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Capítulo 42: un nuevo amanecer

DNavarrete
Pensamiento

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elmaskeleto

Aoi saliendo a juntar plata para el evento sin pedirle nada a sus hermanas y terminando de cartel humano con peluca. Ese domingo lo conozco, causa.

Aoi saliendo a juntar plata para el evento sin pedirle nada a sus hermanas y terminando de cartel humano con peluca. Ese domingo lo conozco, causa.

Contenido de la publicación

Era domingo por la mañana. El sol bañaba las calles con una luz cálida y agradable, iluminando los escaparates y a la gente que paseaba sin ninguna prisa. Por primera vez en semanas, Reika y Reina no tenían reuniones del consejo estudiantil, tareas pendientes ni obligaciones dentro del juego. Solo eran ellas dos disfrutando del fin de semana.

 

Reika caminaba con tranquilidad, vistiendo una camisa clara y unos pantalones cómodos. A su lado, Reina apenas podía contener la emoción mientras abrazaba la mochila donde llevaba cuadernos, lápices y todo su material de dibujo.

 

—¡Hace muchísimo que no salíamos así! —dijo moviendo las manos con entusiasmo—. ¡Hoy pienso llenar por completo mis cuadernos!

 

—¿Otra vez dibujos del juego? —preguntó Reika con una sonrisa suave.

 

—¡Por supuesto! Desde que conocí a Zeriska no dejo de imaginar escenas: combates, momentos tranquilos, ella entrenando con Fern, sirviendo té como una doncella, protegiendo a Aoi… —suspiró completamente inspirada—. Tengo demasiadas ideas.

 

Reika soltó una pequeña risa. Conocía perfectamente esa faceta de su amiga: cuando encontraba inspiración, era prácticamente imposible detenerla. Y, sinceramente, le gustaba verla así de feliz.

 

Las dos continuaron caminando mientras hablaban sobre las novedades del juego y el próximo evento, hasta que Reika se detuvo de golpe.

 

—Mira…

 

Reina levantó la vista: una enorme multitud ocupaba toda la acera frente a una tienda especializada en equipos de inmersión. Personas sacando fotografías, otros grabando con el teléfono, algunos incluso esperaban haciendo fila para entrar.

 

—¿Habrá salido un modelo nuevo de cápsula? —preguntó Reina con curiosidad.

 

—No parece…

 

La curiosidad pudo más. Las dos comenzaron a abrirse paso entre la gente:

 

—Perdón…

 

—Con permiso…

 

—Disculpen…

 

Después de varios empujones lograron llegar hasta la primera fila. Y entonces… las dos se quedaron completamente inmóviles. Las bebidas resbalaron lentamente de sus manos al mismo tiempo.

 

¡CRASH! ¡CRASH!

 

Ni siquiera reaccionaron.

 

Frente a ellas, sosteniendo un cartel publicitario con ambas manos, estaba Aoi. No el chico que conocían con su ropa habitual: era la viva imagen de su avatar del juego. Llevaba la larga peluca plateada perfectamente peinada, el mismo vestido azul profundo con delicados bordados dorados que imitaban flores y enredaderas, las placas de armadura brillaban bajo el sol, y la flor azul adornaba uno de los costados de su cabello. Tan idéntico que parecía que el personaje había salido directamente del mundo virtual.

 

Solo había un detalle que rompía esa perfección: su rostro estaba completamente rojo, y no se atrevía siquiera a levantar la mirada. Con voz diminuta comenzó a repetir mecánicamente:

 

—L-La tienda tiene descuentos especiales en equipos de inmersión… También pueden probar las nuevas cápsulas… Y…

 

Su voz casi desaparecía. A su alrededor no dejaban de escucharse murmullos:

 

—¡Es la Domadora!

 

—¡Es igualita!

 

—¡No puede ser! ¡Parece una ilustración hecha realidad!

 

—¡Qué adorable!

 

Los teléfonos seguían apuntándole sin descanso. Reika permanecía inmóvil; Reina levantó lentamente un dedo tembloroso, señaló a Aoi y tardó varios segundos en murmurar:

 

—Reika…

 

—¿Sí…?

 

—¿Estoy viendo… al avatar de Aoi… trabajando como promotora?

 

Reika tardó unos segundos en responder, sin apartar la vista:

 

—Lamentablemente… sí.

 

Como si hubiera sentido aquellas palabras, Aoi levantó apenas la cabeza. Sus ojos se cruzaron con los de ellas. El tiempo pareció detenerse. Los ojos de Aoi se abrieron de golpe; su cara pasó de roja a prácticamente morada.

