Cuando no eres opción, no eres opción.
Y por mucho que duela, hay cosas que no deberían necesitar una segunda explicación.
Puedes ser una buena persona.
Puedes querer muchísimo.
Puedes estar dispuesto a darlo todo.
Pero si alguien no te elige, no puedes convencerlo de hacerlo.
A veces insistimos porque creemos que, si demostramos suficiente amor, paciencia o interés, la otra persona finalmente va a darse cuenta de lo que tiene delante.
Y mientras intentamos que nos elijan, olvidamos algo importante:
nosotros también podemos elegir.
Elegir no esperar.
Elegir no perseguir.
Elegir no conformarnos con un lugar que alguien nos da solo cuando le sobra espacio.
Porque aceptar que no eres opción para alguien no significa que valgas menos.
Solo significa que ese lugar no era para ti.
Y quizá lo más bonito que puedes hacer por ti mismo es dejar de intentar entrar en una puerta que nunca estuvo abierta para ti. 💜