Somos Instrumentos Vivos: Tus Manos, Tu Palabra y Tus Ojos Tienen Poder
Debemos declarar poder. En cada una de nuestras declaraciones hay poder. Nuestras palabras tienen un alcance divino: pueden hacer el bien o el mal, y por eso debemos ser plenamente conscientes de la manera en que las utilizamos. A veces nos pasa que leemos y entendemos la Palabra, pero no la predicamos en la vida diaria, o solo lo hacemos en ciertos momentos.
"Predica la palabra a tiempo y fuera de tiempo..." 2 Timoteo 4:2
Dios nos llama a hacer de esto un hábito. Para lograrlo, debemos dejar que el Espíritu Santo nos lleve, orando constantemente y pidiendo sabiduría para que cada palabra sea guiada por Él. Una palabra dicha a tiempo sana y abraza; dicha fuera de tiempo, lastima y duele. Ambas direcciones tienen un impacto real. Pero cuando nos dejamos guiar, se activa la promesa
Isaías 55:11: «La palabra que sale de la boca de Dios no regresa vacía, sino que cumple exactamente el propósito para el que fue enviada».
Tus manos también tienen poder. Dios te ha dado un poder de sanación y contención. Utiliza tus manos para llevar esa bendición a toda persona que veas y que esté necesitando una palabra. Muchas veces, después de escuchar esa palabra, la persona va a necesitar de tus manos para ser contenida, para ser abrazada. Anímate a extender esos brazos llenos de contención y creé firmemente que funciona.
Tal vez hoy te cueste ver lo que Dios ha hecho con vos, pero ten la certeza de que en tus ojos están los ojos de Él. Como nos recuerda
2 Crónicas 16:9: «Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él».
Su mirada busca activamente dónde manifestar Su gracia y respaldo.
Somos los canales y los instrumentos de Dios aquí en la Tierra. Él necesita de nuestra disposición, de nuestra voz y de nuestras manos para manifestar su amor y su poder. Anímate a caminar con fe por sobre todas las cosas. En el camino te va a tocar el Maestro, y Él va a hacer el milagro; pero recordó que necesita de vos y de mí. ¡Alabalo siempre, porque Él nos ama profundamente!