Quiero responda con la verdad y sólo la verdad.
- Ya se lo he dicho mil veces, pero no lo entiende.
* ¡Usted está mintiendo!
Golpeó tan fuerte la mesa, que el vaso de agua que se hallaba ahí cayó al suelo.
Miré al lugar del impacto y luego al detective.
- Se lo juro por todo lo que tengo, sólo pasé por ahí, no participé en la escena del crimen.
* Es usted un mentiroso. Estaba parado justo al lado ¡¡Justo al lado!!.
Nos quedamos mirándonos hasta que se alejó.
Sacó de un cajón una máquina y un casco y regresó.
* Póngase esto en la cabeza.
El casco tenía un logo desconocido: K&V
- ¿Para qué?
* ¡Sólo póngaselo!
Me lo puse, desconfiado.
- ¿Y ahora...?
* Lo que usted tiene puesto es un detector de mentiras.
- Oh... ¿Y ahora...?
* ¡Hable! Ahora sí le voy a creer.
- Bueno...
Empecé a narrar, cosa por cosa, palabra por palabra, de todo lo acontecido.
Al terminar, el detective se sentó con calma,
puso la maquinita en la mesa y presionó un botón del aparato que tenía.
Y en letras rojas salió la palabra: MENTIRA
- ¡Esa cosa está rota!¡Esa cos...!
El tipo se levantó y agarró el cuello de mi polo y con fuerza me jaló.
* ¡Cállate!¡Tú eres culpable!¡Sabía que ocultabas algo!
Él se sentó de nuevo con una sonrisa malévola.
- ¿Qué? ¡Está equivocado! Esa máquina no es de fiar.
* Confío más en la máquina que en usted.
Realmente no había otra opción.
Iba a culparme por algo que no había hecho.
Seguro los culpables ya estarán escapando del país.
Si le decía la verdad, rompía la promesa...
* Entonces, al final, todo lo que dijo era mentira. Es usted el culpable. Todo lo que diga será usado en su contra.
- Bien.
El tipo al escucharme quedó perplejo.
* ¿Bien?
- Sí, bien. Supongo que estaré encerrado un par de días simplemente por ser sospechoso, nada más. Luego me sacarán.
* ¿Estás siendo coherente con lo que dice?
- ¿Cree que yo maté a toda esa gente solo y, peor aún, con mis propias manos?
* Puede haber utilizado ayuda. Fue el único que...
- Sí, el único que se quedó. Sí, lo sé. Pero no fui yo:
Pasaba por ahí. Unos maleantes iban a matarme cuando llegaron al lugar.
Ellos deben ser los culpables, no yo. Llevaban pistolas y bombas.
No se lo quise decir porque me perdonaron la vida, por, simplemente,
llevar el apellido del "líder". Me hicieron prometer que no le contaría a nadie.
Ya es tarde para ir a capturarlos. Seguro habrán ido al extranjero.
Hubo un silencio prolongado.
* ¿Y cree que yo le voy a creer?
La maquinita parpadeó:
VERDAD
El detective agarró la máquina y con todas sus fuerzas la lanzó al suelo. Se rajó la pantalla.
* ¿Cree que confío en las máquinas? Por favor...
- Usted dijo lo contrario hace un par de minutos.
* ¡Cállese!, no tiene derecho a hablar...
- Es suficiente. Yo no le he hecho nada. Solo busca echarme la culpa.
¿Sabe? ¡Lo voy a denunciar por esto!.
* ¿A mí? ¿Usted sabe que acusar a alguien sin pruebas es un delito?
- Entonces usted ya va cometiendo ese delito muchas veces.
Se nota, y desde lejos, que consiguió el trabajo hace poco.
* ¡¿Con qué derecho lo dice?!
- Con el mismo derecho con el que le digo que usted es un bueno para nada.
La maquinita emitió un sonido desde el suelo.
Ambos miramos el punto en donde estaba:
Al costado del charquito de agua, el detector, con letras grandes y brillantes, seguía con la misma palabra verde:
VERDAD.