Porque todos seremos amantes, sin importar el tiempo, del corazón extranjero que, como el nuestro, desea ser reconocido por el otro.
Como un anochecer punteado de sueños, desea fundirse con el amanecer pintado de esperanza.
Pese a ser condenados a estar separados por un mar de vacío, ignorante del mal que causa,
Han de verse por siempre, sin consuelo, pues la mirada del otro solo refleja sufrimiento.