Te leí entero. Lo de que te preguntan cómo estás y decís que bien porque ya no sabés cómo explicarlo me quedó dando vueltas. Yo pregunto eso veinte veces por noche en la garita y casi siempre me contestan lo mismo. Después de leerte no lo voy a escuchar igual.
Cuando vuelves a mi cabeza
No sé qué hago
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Pensamiento
Te leí entero. Lo de que te preguntan cómo estás y decís que bien porque ya no sabés cómo explicarlo me quedó dando vueltas. Yo pregunto eso veinte veces por noche en la garita y casi siempre me contestan lo mismo. Después de leerte no lo voy a escuchar i
Contenido de la publicación
No sé qué hago
cuando vuelves a mi cabeza.
No sé qué parte de mí te llama
ni por qué tu recuerdo todavía encuentra la forma
de entrar en los días que intento construir sin ti.
A veces apareces sin aviso.
En una canción.
En una calle.
En una hora específica de la noche.
En una frase que alguien dice sin saber
que acaba de abrir una puerta que yo llevaba meses intentando cerrar.
Y entonces vuelves.
No como eras.
No exactamente.
Vuelves como una mezcla de recuerdos
que ya no puedo separar de lo que imaginé.
Vuelves con tu voz.
Con tus gestos.
Con la forma en que me mirabas.
Con todo lo que fuimos
y con todo lo que pensé que todavía podíamos ser.
Quizás la partida de este amor
no te esté afectando tanto como a mí.
Quizás para ti fue una decisión necesaria.
Quizás pudiste continuar
sin mirar demasiado hacia atrás.
Pero todavía duele.
Duele aceptar que algo que para mí era una vida entera
para ti pudo convertirse en una etapa.
Duele pensar que mientras yo sigo intentando entender el final
tú quizás ya aprendiste a vivir sin preguntarte por qué terminó.
Y me siento un inútil
aferrándome a algo
que terminó hace meses.
Me siento ridículo por seguir esperando señales
en lugares donde ya no queda nada.
Por revisar recuerdos que debería guardar.
Por volver a conversaciones antiguas
como si en alguna palabra pudiera encontrar una explicación
que me devuelva la calma.
Yo te proyecté como el amor de mi vida.
De mi vida entera.
No como una historia pasajera.
No como alguien que estaría conmigo
hasta que las cosas se volvieran difíciles.
Te imaginé en mis días futuros.
En mis planes.
En mis decisiones.
En las versiones de mí que todavía no existían.
Te imaginé como una presencia permanente.
Como alguien que iba a conocer mis cambios
y aun así iba a quedarse.
Como alguien que iba a verme crecer
sin que eso significara tener que perderte.
Te imaginé para la eternidad.
Y lamentablemente
así no será.
No serás para toda mi vida.
Tal vez serás una parte de ella.
Una parte enorme.
Una parte que dejó marcas profundas
y que todavía no sé cómo mirar sin sentir que algo se rompe.
Pero no serás para toda mi vida.
Quizás ahora seas de alguien más.
Quizás alguien más conozca tus nuevas costumbres.
Quizás alguien más reciba tus mensajes
y escuche las palabras que alguna vez fueron solo nuestras.
Mientras tanto
yo caí.
Y caí muy bajo.
No busqué a nadie.
No estoy con nadie.
No porque no exista la posibilidad
sino porque todavía no sé cómo acercarme a otra persona
sin sentir que estoy traicionando lo que fui contigo.
No sé cómo mirar a alguien nuevo
sin compararlo con tu recuerdo.
No sé cómo permitir que alguien me conozca
cuando todavía hay partes de mí
que siguen viviendo en la historia que tuvimos.
Caí tan bajo
que ya no sé cómo expresar el amor
que siento por la gente que tengo cerca.
Los quiero.
Sé que los quiero.
Pero algo dentro de mí se quedó inmóvil.
Como si mis emociones hubieran quedado atrapadas
en el momento exacto en que te fuiste.
Me hablan
y respondo.
