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Capítulo 44: ¡Una princesa en la enfermería!

DNavarrete

Contenido de la publicación

La enfermería de la academia estaba tranquila, iluminada por la luz del sol que entraba a través de las ventanas. El aroma del desinfectante flotaba suavemente en el ambiente mientras Minori-sensei terminaba de limpiar la herida que Yuuto tenía en la frente.

 

El muchacho estaba sentado en el borde de una camilla, con las piernas juntas y las manos apoyadas sobre las rodillas. Su capucha y su cubrebocas descansaban a un lado, sobre una silla, dejando su rostro completamente al descubierto. El cabello plateado caía alrededor de sus mejillas y sus ojos violetas seguían con atención cada movimiento de la enfermera.

 

Minori, por su parte, tenía una expresión que mezclaba preocupación y resignación.

 

—Yuuto, cariño… ¿cómo es posible que siempre termines metido en algún problema?

 

Yuuto frunció los labios.

 

—¡No es culpa mía! —respondió con su voz natural—. ¡Solo intenté ayudarla! Además, no tengo tanta fuerza como para detener a alguien que se cae por unas escaleras.

 

Minori se detuvo. Después levantó lentamente la mirada hacia él.

 

—¿Ah, sí?

 

—Sí.

 

—¿Y se supone que debo creer que no podías hacer otra cosa?

 

—¡No podía dejar que se cayera!

 

—Eso ya lo sé, pequeño héroe.

 

Yuuto se relajó un poco, creyendo que la conversación había terminado. Fue un error.

 

Minori extendió un dedo y le picó suavemente una mejilla.

 

—Pero, dime una cosa… ¿cómo es posible que un hombre tenga tan poquita fuerza?

 

Yuuto abrió los ojos de par en par.

 

—¡Oye!

 

Minori volvió a picarle la mejilla.

 

—¡Se supone que los hombres deben ser fuertes! ¡Mira qué brazos tienes!

 

—¡Mis brazos están bien!

 

—¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué acabaste debajo de una chica que se caía?

 

—¡Porque intenté sujetarla y perdí el equilibrio!

 

—¡Qué tragedia! Nuestro caballero intentó rescatar a una dama y terminó derrotado por la gravedad.

 

—¡Minori-sensei!

 

La enfermera soltó una risita y le dio una última palmadita en la cabeza antes de guardar el material médico.

 

Yuuto infló las mejillas, indignado.

 

—¡Soy un hombre! ¡Aunque alguien me vea por primera vez, no significa que pueda decidir lo contrario!

 

Minori lo observó durante unos segundos. Después se llevó una mano al mentón, fingiendo analizarlo con la seriedad de una experta.

 

—Mmm… Cabello plateado, ojos violetas, rostro delicado, piel suave…

 

—¿Qué estás haciendo?

 

—Una evaluación profesional.

 

—¡Eso no parece una evaluación médica!

 

—Y una apariencia tan bonita que, si alguien te viera por primera vez, probablemente pensaría que eres una princesa de novela o la heroína de algún anime romántico.

 

Yuuto se quedó completamente inmóvil. Sus mejillas comenzaron a teñirse de rojo.

 

—…

 

Minori sonrió.

 

—¡Oh! ¡Mira esa carita! ¡Hasta te sonrojas como una princesa!

 

—¡YA BASTA!

 

Yuuto levantó los puños y comenzó a golpear suavemente las manos que Minori había colocado frente a él para defenderse.

 

—¡Toma! ¡Y esto también! ¡Y esto!

 

—¡AAAAH! ¡El ataque tierno de la princesa plateada!

 

—¡NO SOY UNA PRINCESA!

 

—¡Sus puñitos son demasiado adorables! ¡No puedo defenderme!

 

—¡DEJA DE LLAMARLOS ADORABLES!

 

Yuuto siguió golpeándole las manos con pequeños puñetazos, cada vez más colorado y enfadado. Por supuesto, no estaba haciendo ningún daño. Minori podía haber apartado las manos en cualquier momento, pero aquello era demasiado divertido para desperdiciarlo.

 

—¡Cuidado! ¡La princesa ha desatado toda su furia! —exclamó ella, protegiéndose teatralmente—. ¡Estamos perdidos!