 

—¡¡R-Reika!! ¡¡R-Reina!!

 

Las dos comenzaron a caminar lentamente hacia él, con una sonrisa excesivamente tranquila, de esas que daban miedo. Reina cruzó los brazos:

 

—Aoi…

 

—¿Nos explicarías qué está pasando exactamente? —añadió Reika con una calma sospechosa.

 

Aoi tragó saliva, sintiendo que iba a llorar:

 

—Y-Yo… puedo explicarlo…

 

—Te escuchamos —respondieron al mismo tiempo.

 

Bajó la cabeza y comenzó a jugar nerviosamente con el borde de la falda:

 

—Quería buscar un trabajo para los domingos… Quería comprar algunas cosas para el próximo evento del juego y no quería pedirles dinero a mis hermanas. Vi un anuncio de que necesitaban personal y vine… Pero cuando llegué… la dueña me reconoció.

 

En ese instante la puerta automática de la tienda se abrió.

 

—¡Exactamente!

 

Una alegre voz femenina resonó detrás de Aoi. Una joven de cabello castaño salió sonriendo, llevando un elegante delantal con el logotipo de la tienda. Al ver a Aoi prácticamente brilló de emoción:

 

—¡Aquí está mi modelo estrella!

 

—Señorita Shizuka… —murmuró Aoi cerrando los ojos.

 

Reika arqueó una ceja:

 

—¿Shizuka Takahashi?

 

—¡La misma! —respondió ella con orgullo, haciendo una pequeña reverencia—. Diseñadora de vestuario temático. Encantada.

 

—¿La diseñadora de los trajes para cosplay profesional? —preguntó Reina con los ojos muy abiertos.

 

Shizuka asintió con una sonrisa divertida:

 

—Nos conocimos hace unos días en la playa. Cuando lo vi… no fue por la peluca que llevaba, sino porque su rostro era prácticamente idéntico al de la Domadora. Soy diseñadora desde hace muchos años: estoy acostumbrada a calcular proporciones con solo observar la silueta de una persona. No necesité tomarle medidas. En cuanto llegué a mi taller, comencé a confeccionar el traje inspirándome en su avatar. Y cuando apareció aquí buscando trabajo… pensé: “No puede ser tanta coincidencia”. Así que le pedí que se lo probara. ¡Y le quedó perfecto! Las ventas se han duplicado desde esta mañana.

 

Reika y Reina volvieron a mirar a Aoi: quitando la peluca, realmente compartía casi todos los rasgos con su avatar. Reina intentó contenerse de verdad, pero fue imposible: una enorme carcajada escapó de sus labios. Tuvo que sujetarse de Reika para no doblarse.

 

—¡JAJAJAJAJA! A-Aoi… ¡acabas de establecer un nuevo récord de vergüenza!

 

Aoi ya tenía los ojos completamente vidriosos:

 

—P-Por favor… quiero irme a casa…

 

Shizuka, completamente ajena al drama psicológico del muchacho, sonrió como si acabara de recordar algo y sacó una pequeña tabla con el horario:

 

—¡Ánimo! ¡Solo te quedan tres horitas de turno!

 

El tiempo volvió a detenerse. Aoi miró el cartel, luego a Shizuka, y después volvió a mirar el horario. Su sonrisa desapareció por completo.

 

—…¿Tres… horas…?

 

Reina perdió el poco autocontrol que le quedaba y se dobló completamente de la risa. Incluso Reika, que normalmente era la más seria, terminó cubriéndose la boca mientras sus hombros temblaban intentando contener una carcajada.

 

Y en medio de toda aquella multitud, Aoi solo pudo mirar al cielo con expresión totalmente derrotada, pensando para sí mismo: ¿Por qué… siempre terminan pasándome estas cosas a mí?

 

Shizuka las observó unos segundos, parpadeó un par de veces y de repente abrió los ojos de par en par:

 

—¡Un momento!

 

Las dos se sobresaltaron:

 

—¿Eh?

 

La diseñadora juntó ambas manos frente al pecho con una sonrisa enorme:

 

—¡Pero si ustedes también son esas chicas!

 

—¿Nos conoce? —preguntó Reika ladeando ligeramente la cabeza.

 

—¡Claro que las conozco! —empezó a señalarlas con un entusiasmo casi infantil—. ¡La Caballera de la Lanza! ¡La Guardiana de la Gran Espada! ¡Y la Domadora! ¡Las tres aparecieron luchando juntas contra el General Orco! ¡Ese video le dio la vuelta a toda la comunidad! ¡Fue imposible olvidarlas!

