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Capítulo 5

Arwen
Pensamiento

Pensamiento

radiovieja

Haniel parado del otro lado de la calle el día del ataque, mirando nomás. Apuesto a que ya sabía que ella iba a despertar, y por eso no movió un dedo.

Haniel parado del otro lado de la calle el día del ataque, mirando nomás. Apuesto a que ya sabía que ella iba a despertar, y por eso no movió un dedo.

Contenido de la publicación

La noche había caído por completo sobre la mansión.

Erika permanecía sentada junto al ventanal, observando el jardín iluminado por la tenue luz de la luna. No podía dejar de pensar en las palabras de Laion.

«¿Qué parte de ti despertará?»

Cerró los ojos.

Y empezó a recordar a su marido, la avenida, el ataque, la ambulancia y el hospital.

Y entonces… Vio una gran oscuridad.

Una sensación fría recorrió su cuerpo. De repente, escuchó un sonido.

«Pum».

Erika abrió los ojos.

«Pum».

Su respiración se detuvo.

La habitación había desaparecido.

Ya no estaba frente al ventanal. Estaba en un lugar oscuro.

Sentía algo pesado sobre ella. No podía moverse. No podía respirar.

Intentó gritar, pero ningún sonido salió de su garganta.

Entonces lo recordó.

La madera sobre su cabeza.

El sonido de la tierra cayendo encima.

El olor a humedad. La lluvia cayendo.

Erika sintió que el corazón le latía con violencia.

«¡No!», gritó.

Las imágenes comenzaron a aparecer una detrás de otra.

Recordó la sensación del ataúd descendiendo.

Recordó el rostro de su marido y sus lágrimas.

Recordó cómo sonaba la tierra al golpear contra el ataúd.

Después de eso, no recordaba nada.

No recordaba cómo había salido ni cómo había llegado a la mansión.

Solo recordaba haber abierto los ojos sobre aquella cama.

Erika cayó de rodillas.

«Me habían enterrado…», dijo.

Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.

«Yo recuerdo mi entierro», susurró.

Una voz respondió desde la puerta.

«Sí».

Erika levantó la cabeza.

Haniel estaba allí. La observaba con sus inexpresivos ojos verdes.

«Tú dijiste que nunca morí», dijo Erika, poniéndose lentamente de pie. «Entonces, explícame cómo recuerdo que me enterraron».

Haniel guardó silencio.

«¡Explícamelo!»

Él entró en la habitación y cerró la puerta detrás de él.

«Porque lo que recuerdas ocurrió».

Erika lo miró, desconcertada.

«Entonces sí morí».

«No. Precisamente».

«¡Pero recuerdo mi entierro!»

Haniel se acercó lentamente.

«Recuerdas que te enterraron. Eso no significa que estuvieras muerta».

Erika negó con la cabeza.

«Eso es imposible».

«¿Lo es?» Haniel la observó fijamente.

«Tu cuerpo dejó de responder. Tu corazón dejó de funcionar durante un período tan prolongado que todos creyeron que habías muerto».

Erika sintió un escalofrío.

«¿Todos?»

«Los médicos, tu familia y tu marido», le contestó Haniel.

Ella se quedó inmóvil.

«Entonces… ¿estaba viva?»

«Podría decirse».

Erika sintió que las piernas le fallaban.

«¿Pero cómo?»

Haniel desvió la mirada durante unos segundos.

«Eso es precisamente lo que todavía no puedes recordar».

Erika se acercó a él.

«¿Me enterraron viva?»

Haniel negó lentamente con la cabeza.

«No exactamente».

«¿Qué significa eso?»

«Significa que tu cuerpo estaba en un estado que nadie comprendía. Tu corazón había dejado de latir. Tu respiración era imperceptible. No había señales suficientes para demostrar que seguías con vida».

Erika se llevó una mano a la boca.

«Entonces, todos pensaron que había muerto».

«Sí».

«¿Mi marido también?»

Haniel asintió.

«Él creyó que te había perdido».

Las lágrimas volvieron a llenar los ojos de Erika.

«Entonces… ¿por qué estoy aquí?»

Haniel la miró durante un largo instante.

«¿Por qué no respondes?», le preguntó Erika.

Haniel no respondió.

Erika comprendió que nuevamente estaba evitando la respuesta.

«¿Fuiste tú quien me encontró?»

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Haniel.

«No».

«Entonces, ¿quién?», preguntó Erika.

Haniel se dirigió hacia la puerta.

«Cuando recuperes el resto de tus recuerdos, tendrás la respuesta».

Erika apretó los puños.

«Estoy cansada de tus acertijos».

Haniel se detuvo.

«Y todavía no has descubierto lo más importante».

Erika levantó la mirada.

«¿Qué cosa?»

Haniel giró lentamente el rostro hacia ella.

«Tu cuerpo despertó después de que todos te dieran por muerta».

Hizo una pausa y salió de la habitación.

Erika permaneció inmóvil.

Aquellas palabras se quedaron flotando en su mente.

Entonces recordó al hombre de ojos verdes que la observaba desde el otro

lado de la calle el día del ataque.

Haniel.

Él estaba allí.

Pero, si sabía que ella iba a sobrevivir…

¿por qué la dejó morir frente a todos?

Y, sobre todo…

¿cómo sabía que Erika despertaría?

Thoughts

  • radiovieja

    Haniel parado del otro lado de la calle el día del ataque, mirando nomás. Apuesto a que ya sabía que ella iba a despertar, y por eso no movió un dedo.

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  • poemario

    Venía convencido de que Haniel la había sacado del cajón, y resulta que no fue él. Entonces hay alguien más en la mansión que todavía no se mostró, y Laion queda primero en mi lista, che.

    Me trajo a Montecristo saliendo del Château d'If metido en la bolsa del muerto: ahí también todos lo dan por muerto y el que vuelve es otro. Apuesto a que Erika tampoco vuelve igual a la casa del marido.

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  • soy_la_de_atras

    Uff, la enterraron :/

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La noche había caído por completo sobre la mansión.

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