 

—¡TE VOY A…!

 

Yuuto se interrumpió. No sabía qué iba a hacerle exactamente, pero estaba dispuesto a encontrar una amenaza suficientemente aterradora.

 

Minori aprovechó su silencio para pellizcarle suavemente la mejilla una vez más.

 

—¡Qué lindo!

 

—¡¡¡MINORI-SENSEI!!!

 

La enfermería se llenó de risas. Y fue precisamente en aquel momento cuando la puerta se abrió.

 

—¿Se puede saber qué está pasando aquí? —preguntó una voz femenina.

 

Minori y Yuuto se quedaron quietos. Ambos giraron la cabeza hacia la entrada.

 

Allí estaban Reika y Ayaka. Pero no habían venido solas. Junto a ellas se encontraba Nano Fujimoto, que había acompañado a las dos chicas hasta la enfermería después de enterarse de que Yuuto se había lastimado.

 

Durante unos segundos, las tres contemplaron la escena. Minori con las manos levantadas, como si acabara de defenderse de una amenaza terrible. Yuuto sentado en la camilla, con los puños preparados y las mejillas rojas. Y el rostro descubierto del muchacho, completamente visible bajo la luz de la ventana.

 

Yuuto palideció.

 

—¡Ah…!

 

Se apresuró a tomar su cubrebocas, el instinto de esconderse fue más fuerte. Se llevó las manos a la cabeza, intentando cubrirse el rostro con el cabello.

 

Reika lo notó de inmediato.

 

—Yuuto, tranquilo —le dijo con suavidad—. No necesitas esconderte.

 

Él la miró con incertidumbre. Reika se acercó un poco más.

 

—Nano ya sabe cómo te ves. Te vio el fin de semana en la tienda donde fuiste a comprar.

 

Yuuto volvió la mirada hacia Nano. Ella no parecía confundida ni horrorizada. De hecho, lo observaba con una expresión de sorpresa y curiosidad que resultaba difícil de interpretar.

 

—Es verdad —añadió Ayaka, cruzándose de brazos—. Así que puedes dejar de intentar convertirte en una bola de cabello plateado.

 

Yuuto bajó lentamente las manos. Nano, entretanto, dio un pequeño paso hacia delante. Y luego otro. Sus ojos se movían de un lado a otro, estudiando el rostro de Yuuto con una fascinación cada vez más evidente.

 

—Vaya…

 

Yuuto parpadeó.

 

—¿Eh?

 

Nano se acercó un poco más. Demasiado más. Tanto que Yuuto tuvo que inclinar ligeramente la cabeza hacia atrás para mantener una distancia razonable entre sus rostros.

 

—Así que este es tu aspecto real… —murmuró ella.

 

—Nano —advirtió Reika.

 

Pero Nano parecía no haberla escuchado. Se inclinó ligeramente hacia un lado, observando el cabello plateado que enmarcaba el rostro de Yuuto. Después examinó sus ojos violetas, sus pestañas y sus delicadas facciones.

 

Yuuto comenzó a ponerse colorado.

 

—E-esto…

 

Nano se acercó todavía un poquito más.

 

—Increíble…

 

—Nano —repitió Reika, esta vez con una voz considerablemente más firme.

 

Ayaka, que había estado observando la escena con creciente diversión, entrecerró los ojos. Después miró a Reika. Luego volvió a mirar a Nano. Y una sonrisa traviesa apareció en sus labios.

 

—Ooooh…

 

Reika giró la cabeza.

 

—¿Qué?

 

—Nada.

 

—Ayaka.

 

—Es que… —Ayaka se llevó una mano a la boca para contener la risa—. Nuestra presidenta parece un poquito celosa.

 

—¡¿QUÉ?!

 

—¡Solo digo que Nano está demasiado cerca de Yuuto y tú pareces a punto de sacarla de la enfermería por la oreja!

 

—¡No estoy celosa! ¡Simplemente considero que debería respetar el espacio personal de los demás!

 

—Por supuesto, por supuesto.

 

—¡AYAKA!

 

Mientras las dos discutían en voz baja, Nano finalmente se apartó unos centímetros. Suspiró profundamente.