 

Aoi sintió un escalofrío. Reconocía esa mirada al instante: era exactamente la misma que había puesto cuando decidió vestirlo con el traje de su avatar.

 

—No me gusta nada esto… —murmuró Reina.

 

—A mí tampoco… —respondió Reika.

 

Sin decir una palabra más, Shizuka salió corriendo hacia el interior de la tienda. Cinco segundos después la puerta automática se abrió de golpe:

 

—¡¡¡Las encontré!!!

 

Regresó cargando dos enormes bolsas, las dejó cuidadosamente sobre el mostrador y las abrió. Al ver el contenido, el alma pareció abandonar los cuerpos de ambas chicas:

 

—No… —susurró Reika.

 

Shizuka sacó el primer traje: la armadura de la Caballera de la Lanza, con coraza de acero pulido, detalles dorados sobre placas azul profundo, largo manto oscuro y la lanza ceremonial La Justa Azul apoyada a un lado. Era una copia perfecta del avatar de Reika. Luego levantó el segundo: la armadura de la Guardiana del Tanque, con placas blancas de bordes dorados, amplio manto y la gigantesca espada ceremonial Giacomo descansando junto a ella.

 

Reina comenzó a temblar:

 

—N-No…

 

—¡También confeccioné los trajes de ustedes! —dijo Shizuka con orgullo absoluto.

 

Hubo un silencio total. Las dos dieron un paso atrás. Reika sonrió con toda la educación que pudo reunir:

 

—Muchas gracias… pero tenemos otros planes.

 

—Sí, sí… solo pasábamos por aquí —añadió Reina levantando ambas manos rápidamente.

 

Shizuka se quedó pensativa unos segundos. Las dos empezaron a respirar con alivio… hasta que la diseñadora sonrió de oreja a oreja:

 

—¡Perfecto! Les pagaré por tres horas.

 

…

 

Las dos quedaron completamente inmóviles:

 

—¿Perdón?

 

—Necesito promocionar la tienda —explicó como si fuera la cosa más normal del mundo—. Y ustedes tres juntas serían el mejor escaparate posible. ¡Les pagaré muy bien!

 

—Lo sentimos, pero… —empezó a negar Reika.

 

Pero Shizuka ya había tomado a cada una por una muñeca:

 

—¡Vamos!

 

—¡¡¿Eh?!! ¡Espere! —Reina intentó soltarse— ¡No vinimos a buscar trabajo!

 

—¡Solo serán tres horitas!

 

—¡No queremos!

 

Desesperadas, miraron a Aoi:

 

—¡¡AOI!! ¡¡HAZ ALGO!!

 

Aoi seguía sosteniendo el cartel. Las observó unos segundos, y muy lentamente una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Las dos sintieron un escalofrío:

 

—Aoi… no…

 

Él soltó una risita baja:

 

—¿Recuerdan hace un rato? Cuando ustedes se reían de mí.

 

Reina sonrió con nerviosismo:

 

—E-Eso fue… una pequeña broma entre amigas…

 

Aoi levantó un dedo:

 

—El karma… a veces golpea muy rápido.

 

—¡¡TRAIDOR!! —gritó Reina— ¡¡AOI!!

 

Él levantó tranquilamente el pulgar:

 

—Mucha suerte.

 

—¡¡¡NOOOOOOOOO!!!

 

Las puertas automáticas se cerraron detrás de ellas.

 

Treinta minutos después la puerta volvió a abrirse. Aoi tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no estallar.

 

Reika salió primero: vestía la armadura completa de la Caballera de la Lanza, cada pieza encajando a la perfección, la lanza descansando elegantemente sobre su espalda. Tenía el rostro completamente rojo y no se atrevía a levantar la vista del suelo.

 

Detrás apareció Reina: con la armadura de Guardiana, el largo manto blanco cayendo sobre sus hombros, sujetando la enorme espada Giacomo mientras intentaba esconder el rostro detrás de ella:

 

—Quiero… morirme…

 

Los peatones comenzaron a detenerse otra vez:

 

—¡Miren! ¡Ahora están las tres!

 

—¡Es el equipo que derrotó al General Orco!

 

—¡Son idénticas a sus avatares!

 

Las cámaras volvieron a apuntar hacia ellos. Reina sentía que el alma se le escapaba; Reika simplemente cerró los ojos y aceptó su destino.

 

Entonces Aoi ya no pudo contenerse:

 

—Pff… jajaja… ¡¡JAJAJAJAJAJA!!

 

Se dobló sujetándose el estómago, con lágrimas cayendo por sus mejillas.

