Los meses posteriores al viaje de Caleb a Grecia no se sintieron como los años de espera anteriores. El silencio y la incertidumbre habían desaparecido para siempre. Aunque la pantalla volvió a ser el puente temporal entre Lima y Atenas, la dinámica era completamente distinta: cada llamada tenía una meta, un calendario sobre la mesa y un plan en marcha.
Caleb continuó con sus clases de Ciencias Naturales en el colegio, pero ahora dedicaba sus tardes a investigar las oportunidades de becas de posgrado e investigación ambiental en Europa. Por su parte, Saria concluyó sus últimas prácticas de Odontología con las calificaciones más altas de su promoción y comenzó a orientar su especialización hacia la docencia universitaria y la investigación clínica.
—¿Adivina qué acabo de revisar? —le dijo Saria una noche por videollamada, mientras mostraba un documento en la pantalla de su laptop.
—Sorpréndeme —respondió Caleb, ajustándose los anteojos con una sonrisa.
—Hay un programa de intercambio e investigación en ecología y ciencias de la educación financiado por la Unión Europea que tiene convenio con universidades de América Latina. Si presentamos los papeles en orden antes de fin de año, el próximo semestre no seré yo quien viaje a Lima de visita, sino que podríamos coincidir en un proyecto formal.
Caleb se quedó mirando la pantalla un segundo, impresionado por la capacidad operativa de Saria. Su mente brillante y resuelta nunca dejaba de sorprenderlo.
—Siempre tan práctica y tres pasos adelante —dijo él, riendo suavemente—. Me pongo a preparar la propuesta pedagógica esta misma semana.