 

—En serio… Si no lo estuviera viendo tan de cerca, jamás me lo habría imaginado.

 

Yuuto ladeó la cabeza.

 

—¿Qué cosa?

 

Nano se llevó una mano al pecho.

 

—He leído muchas novelas y mangas en los que aparece un chico con una apariencia tan andrógina que todo el mundo lo confunde con una chica. También he visto animes con personajes así. Pero una cosa es leerlo o verlo dibujado y otra completamente distinta es tener a alguien así delante de ti.

 

Miró nuevamente a Yuuto. Sus ojos brillaban con una mezcla de asombro y curiosidad.

 

—Es completamente diferente…

 

Yuuto la observó sin comprender. Minori, que había estado recogiendo el material médico, alzó una ceja.

 

—¿Estás diciendo que nuestro Yuuto parece salido de una novela?

 

—¡Exactamente! —respondió Nano con absoluta seriedad.

 

—¡Minori-sensei, no la animes! —protestó Yuuto.

 

—¿Y qué quieres que haga? ¡Yo solo he dicho que pareces una princesa de anime!

 

—¡TÚ TAMBIÉN, NO!

 

Ayaka empezó a reírse. Reika se llevó una mano a la frente. Y Nano…

 

Nano volvió a mirar a Yuuto. Esta vez, sin embargo, su expresión cambió. La curiosidad inicial dio paso a algo más serio. Bajó lentamente la mirada y juntó las manos delante de su cuerpo.

 

—Yuuto…

 

Él se quedó quieto. La muchacha respiró hondo.

 

—Quiero pedirte perdón.

 

La sonrisa de Minori desapareció poco a poco. Ayaka dejó de reír. Reika guardó silencio.

 

Nano levantó la cabeza y miró directamente a Yuuto.

 

—Por los panfletos. Por los rumores. Por haber formado parte de un grupo que hablaba de ti sin conocerte realmente. Y por no haberme detenido a pensar en lo que estabas pasando.

 

Apretó las manos.

 

—Sé que no puedo deshacer lo que ha ocurrido. Tampoco puedo pedirte que olvides todo de un momento a otro. Pero quiero que sepas que lo lamento de verdad.

 

Yuuto la observó sin moverse. Nano continuó, con la voz cada vez más baja.

 

—Es culpa mía. Y también de todos los que decidimos creer los rumores en lugar de acercarnos a ti y conocerte. Nos resultó más fácil señalarte que intentar comprenderte. Y, mientras nosotros hacíamos eso, tú seguías aquí, intentando vivir tu vida como cualquier otro estudiante.

 

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

 

—Por nuestra culpa, alguien que no merecía ser aislado terminó todavía más solo.

 

Yuuto bajó la mirada. Los panfletos. Las miradas. Los susurros. Todo aquello que había intentado ignorar durante tanto tiempo regresó brevemente a su mente. Pero después recordó otra cosa. Recordó que Nano había decidido acercarse a él. Que había ido a la tienda, que lo había reconocido y que, a pesar de la sorpresa inicial, ahora estaba allí, delante de él, pidiéndole perdón. No intentando justificarse. No echándole la culpa a los demás. Simplemente reconociendo lo que había hecho.

 

Yuuto levantó la cabeza. Miró a Reika. Después a Ayaka. Las dos le devolvieron una mirada tranquila. No parecían desconfiar de Nano ni creer que estuviera fingiendo. Le estaban dejando la decisión a él.

 

Yuuto volvió a mirar a la muchacha. Y, de pronto, tomó una decisión. Se bajó de la camilla, se acercó a Nano y le tomó ambas manos. Ella abrió los ojos, sorprendida.

 

Yuuto levantó suavemente sus manos entre las suyas y le dedicó una sonrisa cálida.

 

—Eso no importa —dijo con su voz natural—. Estoy feliz de que hayas decidido acercarte a mí.

 

Nano se quedó inmóvil. Yuuto apretó ligeramente sus manos.

 

—Gracias, Nano.

 

Su voz era suave. Femenina. Tan dulce y delicada que parecía encajar perfectamente con el rostro que tenía delante.

 

—Me alegro de que podamos conocernos.