 

—¡¡¿DE QUÉ TE RÍES?!! —lo señaló Reina completamente indignada.

 

—L-Lo siento… —decía entre carcajadas— ¡pero tienen exactamente la misma cara que yo tenía hace media hora!

 

Reika dejó escapar un largo suspiro:

 

—Nunca imaginé que diría esto… pero ahora entiendo perfectamente cómo te sentías.

 

—¡Pues no te acostumbres! —protestó Reina inflando las mejillas.

 

Aoi respiró hondo intentando calmarse, se secó las lágrimas y las señaló alternativamente:

 

—Ahora entiendo por qué se reían tanto de mí hace media hora.

 

Reina abrió lentamente la boca; Reika negó con la cabeza:

 

—No lo hagas…

 

Pero ya era demasiado tarde:

 

—¡¡JAJAJAJAJAJA!! ¡¡AHORA SÍ LAS ENTIENDO!!

 

—¡¡AOI!! ¡¡DEJA DE REÍRTE!!

 

Shizuka las observó unos segundos y asintió satisfecha:

 

—Perfecto. Ahora una foto de los tres juntos.

 

Sacó el teléfono móvil. Los tres quedaron helados:

 

—…

—…

—…

 

Aoi habló con la voz quebrada:

 

—¿U-Una… foto?

 

—¡Claro! Es para el cartel promocional de la tienda —respondió ella con total naturalidad.

 

Los tres se miraron unos a otros… y al mismo tiempo gritaron con todas sus fuerzas:

 

—¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

 

La tarde cayó mucho más rápido de lo que ninguno de los tres hubiera deseado.

 

En la zona trasera de la tienda, lejos del ruido y la multitud, había un pequeño espacio de descanso. Sobre un largo mesón de madera, tres figuras permanecían inmóviles, como si toda la energía les hubiera sido extraída.

 

Aoi estaba boca arriba, con un brazo colgando sin fuerza por el borde. Reika tenía la frente apoyada sobre la superficie fría de la mesa. Reina estaba recostada de lado, abrazando un cojín como si fuera el último refugio que le quedaba. Los tres compartían exactamente la misma expresión: esa mirada vacía que indica que el alma ha decidido tomarse un descanso temporal.

 

—...No quiero ver ni una sola cámara más... —murmuró Aoi con voz apagada.

 

—Ni dar ni un solo apretón de manos... —añadió Reika sin levantar la cabeza.

 

Reina soltó un gemido largo y profundo.

 

—Parecíamos ídolos en un concierto... saludando, sonriendo, haciendo señas...

 

Los tres suspiraron al mismo tiempo, en perfecta sincronía.

 

A su alrededor, el personal de la tienda los observaba entre la compasión y la sonrisa. Alguien les acercó vasos con agua helada; otra chica abanicaba suavemente a Aoi con un cartón; un chico hacía lo mismo con Reika y Reina.

 

—Pobrecitos... —susurró una empleada.

 

—No pararon en tres horas... —comentó otra—. La fila no se acababa nunca.

 

Una joven de cabello corto se acercó un poco más, con una sonrisa tímida.

 

—Por cierto... discúlpenla con nuestra jefa, ¿vale?

 

Los tres apenas levantaron la vista.

 

—¿A quién...? —preguntó Aoi.

 

—A Shizuka —respondió ella con una risita—. Desde que salió Eternal World se volvió una fanática absoluta. Pero después de ver el video donde ustedes derrotaron al General Orco... ya no hubo vuelta atrás.

 

Otro empleado asintió.

 

—La verdad... todos aquí lo somos un poco.

 

—Habla de sus hazañas casi todos los días.

 

—Yo también soy fan —levantó la mano una chica del mostrador. —Cuando vimos el video del General Orco empezamos a seguir sus aventuras.

 

—¡Y lo de Argos fue lo mejor! —exclamó un tercero— ¡Fue increíble!

 

Reina giró apenas la cabeza hacia Aoi.

 

—Mira la que has liado...

 

Aoi soltó un suspiro débil.

 

—Solo quería jugar tranquilo... y poder juntar dinero para el evento, ¿Cómo terminé convirtiéndome en alguien al que la gente reconoce por la calle...?

 

En ese momento la puerta se abrió de golpe.

 

—¡¡Chicos míos!!

 

La voz llena de energía de Shizuka llenó la habitación. Entró casi dando saltitos, radiante de felicidad. Los tres sintieron ese escalofrío familiar que les decía: "aquí viene algo más".

 

—¿Qué ocurre ahora...? —preguntó Reika con resignación.

