente quieta.
—¿Proteger?
—SĂ.
—¿A quién?
Mi mamá me miró.
Y por la forma en que lo hizo, supe que la respuesta tenĂa algo que ver conmigo.
—A ustedes.
SentĂ un nudo en la garganta.
—¿A Alaric y a m�
Mi mamá asintió.
—SĂ.
No supe qué decir.
Miré el reloj.
Ya era tarde.
—Tengo que irme.
—Eli.
Me levanté.
—¿S�
—Tené cuidado.
—¿Con qué?
—Con lo que encuentres.
Me quedé mirándola.
—¿Por quĂ© me decĂs eso?
—Porque algunas respuestas pueden cambiar la manera en que vemos el pasado.
No respondĂ.
AgarrĂ© mi mochila y salĂ.
Pero sus palabras se quedaron conmigo durante todo el camino.
Cuando llegué a la escuela, Milagros estaba esperándome.
Apenas me vio, corriĂł hacia mĂ.
—¡Eli!
—¿Qué pasó?
—¿Qué pasó ayer?
—¿Por qué?
—Porque desapareciste con Alaric.
—No desaparecĂ.
—Para mĂ sĂ.
Yulia apareció detrás de ella.
—Nos dejaste con demasiadas preguntas.
Juana también se acercó.
—Y no me digas que no pasó nada.
Ian llegó unos segundos después.
—Yo también quiero saber.
Los miré a todos.
—Está bien.
Milagros sonriĂł.
—SabĂa que ibas a contarnos.
—Encontramos otra caja.
Todos se quedaron en silencio.
—¿Otra? —preguntó Ian.
—SĂ.
—¿Dónde?
—En el parque.
Yulia abriĂł los ojos.
—¿Y quĂ© habĂa adentro?
—Una fotografĂa, un mapa, unas pulseras y una carta.
—¿Una carta? —preguntó Juana.
AsentĂ.
—Y un nombre.
—¿Cuál?
Miré alrededor antes de responder.
—Damián.
Milagros frunció el ceño.
—¿Quién es Damián?
—No lo sabemos exactamente.
—¿Y por qué es importante?
—Porque aparece en una fotografĂa con nuestros padres.
Todos se quedaron pensativos.
—Eso es raro —dijo Ian.
—MuchĂsimo.
Yulia me mirĂł.
—¿Y qué dice el mapa?
—TodavĂa no sabemos.
—¿Cómo que no saben?
—Tiene tres lugares marcados.
—¿Cuáles?
—La escuela.
—Ese es uno.
—El parque.
—Dos.
—Y un tercer lugar que ninguno de los dos reconoce.
Milagros cruzĂł los brazos.
—Entonces hay que descubrirlo.
—Eso pensamos.
—¿Y cuándo?
—Hoy.
Juana sonriĂł.
—Esto parece una investigación.
—No exageres.
—¡No estoy exagerando!
Ian se rio.
—Un poco sĂ.
Milagros me mirĂł.
—¿Alaric sabe que nos contaste?
—SĂ.
—Entonces supongo que nosotros también estamos involucrados.
—No sé.
—Eli.
—¿Qué?
—Somos tus amigos.
SonreĂ.
—Lo sé.
Milagros me abrazó rápidamente.
—Entonces estamos juntos en esto.
Me reĂ.
—Está bien.
—¡Perfecto!
Yulia levantĂł una mano.
—Pero hay una condición.
—¿Cuál?
—Nada de hacer cosas peligrosas.
—Obviamente.
Juana asintiĂł.
—Y si encontramos algo raro, se lo mostramos a un adulto.
—SĂ.
Ian levantĂł una ceja.
—¿Entonces tenemos un equipo?
Milagros sonriĂł.
—Tenemos un equipo.
Todos nos miramos.
Por alguna razĂłn, sentĂ que algo importante estaba comenzando.
La mañana pasó lentamente.
Durante las clases, intenté concentrarme.
Pero era imposible.
Cada vez que miraba hacia Alaric, Ă©l parecĂa estar pensando exactamente en lo mismo.
En una de las clases, la profesora nos pidió que trabajáramos en parejas.
Milagros inmediatamente me mirĂł.