 

Y entonces ocurrió. Nano dejó de parpadear. Su sonrisa se congeló. Sus ojos se abrieron lentamente mientras su cerebro intentaba procesar las palabras que acababa de escuchar.

 

Había visto a Yuuto. Había contemplado su cabello plateado, sus ojos violetas y aquel rostro que parecía sacado de una ilustración. Pero no había estado preparada para escuchar su voz. Una voz tan femenina que, combinada con su apariencia, parecía sacada directamente de una de aquellas novelas románticas que tanto le gustaban.

 

Pasó un segundo. Dos segundos. Tres.

 

Yuuto inclinó la cabeza.

 

—¿Nano?

 

Cuatro segundos. Cinco. La muchacha seguía sin responder. Su mente parecía haber abandonado su cuerpo.

 

Un chico andrógino… Un chico con una apariencia preciosa… Un chico con una voz así… Y me está tomando las manos… ¡¿QUÉ CLASE DE EVENTO ES ESTE?!

 

En su imaginación, decenas de portadas de novelas y viñetas de manga comenzaron a desfilar a una velocidad imposible. Los personajes que siempre había admirado parecían haberse materializado de repente frente a ella. Y ahora uno de ellos le estaba sonriendo personalmente.

 

Nano abrió la boca. No salió ningún sonido. Después, su expresión se volvió extrañamente vacía.

 

—Ah…

 

Yuuto frunció ligeramente el ceño.

 

—¿Nano? ¿Te encuentras bien?

 

Nada.

 

—¿Te duele algo?

 

Nada.

 

Yuuto agitó suavemente sus manos, todavía sujetando las de ella.

 

—¿Nano?

 

Entonces la muchacha se llevó ambas manos a las mejillas.

 

—¡ES REAL…!

 

—¿Eh?

 

—¡ES REALMENTE REAL!

 

Nano soltó un pequeño grito ahogado y se llevó las manos a la cabeza.

 

—¡UN CHICO ANDRÓGINO DE VERDAD! ¡CON ESA CARA! ¡Y ESA VOZ!

 

Yuuto dio un respingo.

 

—¡¿QUÉ?!

 

Nano comenzó a temblar.

 

—¡No es una ilustración! ¡No es un personaje de manga! ¡No es una novela! ¡Está aquí! ¡DELANTE DE MÍ!

 

—¡N-Nano, cálmate!

 

—¡¿CÓMO QUIERES QUE ME CALME?!

 

La muchacha dio un paso atrás y se sujetó la cabeza con ambas manos.

 

—¡He leído historias sobre personajes así durante años! ¡He imaginado cómo serían en la vida real! ¡Pero no pensé que algún día conocería a uno de verdad y que encima sería tan… tan…!

 

Se detuvo. Miró a Yuuto de arriba abajo. Sus mejillas se pusieron rojas.

 

—¡TAN PRECIOSO!

 

—¡¡¡NO SOY PRECIOSO!!!

 

Yuuto se cubrió la cara con ambas manos. Demasiado tarde. Nano ya estaba completamente fuera de combate.

 

—Su voz… —murmuró, mirando al vacío—. Su cara… Su cabello… ¡Y esa forma de sonreír!

 

Se llevó una mano al corazón.

 

—Creo que voy a necesitar sentarme.

 

Y, efectivamente, se dejó caer en la silla más cercana. Yuuto la miró aterrorizado.

 

—¡¿Qué te pasa?! ¡Minori-sensei, creo que Nano está enferma!

 

Minori se quedó mirándolo. Después miró a Nano, que seguía con las mejillas rojas y la expresión perdida. Finalmente, suspiró.

 

—No, cariño. Creo que acaba de descubrir su nuevo pasatiempo favorito.

 

—¡¿QUÉ?!

 

Ayaka se tapó la boca con ambas manos. Sus hombros comenzaron a temblar.

 

—No… No puede ser…

 

Reika cerró los ojos lentamente.

 

—Por favor, dime que no está pasando lo que creo que está pasando…

 

Minori se cruzó de brazos.

 

—Me temo que sí.

 

Las tres miraron a Nano. La muchacha seguía murmurando cosas incomprensibles sobre novelas, mangas y personajes andróginos, como si acabara de descubrir que uno de sus sueños más absurdos se había hecho realidad.

