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Cuando conocí a Cristo

JoaMarAl

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Capítulo 12: A los dieciséis años uno busca rumbos, respuestas y un sentido para su juventud, pero nada en el mundo alcanza a saciar el anhelo del alma hasta que Dios se cruza en el camino. En este capítulo revivo la noche sagrada en la Asamblea de Dios en Dos de Mayo en que decidí entregarle mi vida a Jesucristo, un pacto fundacional que cambió el rumbo de mi destino para siempre.



Tenía dieciséis años cuando comencé a acercarme a Cristo. En aquella etapa de mi vida hubo una persona que tuvo un papel importante: mi amigo Marcelo Padilla.

Fue Marcelo quien me habló de Jesús. Recuerdo que era un miércoles cuando me invitó o me acercó a la iglesia Asamblea de Dios de Dos de Mayo. Ese día quedó guardado en mi memoria porque representó el comienzo de una relación con Dios que, con el paso de los años, atravesaría cada etapa de mi vida.

La iglesia Asamblea de Dios no hacía muchos años que se había trasladado desde el barrio Macuco hasta el pueblo. Ese cambio también formaba parte de la historia religiosa de Dos de Mayo.

Cuando era chico, todavía recuerdo una imagen que mi memoria conserva con claridad: los creyentes del pueblo bajaban el cerro que estaba cerca de nuestra casa para dirigirse a la iglesia del barrio Macuco. Caminaban llevando sus Biblias y, muchas veces, cargaban guitarras y acordeones en la espalda. Iban a reunirse, a cantar y a escuchar la Palabra de Dios.

Al mismo tiempo, los católicos del barrio Macuco subían el cerro para asistir a la iglesia católica que estaba en el pueblo.

Eran caminos que se cruzaban en un mismo territorio. Unos bajaban hacia Macuco y otros subían hacia el pueblo. Yo era apenas un niño y observaba aquellas escenas sin comprender todavía el significado que tendrían para mi vida.

Muchos años después, cuando comencé a acercarme a la Asamblea de Dios, aquellas imágenes regresaron a mi memoria.

Una historia que había comenzado antes

Mi llegada a la fe no empezó solamente aquel miércoles en el que Marcelo Padilla me habló de Cristo. Según lo que me contaba mi madre, Dios ya había intervenido en mi vida cuando yo era muy pequeño.

Cuando recién habíamos llegado a Dos de Mayo, siendo todavía un niño, me enfermé gravemente. Mamá me contaba que estuve muy mal, al punto de que temió por mi vida.

En ese tiempo, ella tenía una amiga que la invitó a la iglesia del barrio Macuco. Mi madre aceptó aquella invitación y llevó consigo la preocupación por mi salud.

El pastor Cruzelino Carballo oró por mí.

Según el relato de mamá, después de aquella oración Dios me sanó. Ella también recordaba que el pastor le dijo que aquel gurisito iba a ser un gran siervo de Dios, alguien que contaría las grandezas del Señor.

Mamá no comprendió demasiado lo que aquellas palabras podían significar. En ese momento estaba preocupada por mi enfermedad y por la posibilidad de perder a su hijo. Su atención estaba puesta en mi salud, no en un futuro que todavía no podía imaginar.

Pero con los años, cuando comencé a conocer a Cristo y mi vida se fue vinculando con la música, la radio, la predicación y la comunicación, recordé aquel relato de mi madre.

No puedo explicar todos los detalles de lo que ocurrió cuando era pequeño, porque conozco esa historia a través de lo que ella me contó. Pero sí puedo afirmar que ese testimonio quedó profundamente ligado a mi identidad y a mi manera de comprender mi vida.

Para mí, aquellas palabras del pastor Cruzelino Carballo adquirieron un significado especial con el paso del tiempo.

El miércoles que marcó mi vida

Cuando Marcelo Padilla me habló de Cristo yo tenía dieciséis años. Ya había vivido parte de mi infancia en Dos de Mayo, conocía las dificultades de nuestra familia, había ido a la escuela, comenzaba a interesarme por la música y trataba de encontrar mi propio camino.

Pero todavía estaba creciendo.

No tenía respuestas para muchas de las preguntas que aparecen durante la adolescencia. Tampoco sabía qué iba a ser de mi vida. No podía imaginar los trabajos que tendría, los lugares donde viviría, las personas que conocería ni las experiencias que me tocaría atravesar.

Marcelo me habló de Jesús y esa conversación abrió una puerta.

Recuerdo que era miércoles cuando me acerqué a la Asamblea de Dios. No necesito agregarle una escena inventada a ese momento. Lo importante es que allí comenzó una etapa nueva.

Empecé a conocer el Evangelio y a acercarme a la Biblia. La fe comenzó a ocupar un lugar en mi vida y, poco a poco, fui entendiendo que creer en Cristo no era solamente asistir a una reunión religiosa.

Era comenzar una relación con Dios.

Era aprender a confiar.

Era descubrir que la vida podía ser mirada desde otra perspectiva.

Aquello no significó que todos mis problemas desaparecieran. Tampoco que dejara de cometer errores. Seguí siendo el mismo joven que tenía que trabajar, tomar decisiones y aprender de la vida. Pero había comenzado a caminar con una convicción distinta.

Las palabras de mi madre

Durante muchos años, mamá me contó aquella historia de mi enfermedad y de la oración del pastor Carballo.

Ella no había entendido en aquel momento por qué el pastor le había dicho que yo sería un gran siervo de Dios. Era una madre que había llegado a Dos de Mayo con muchas dificultades y que estaba tratando de criar a sus hijos con los recursos que tenía.