 

Shizuka apoyó ambas manos en el mesón, con los ojos brillando como estrellas.

 

—¡Las ventas! ¡Se multiplicaron por cinco! ¡Cinco veces en un solo día!

 

El personal estalló en aplausos y vítores.

 

—¡Récord histórico!

 

—¡Nunca habíamos visto nada igual!

 

Shizuka dio una pequeña vuelta sobre sí misma, incapaz de contener la alegría.

 

—¡Y casi se me olvida lo más importante!

 

Volvió a salir corriendo y regresó segundos después arrastrando una caja grande de cartón, que dejó frente a ellos con cuidado.

 

—¿Qué es esto? —preguntó Reina con curiosidad.

 

—Un agradecimiento —dijo ella abriéndola. Dentro había figuras de acción, llaveros, peluches, ilustraciones firmadas y todo tipo de artículos oficiales del juego—. Sobraron muchas cosas del último evento, así que... ¡escojan lo que quieran!

 

Los tres se incorporaron lentamente, sorprendidos.

 

—¿De verdad podemos...? —empezó Aoi.

 

—Por supuesto —sonrió ella—. Y además... tengo otro regalo.

 

Señaló los trajes que aún llevaban puestos: el de la Domadora, la Caballera y la Guardiana.

 

—Quiero que se los lleven.

 

Los tres parpadearon.

 

—¿Eh?

 

Shizuka sonrió mientras acariciaba con cuidado la tela del vestido de Aoi.

 

—Un traje cobra valor cuando encuentra a la persona para la que fue hecho.

 

Miró después la armadura de Reika.

 

Luego la de Reina.

 

—Yo los confeccioné inspirándome en los héroes que veía en la pantalla.

 

Sonrió con sinceridad.

 

—Ahora esos mismos héroes los están usando delante de mí.

 

Hizo una pequeña reverencia.

 

—No podría imaginar un mejor dueño para ellos.

 

Aoi miró el tejido azul y los bordados dorados.

 

—Pero... debieron costar muchísimo trabajo y dinero...

 

—Y no queremos abusar de su amabilidad —añadió Reika.

 

Shizuka negó con una sonrisa cálida.

 

—Valió cada segundo y cada moneda invertida. Además... —guiñó un ojo— si algún día quieren volver a ayudarme otro fin de semana... ¡puedo hacer otros igual de bonitos!

 

Los tres se miraron entre sí. La tensión y la vergüenza de las horas anteriores se fueron transformando poco a poco en gratitud.

 

—Muchísimas gracias —dijo Aoi con una sonrisa sincera.

 

—Los cuidaremos con mucho cariño —añadió Reika haciendo una pequeña reverencia.

 

Reina abrazó la caja de regalos con fuerza y miró a Shizuka con brillo en los ojos.

 

—Y yo... les haré una ilustración especial para la tienda. Se las entregaré pronto.

 

—¿En serio? —Shizuka casi salta de alegría.

 

—Claro —respondió Reina—. Es lo mínimo que podemos hacer después de todo lo que nos ha pasado hoy.

 

Los empleados aplaudieron de nuevo, esta vez con calidez. Y por primera vez desde aquella mañana, mientras el sol comenzaba a ocultarse tras los escaparates, Aoi, Reika y Reina sintieron que, pese a todo el caos, las risas a costa ajena y las incontables fotografías, aquel extraño y agotador domingo había valido totalmente la pena.

 

Una vez salieron las 3 con el pago de ese dia y los trajes en sus manos

 

Aoi observó el vestido azul, ahora doblado con mucho cuidado entre sus brazos, y sonrió con suavidad. Tal vez no había sido el trabajo tranquilo que se había imaginado al principio... pero había conseguido lo que necesitaba para el próximo evento, tres amigos inesperados y una anécdota que ninguno de los tres olvidaría jamás.

 

Reina rompió el silencio con una media sonrisa:

 

—...La próxima vez... busquemos un trabajo donde nadie nos reconozca.

 

Hubo un instante de pausa. Y al mismo tiempo, los tres estallaron en una última carcajada compartida, que se mezcló con el sol que ya se ocultaba, cerrando así el día más extraño, divertido y memorable que habían vivido juntos.

 

Thoughts

  • feDeObrero

    Shizuka me cae bien y a la vez no le quito el ojo. Lo del traje que vale cuando encuentra a su dueño suena bonito, pero también es la manera de que regresen, y lo dice guiñando el ojo.

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  • elmaskeleto

    Aoi saliendo a juntar plata para el evento sin pedirle nada a sus hermanas y terminando de cartel humano con peluca. Ese domingo lo conozco, causa.

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