—Vos ya sabés con quién vas.
—Milagros...
—¿Qué?
—No empieces.
Ella se rio.
Alaric se acercĂł.
—¿Trabajamos juntos?
—SĂ.
Nos sentamos uno al lado del otro.
Intentamos hacer el trabajo.
De verdad.
Pero después de unos minutos, Alaric escribió algo en una hoja y me la pasó.
“Tenemos que hablar.”
Lo miré.
EscribĂ debajo:
“¿Sobre el mapa?”
Él respondió:
“Sobre Damián.”
Levanté la mirada.
Alaric estaba serio.
Esperé hasta que la profesora se alejara.
—¿Qué pasa?
—Anoche recordé algo.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
—¿Qué?
—DespuĂ©s de hablar con vos, me quedĂ© pensando en la fotografĂa.
—¿Y?
—Creo que recuerdo su voz.
Me quedé quieta.
—¿La voz de Damián?
AsintiĂł.
—Creo que sĂ.
—¿QuĂ© decĂa?
Alaric cerrĂł los ojos por unos segundos.
—No estoy seguro.
—Intentá.
—Era algo como...
Se quedĂł pensando.
—“No olviden la estrella.”
Lo miré.
—¿Eso es todo?
—Creo.
—¿Y qué significa?
—No sé.
—¿Recordás dónde estaban?
—En un parque.
—¿Este parque?
—Creo que sĂ.
Me quedé pensando.
—Entonces la estrella era importante incluso cuando éramos pequeños.
—SĂ.
—¿Y la caja?
—También.
Alaric me mirĂł.
—Creo que Damián querĂa que nosotros encontráramos algo.
—¿Pero qué?
—No lo sé.
Antes de que pudiéramos continuar, la profesora se acercó.
—¿Todo bien?
—Sà —respondimos al mismo tiempo.
La profesora sonriĂł y siguiĂł caminando.
Alaric se rio bajito.
—Casi nos descubre.
—SĂ.
—Después de clases, vamos al lugar del mapa.
—SĂ.
—Pero antes quiero enseñarte algo.
—¿Otra cosa?
—SĂ.
—¿Qué?
—Una pulsera.
—¿La de la caja?
—SĂ.
—¿Qué tiene?
—La mĂa tiene una estrella.
—¿Y la otra?
—Tiene la misma estrella.
Lo miré sorprendida.
—¿Dos pulseras con el mismo sĂmbolo?
—Exactamente.
—Entonces eran nuestras.
—Eso creo.
Cuando llegĂł el recreo, nos reunimos todos.
Milagros estaba comiendo mientras hablaba.
—Entonces tenemos dos pulseras, una fotografĂa, una carta y un mapa.
Ian asintiĂł.
—Y un misterio.
—Un misterio enorme —agregó Yulia.
Juana levantĂł la mano.
—Tengo una teorĂa.
Todos la miramos.
—¿Cuál?
—Damián sabĂa que nuestras familias iban a separarse.
—¿Por qué?
—Porque dejó las cosas preparadas.
—Eso no significa que supiera que iban a separarse —dijo Ian.
—Entonces, ¿por qué las dejó?
Nadie respondiĂł.
Yo miré a Alaric.
Él estaba mirando la pulsera.
—Quizás las pulseras eran para nosotros —dijo.
—¿Por qué?
—Porque tienen la estrella.
Milagros sonriĂł.
—Entonces son como una especie de señal.
—Puede ser.
Yulia se quedĂł pensando.
—¿Y si el tercer lugar del mapa tiene algo que ver con Damián?
—Eso es lo que vamos a averiguar.
Juana mirĂł el mapa.
—¿Podemos verlo?
Alaric lo sacĂł.
Lo extendimos sobre una mesa.
Todos lo observaron.
El mapa era bastante antiguo.
TenĂa lĂneas hechas a mano.
HabĂa una estrella junto a la escuela.
Otra junto al parque.
Y una tercera marca en un lugar que no reconocĂamos.
Ian sacĂł su celular.
—Podemos buscar el lugar.
—¿Cómo?
—Comparando las calles.
Todos nos acercamos.
Después de unos minutos, Ian levantó la cabeza.
—Creo que sé dónde está.