Su vida había sido dura. Había sufrido desde pequeña, no había podido estudiar y había tenido que trabajar desde muy joven. Su manera de amar no siempre se expresaba con palabras, pero estaba presente en sus esfuerzos diarios.

Por eso, cuando me contaba que alguien había orado por mí y que Dios me había sanado, yo escuchaba ese relato desde el cariño y el respeto que siempre tuve por ella.

Con el tiempo, esa historia se convirtió en una parte importante de mi testimonio.

No porque yo haya comprendido todo desde el principio, sino porque muchas veces la vida nos permite entender ciertas cosas recién después de haberlas atravesado.

Mamá no sabía qué iba a suceder conmigo.

Yo tampoco.

Pero años más tarde, cuando mi vida comenzó a estar relacionada con la música cristiana, las iglesias, la radio y la comunicación del Evangelio, aquellas palabras volvieron a tener un significado profundo para mí.

La fe y el camino que vendría

Desde aquel miércoles de mi adolescencia hasta hoy pasaron muchos años. En ese tiempo viví en Misiones y en Buenos Aires, trabajé en distintos oficios, estudié guitarra, me recibí de profesor, formé una familia y atravesé situaciones que nunca hubiera imaginado cuando era joven.

También cometí errores.

La fe no me convirtió en un hombre perfecto. Hubo momentos en los que me alejé de lo que sabía que era correcto. Tomé decisiones equivocadas y tuve que enfrentar sus consecuencias.

Pero Cristo siguió siendo una referencia para mí.

En los momentos de alegría, la fe me enseñó a agradecer. En las dificultades, me ayudó a buscar fuerzas. Cuando me equivoqué, me permitió reconocer que necesitaba arrepentirme y volver a empezar.

Hoy comprendo que mi historia espiritual no puede separarse de mi historia personal.

Mi relación con Dios estuvo presente en la música, en la radio, en mi familia y también en los momentos más dolorosos. A veces con una fe firme; otras veces con preguntas, angustia o cansancio. Pero siempre como una búsqueda que continuó.

El apóstol Pablo escribió:

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.»
2 Corintios 5:17

Para mí, ese versículo expresa una verdad que fui aprendiendo durante muchos años. Conocer a Cristo no significa borrar el pasado ni fingir que los errores nunca existieron. Significa encontrar la posibilidad de comenzar de nuevo.

Una promesa que fui comprendiendo con los años

Cuando era pequeño, mi madre escuchó que aquel gurisito podía llegar a ser un siervo de Dios que contaría sus grandezas. En ese momento no comprendió el alcance de aquellas palabras.

Yo tampoco podía comprenderlo cuando tenía dieciséis años y Marcelo Padilla me habló de Cristo.

Pero con el paso del tiempo, la música, la radio y la comunicación se convirtieron en espacios desde los cuales pude compartir mi fe. Primero de maneras sencillas, después a través de distintos proyectos y medios.

No considero que eso me haga superior a nadie. Al contrario, cuanto más miro mi historia, más consciente soy de mis limitaciones y de la gracia que, según mi fe, me sostuvo a pesar de ellas.

Mi vida tuvo momentos de caída y de reconstrucción. Hubo etapas en las que tuve que aprender nuevamente a confiar. También hubo personas que me ayudaron, me enseñaron o me acercaron a una oportunidad.

Entre ellas estuvo Marcelo Padilla, el amigo que me habló de Cristo cuando yo tenía dieciséis años.

Aquel miércoles no podía imaginar lo que vendría. Solo estaba dando mis primeros pasos en la fe.

Hoy, después de tantos años, puedo mirar hacia atrás y reconocer que ese comienzo tuvo una importancia enorme.

Las guitarras y los acordeones que veía bajar por el cerro cuando era niño forman parte de mis primeros recuerdos. La oración del pastor Cruzelino Carballo forma parte del relato que mi madre me transmitió. La invitación de Marcelo Padilla forma parte de mi encuentro personal con Cristo.

Son momentos diferentes, pero todos están unidos en una misma historia.

La historia de un hombre que comenzó a conocer a Dios en Dos de Mayo y que, desde entonces, siguió caminando con la fe como parte de su vida.

No sé qué habría podido comprender aquel muchacho de dieciséis años sobre todo lo que le esperaba.

Pero hoy sé que aquel miércoles fue el comienzo de una etapa que nunca dejó de acompañarme.

Thoughts

  • Pilarcita

    Una madre que quería sin palabras y con el esfuerzo de cada día. Ya te digo, de esas hubo muchas, y por eso guardó tanto lo del pastor.

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  • Ines_del_Valle

    Tu mamá esa noche no estaba pensando en ningún siervo de Dios, estaba pensando en que el gurisito se le muriera. Apuesto a que la profecía la entendió años después, igual que tú.

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  • EvaMontero

    Del miércoles casi no recuerdas nada más que el día y quién te llevó, y no quisiste rellenarlo con una escena. A mí me pasa igual con los comienzos que importan: no tengo el momento, tengo a la persona.

    Marcelo Padilla aparece al principio, en el medio y al final del capítulo, como un estribillo, y apuesto a que él no tiene idea del lugar que ocupa. ¿Marcelo sabe que lo nombras así en tu autobiografía?

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  • dosdecadas

    Hay historias de familia que existen porque alguien las repitió en la cocina durante años. La del pastor Carballo suena a eso, contada por tu mamá hasta que se volvió tuya.

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  • JoaMarAl

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  • JoaMarAl

    Quiero agradecer a todos los que leen mi autobiografia y pedirles que si le gustó si le fue de bendicion no dejen de compartirla. Desde ya Muchas gracias!

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