Me abrazan
y permanezco quieto.
Me preguntan cómo estoy
y digo que bien
porque ya no sé cómo explicar
que estar vivo no siempre significa sentirse presente.
Quedé en shock.
Con una sensación de vacío
que no se parece solamente a la tristeza.
Es algo más profundo.
Más silencioso.
Más difícil de nombrar.
Es despertar y no reconocer del todo el día.
Es mirar mi propia vida desde lejos
como si le estuviera ocurriendo a otra persona.
Es saber que debería sentir alegría
y no encontrarla.
Saber que debería llorar
y no poder hacerlo.
Me pregunto
si todavía puedo sentir algo por alguien.
Me pregunto si mi corazón se cansó.
Si se protegió de tal manera
que ahora ya no sabe cómo abrirse.
Si todo lo que sentía por ti fue tan grande
que después de perderlo
no quedó espacio para nada más.
Y me asusta pensar
que quizás era contigo
o con nadie más.
Ya no sabes nada de mi vida
y yo tampoco sé nada de la tuya.
No sé qué haces al despertar.
No sé qué cosas te preocupan.
No sé si todavía escuchas las canciones que compartimos.
No sé si alguna vez pasas por un lugar
y recuerdas que estuvimos ahí.
No sé si me recuerdas.
Y aunque suene extraño
eso me tranquiliza un poco.
Porque así no tengo que romperme la cabeza
pensando en tus actos.
En por qué haces lo que haces.
En qué estarás sintiendo.
En si alguna vez te arrepientes.
En si alguna vez te preguntas
qué habría pasado si hubiéramos intentado quedarnos.
La distancia también puede ser una forma de descanso.
No porque deje de doler
sino porque me permite dejar de inventar respuestas
para preguntas que ya no puedo hacerte.
Yo me destruí
por la decisión de dejarnos.
Sabía que era lo mejor para mí.
Lo sabía incluso cuando no quería aceptarlo.
Lo sabía en las noches en que deseaba volver.
Lo sabía cuando mi cuerpo pedía buscarte
aunque mi mente entendiera
que regresar no iba a devolvernos lo que habíamos sido.
Pero entonces…
¿por qué era lo mejor?
Si ahora estoy peor.
Estoy medicado.
Estoy perdido.
Sin estabilidad emocional.
Sin aquella figura que alguna vez estuvo ahí.
Perdí amigos.
Bajé de peso.
Dejé de comer.
Dejé de reconocer mis propias necesidades.
Dejé de cuidar mi cuerpo
como si también él tuviera que pagar
por todo lo que no pude salvar.
Estuve dos meses sin ir a clases
por una pena tan grande
que me hinchó los ojos
de tanto llorarte.
Dos meses en los que el mundo siguió avanzando
mientras yo permanecía detenido
en el mismo lugar.
Las personas continuaron con sus vidas.
Las clases siguieron.
Los días cambiaron de nombre.
Las estaciones pasaron.
Y yo seguía ahí.
Intentando entender cómo una persona puede desaparecer de su rutina
y continuar existiendo dentro de cada pensamiento.
Y ahora ni siquiera puedo llorar.
Ya no puedo llorarte.
Y eso me asusta.
Antes al menos tenía las lágrimas.
Tenía una forma de sacar algo de mí.
Una manera de demostrarme
que todavía había dolor
y que el dolor significaba que todavía estaba sintiendo.
Ahora me quedo frente al vacío
sin saber qué hacer con él.
Me siento inhumano.
Como si llevara algo dentro del cuerpo
que apagó una parte de mí.
Como si hubiera sobrevivido a la tristeza
pero no hubiera aprendido a vivir después de ella.
Me da miedo volver a no sentir.
Me da miedo acostumbrarme a esta ausencia.
A esta indiferencia.
A esta forma de existir sin esperar nada
porque esperar algo significa arriesgarse a perderlo.
Vivo en automático.
Día tras día.
Rutina tras rutina.
Despertar.
Seguir.
Dormir.
Y repetir.