—¿Dónde?
—Una biblioteca vieja.
—¿Una biblioteca?
—SĂ.
—¿Estás seguro?
—Casi.
Miré a Alaric.
—Entonces tenemos que ir.
—SĂ.
Después de clases nos encontramos nuevamente.
Esta vez éramos los cinco.
Milagros.
Yulia.
Juana.
Ian.
Y yo.
Alaric estaba esperándonos afuera.
—¿Listos?
—Sà —respondimos.
Comenzamos a caminar.
Durante el camino, Milagros no dejaba de hacer preguntas.
—¿Qué creen que haya en la biblioteca?
—No sé —dije.
—¿Otra caja?
—Puede ser.
—¿Otra carta?
—También.
—¿Damián?
—Milagros...
—Bueno, habĂa que preguntar.
Todos nos reĂmos.
Pero cuando llegamos a la biblioteca, la sensaciĂłn cambiĂł.
Era un edificio antiguo.
TenĂa ventanas grandes y una puerta de madera.
Miré el mapa.
La estrella estaba allĂ.
—Es este lugar.
Alaric asintiĂł.
Entramos.
El lugar estaba casi vacĂo.
HabĂa estanterĂas enormes llenas de libros.
Una señora estaba detrás del mostrador.
Nos acercamos.
—Disculpe.
La mujer levantĂł la mirada.
—¿S�
—Estamos buscando información sobre una persona.
—¿Quién?
Alaric sacĂł la fotografĂa.
La mujer la mirĂł.
Y se quedĂł completamente quieta.
—¿Dónde encontraron esto?
Nos miramos.
—En una caja —respondĂ.
La mujer volviĂł a mirar la fotografĂa.
—¿Quién les dio esto?
—No sabemos.
—¿Cómo que no saben?
—Estamos intentando descubrirlo.
La mujer guardĂł silencio.
Después preguntó:
—¿Buscan a Damián?
SentĂ un escalofrĂo.
—SĂ.
La mujer respirĂł profundamente.
—Entonces llegaron al lugar correcto.
Nos miramos todos.
—¿Usted lo conocĂa? —preguntĂł Alaric.
—SĂ.
—¿Quién era?
La mujer mirĂł hacia las estanterĂas.
—Un hombre que pasó muchos años buscando una respuesta.
—¿Qué respuesta?
—La respuesta sobre lo que ocurrió entre dos familias.
Mi corazón comenzó a latir rápidamente.
—¿Nuestras familias?
La mujer asintiĂł.
—SĂ.
Alaric se acercĂł.
—¿Y qué descubrió?
La mujer dudĂł.
—No puedo contarles todo.
—¿Por qué?
—Porque prometà no hacerlo.
—¿A quién?
—A Damián.
Nos quedamos en silencio.
Entonces la mujer señalĂł una estanterĂa.
—Pero hay algo que sà puedo mostrarles.
Fuimos detrás de ella.
Caminamos por un pasillo largo.
Hasta que se detuvo frente a un estante.
SacĂł un libro.
Era antiguo.
En la tapa tenĂa una estrella.
Mi corazĂłn dio un salto.
—¿Qué es eso?
—Un libro que Damián dejó aquà hace muchos años.
—¿Y qué contiene?
—No lo sé.
—¿Nunca lo abrió?
—No.
—¿Por qué?
—Porque Ă©l dijo que solamente debĂa abrirse si algĂşn dĂa aparecĂan dos personas buscando respuestas.
Alaric y yo nos miramos.
La mujer puso el libro en nuestras manos.
—Creo que esas personas son ustedes.
AbrĂ el libro lentamente.
Dentro habĂa fotografĂas.
Cartas.
Fechas.
Nombres.
Y una última página.
En ella habĂa una frase.
La leĂ en voz alta:
—“La verdad no está en lo que pasó, sino en lo que alguien intentó impedir que pasara.”
Nadie dijo nada.
Debajo de la frase habĂa otra estrella.
Y debajo de la estrella...
Un nombre.
Damián.
Pero habĂa algo más.
Una fecha.
Una fecha que todavĂa no habĂa ocurrido.
Me quedé helada.
—Alaric...
Él miró la página.
—Eso no puede ser.
