Te busqué en lo alto,
en el trueno, en el templo, en lo que brilla.
Y estabas en lo bajo,
en el pan compartido, en la herida.
Te busqué como quien busca una respuesta
y eras Tú la pregunta que me sostenía.
Yo quería entenderte,
Tú querías habitarme.
¿Que quién eres?
Eres el que no se va cuando todos se han ido.
El que no me explica el dolor,
pero lo atraviesa conmigo.
El que no me quita la noche,
pero me enseña a ver en ella.
He querido alcanzarte con mis manos llenas de méritos
y Tú solo me pedías las manos vacías.
He querido impresionarte con mi fuerza
y Tú amabas mi fragilidad,
porque ahí es donde entras sin romper la puerta.
Tu amor no es como el amor del mundo.
El mundo ama si soy digno.
Tú me haces digno porque me amas.
No me amas por lo que hago,
me amas para que yo sea.
No me sostienes por mi fe,
sostienes mi fe cuando ya no puedo.
Si algún día olvido tu nombre,
pronuncia Tú el mío.
Si algún día no sé rezar,
que mi silencio sea oración.
Si algún día creo perderte,
recuerda que nunca me soltaste.
Tú no eres una idea.
Eres el abrazo que me faltaba
y al mismo tiempo, el abrazo que me fundó.
Quédate.
No como visita.
Quédate como hogar.