A veces me pregunto cuántos días pueden pasar
antes de que una persona deje de llamarlo vida
y empiece a llamarlo solamente tiempo.
Tengo miedo.
Mucho miedo.
Porque sé cómo estoy ahora
y no quiero tomar decisiones apresuradas
desde una mente cansada
y un corazón destrozado.
No quiero convertir este momento
en una sentencia definitiva.
No quiero creer que porque hoy no encuentro la salida
significa que no existe.
Me aferro a una idea:
que todo tiene solución.
No una solución rápida.
No una solución perfecta.
No una solución que borre lo que pasó.
Pero sí una forma de continuar
sin tener que fingir que nunca dolió.
Que mi vida no puede terminar
solamente porque ahora
no encuentro la salida.
Sé que no vale la pena morir
para escapar de un dolor
que todavía no sé cuánto durará.
Sé que este dolor puede cambiar.
Que incluso si ahora parece eterno
ninguna emoción permanece intacta para siempre.
Pero saberlo no siempre alcanza.
A veces la esperanza es apenas una frase
que uno repite porque no tiene fuerzas
para construir una certeza.
Y aun así la repito.
Porque necesito creer
que este cansancio no será mi identidad.
Que esta pérdida no será el último capítulo.
Que algún día podré recordar tu nombre
sin sentir que mi propia vida se detiene.
Entonces me pregunto:
¿cuándo llegará esa solución a mi vida?
¿En qué momento despertaré
sin tener que convencerme de levantarme?
¿En qué momento volveré a comer sin esfuerzo?
¿En qué momento podré estar con mis amigos
sin sentir que estoy actuando?
¿En qué momento volveré a reconocerme
en el espejo?
Estoy cansado.
Cansado de esperar
a que todo mejore.
Cansado de despertar
esperando sentir algo.
Cansado de fingir
que estoy bien.
Cansado de explicar que sigo aquí
como si seguir aquí fuera suficiente
para demostrar que estoy viviendo.
Pero no quiero morir.
No quiero que la paz
tenga que costarme la vida.
No quiero desaparecer
solo porque todavía no aprendí
a vivir con lo que perdí.
Quiero que llegue un día
en que pueda mirar todo esto
desde lejos
y decir:
“sobreviví a aquella versión de mí
que pensaba que no iba a salir.”
Quiero poder decirlo sin sentir que estoy mintiendo.
Quiero mirar hacia atrás
y reconocer el esfuerzo que hice
aunque nadie lo haya visto.
Quiero entender que cada mañana en que me levanté
fue una forma de resistencia.
Que cada comida que logré terminar
fue una pequeña victoria.
Que cada vez que pedí ayuda
o permití que alguien se quedara cerca
estuve eligiendo continuar.
Quizás todavía no sé cómo.
Quizás todavía me duele.
Quizás todavía vuelves a mi cabeza.
Quizás durante mucho tiempo
tu recuerdo seguirá apareciendo
en los lugares más inesperados.
Pero ya no quiero confundirte con mi destino.
Fuiste importante.
Fuiste real.
Fuiste una parte de mí.
Pero no eres toda mi vida.
Sigo aquí.
Aunque sea con miedo.
Aunque sea cansado.
Aunque todavía no pueda sentirme completo.
Sigo aquí.
Y por ahora
eso tendrá que ser suficiente.
No porque no merezca más
sino porque a veces sobrevivir comienza de una manera pequeña.
Con un día más.
Con una respiración más.
Con la decisión de no rendirme esta noche.
Y quizás mañana
cuando vuelvas a mi cabeza
no me destruirás de la misma forma.
Quizás algún día tu recuerdo será solo eso:
un recuerdo.
Algo que ocurrió.
Algo que me cambió.
Algo que dolió.
Pero no algo que pueda llevarse mi vida.
Porque aunque todavía no sepa cómo salir
todavía estoy buscando la salida.
Y mientras la busco
mientras aprendo a pedir ayuda
mientras intento volver a mí
seguiré aquí.
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