—¿Por qué?
—Porque esa fecha es dentro de tres dĂas.
Nos miramos.
La mujer tambiĂ©n parecĂa sorprendida.
—Entonces...
—¿Qué? —preguntó Milagros.
Alaric señaló la página.
—Damián dejó esto hace años.
—SĂ.
—Pero escribió una fecha del futuro.
Nadie sabĂa quĂ© decir.
Yo sentĂ que una mezcla de miedo y curiosidad recorrĂa todo mi cuerpo.
Tomé el libro con cuidado.
Y entonces vi algo escrito en la Ăşltima lĂnea.
Una frase que hizo que mi corazĂłn se detuviera por un instante.
“Cuando llegue el dĂa, vuelvan al lugar donde todo comenzĂł.”
Miré a Alaric.
—El parque.
Él asintió.
—El parque.
Cuando salimos de la biblioteca, ya estaba oscureciendo.
Nadie hablaba.
Todos estábamos intentando comprender lo que acabábamos de descubrir.
Milagros fue la primera en romper el silencio.
—Bueno...
—¿S�
—Creo que oficialmente esto dejó de ser una simple historia familiar.
Ian asintiĂł.
—SĂ.
Yulia mirĂł el libro.
—¿QuĂ© creen que va a pasar dentro de tres dĂas?
Juana negĂł con la cabeza.
—No lo sé.
Alaric me mirĂł.
—Pero vamos a descubrirlo.
Yo asentĂ.
—Juntos.
Guardamos el libro.
Empezamos a caminar hacia nuestras casas.
Pero antes de separarnos, Milagros se acercĂł a mĂ.
—Eli.
—¿Qué?
—Pase lo que pase, no lo hagas sola.
SonreĂ.
—No lo voy a hacer.
Ella me abrazĂł.
—Bien.
Después se fue.
Me quedé con Alaric.
Por unos segundos ninguno hablĂł.
Finalmente, él dijo:
—¿Estás asustada?
Pensé un momento.
—Un poco.
—Yo también.
—Pero quiero saber la verdad.
—Yo también.
—Entonces tenemos que volver al parque.
—Dentro de tres dĂas.
AsentĂ.
Alaric sacĂł la pulsera.
La mirĂł.
Después me la entregó.
—Creo que es tuya.
—¿Estás seguro?
—SĂ.
La tomé.
La estrella brillaba ligeramente bajo la luz de una farola.
Me la puse.
Alaric sonriĂł.
—Ahora tiene sentido.
—¿Qué?
—La estrella.
—¿Por qué?
—Porque siempre estuvo ahĂ.
Miré la pulsera.
Y por primera vez entendĂ que quizá aquella historia no habĂa comenzado cuando Alaric llegĂł a mi escuela.
Ni cuando encontramos la primera caja.
Ni siquiera cuando éramos pequeños.
Quizás habĂa comenzado mucho antes.
Con nuestros abuelos.
Con nuestras familias.
Con Damián.
Y con una promesa que alguien habĂa intentado proteger durante años.
Miré a Alaric.
—Nos vemos mañana.
—Nos vemos, Eli.
Nos despedimos.
Mientras caminaba hacia mi casa, miré la pulsera una vez más.
La estrella seguĂa allĂ.
Pequeña.
Simple.
Pero ahora sabĂa que escondĂa algo.
Algo que todavĂa no entendĂamos.
Algo que iba a llevarnos directamente hacia una verdad que habĂa permanecido oculta durante años.
Y, aunque todavĂa no sabĂa quĂ© iba a ocurrir dentro de tres dĂas...
HabĂa algo que sĂ sabĂa.
No iba a enfrentar aquello sola.
Porque esta vez tenĂa a mis amigos.
TenĂa a Alaric.
Y, sobre todo, tenĂa todas las pistas que habĂan quedado escondidas en el pasado.
Solo faltaba unirlas.
Y descubrir quĂ© habĂa querido decir Damián cuando escribiĂł aquella frase.
“Cuando llegue el dĂa, vuelvan al lugar donde todo comenzĂł.”
El problema era que ninguno de nosotros sabĂa todavĂa...
quĂ© iba a ocurrir cuando llegara ese dĂa.