Cuando las cosas cambian el mundo se pone de cabeza y las ramas se enderezan como fe sin piedad con vacío en su promesa.
Cuando el eclipse cubra en su manto los días los dioses cantarán un cantico al universo para que la noche caiga sobre los mortales que se arraigan con entereza sobre el por venir del mañana hasta que la luna caiga de su pecho como frutos de los hechos que llueven en las imágenes del equinoccio.
Dónde hay un sentir, y se ha inmaculado el amor caen los inocentes con su fervor y sus ansias delincuentes e inconscientes, como sueño de vida y alegría.