Diez monedas de oro una vez valio,
pues en sangre y martirio este baldio nacio.
primero fue un padre el cual su espalda quebro,
y despues el hijo sus manos arrastro,
y con el nieto eventualmente el lugar se forjo.
cien monedas dicen que llego a valer,
otros dicen que mil quedaba corto a su parecer,
y al final unos nombraron a aquel lugar el mas valioso del amanecer.
los siervos con el tiempo llegaron,
a arar el campo se dedicaron.
los guardias para custodiar se formaron,
y sin juicio alguno detenian a los de corazon osado.
las murallas se alzaron,
y quien era yo para cuestionar lo que mis ancestros trazaron.
Entonces llego la esposa amada,
y la vida se saboreo cual dulce melada.
Alegria trajeron los niños,
cual sanos y verdes pinos abriendose paso en los verdes caminos.
Donde no hubo nada,
ahora solo reinaba la calma.
asi que dime tonta vida, porque te ensañaste con mi mas querida.
¡Porque en los salones abiertos al cielo!
...ahora no hay mas que silencio.
!Porque donde antes reinaba el jubilo de mis ancestros!.
ahora solo permanecen los restos...
Pongo valor a todas las cosas,
pues que hay de malo en amar hasta las rosas.
entonces porque si soy poseedor de todas las glorias,
me siento tan vacio sin mi noria.
Conoci a un hombre de muchos talentos,
dice que puede reescribir hasta el mas putrido destinos,
y que su poder no tiene par en los cuatro vientos.
Con aquel hombre hable y su precio pregunte,
Oh, gran señor diga cual es el precio por alguien como su ser,
pues mi reino esta garantizado para cubrir lo que desee su menester,
pero al final quien podia negociar con tal poder,
pues no soy nadie ante la muerte de todo ser.
Oh gran familia, ahora vivo en un castillo rodeado de enfermedad,
y ninguno de ustedes estara para velar por mi seguridad.
¿Cuanto puede valer un reino para un hombre como yo?,
si me han forzado a cavarlo hasta un hoyo,
quizas en algun momento estos muros den paso a un arroyo,
lleno de corazones que no busquen el foso,
pero para esta vida mia, este reino ya no vale ni un hilo de plomo.
Oh familia mia, a la cual trate como piedra sin lustro,
perdonme por solo haber tenido en mi mente el oro mas puro.