 

Yuuto, mientras tanto, se acercó a ella con evidente preocupación.

 

—Nano… ¿de verdad estás bien?

 

Ella levantó lentamente la cabeza. Sus ojos se encontraron con los de Yuuto. Y su cerebro volvió a dejar de funcionar.

 

—¡AHHHHH!

 

Yuuto retrocedió de un salto.

 

—¡¿POR QUÉ GRITAS?!

 

Ayaka ya no pudo contenerse y estalló en carcajadas. Reika se cubrió el rostro con una mano, completamente roja, aunque esta vez no tenía nada que ver con los celos. Minori suspiró como una profesional que acababa de descubrir un nuevo caso médico imposible.

 

Y las tres compartieron exactamente el mismo pensamiento.

 

Genial. Ahora tenemos otra rarita en el grupo.

 

Mientras tanto, Yuuto seguía intentando averiguar cómo podía ayudar a Nano, convencido de que algo terrible le había ocurrido. Sin saber que, en realidad, la pobre muchacha acababa de encontrar al protagonista perfecto para todas las novelas románticas que había leído en su vida. Y que, desde aquel momento, su tranquila existencia como fan de los personajes andróginos jamás volvería a ser la misma.

 

—Yuuto, tengo una pregunta.

 

La voz de Reika interrumpió el silencio de la enfermería. Yuuto, que todavía estaba preocupado por el extraño comportamiento de Nano, giró la cabeza hacia ella. La joven presidenta del consejo estudiantil tenía los brazos cruzados y una expresión seria, aunque en sus mejillas aún quedaba un ligero rubor por todo lo ocurrido.

 

—¿Qué sucede, Reika?

 

—¿De verdad crees que Nano vino aquí solamente para cumplir su fantasía otaku?

 

—¡¿Qué?! ¡No es ninguna fantasía! —protestó Nano, ofendida, ajustándose las gafas—. ¡No me compares con una persona que persigue sus fantasías sin pensar en las consecuencias!

 

—No estaba hablando contigo.

 

—¡Pero me estás acusando directamente!

 

—Entonces no respondas si no te das por aludida.

 

—¡¿Cómo que no me dé por aludida?!

 

Ayaka se tapó la boca para contener una carcajada. Minori-sensei, por su parte, continuó guardando los materiales médicos con una tranquilidad admirable, como si las discusiones entre las estudiantes fueran parte de sus tareas habituales. Yuuto observó a ambas chicas, sin saber muy bien cómo reaccionar.

 

¿Por qué siempre terminan discutiendo cuando están juntas?

 

Reika suspiró y volvió a dirigir su atención hacia él.

 

—En fin, dejando de lado las aficiones particulares de cierta persona…

 

—¡Te estoy escuchando!

 

—Nano se enteró de lo que te está pasando y quiso ayudarte. De hecho, por eso estamos aquí. Tiene una idea que podría servirte.

 

La expresión de Yuuto cambió ligeramente. Miró a Nano, quien todavía parecía molesta por los comentarios de Reika, aunque su actitud se suavizó en cuanto sus miradas se encontraron.

 

—Bueno… —comenzó Nano, acomodándose las gafas—. Hace unos días me enteré de que hay personas buscando información sobre Mika. Algunas pertenecen a clubes de la academia y otras simplemente quieren conocerla. Sus fotografías se han extendido por las redes sociales de los estudiantes, y ya hay quienes aseguran que Mika pertenece a nuestra escuela.

 

Yuuto bajó un poco la mirada. Aquello no era precisamente una novedad agradable. Había creado a Mika como una identidad que le permitía mostrarse ante los demás sin sentir que estaba exponiendo directamente a Yuuto. Sin embargo, nunca imaginó que aquella pequeña decisión terminaría convirtiéndose en un tema de conversación para tantos estudiantes.

 

—Lo que ocurre es que nadie sabe demasiado sobre ella —continuó Nano—. Tenemos algunas fotografías, rumores y un montón de especulaciones, pero nadie ha conseguido encontrarla. Eso hace que la curiosidad aumente cada vez más.

 

—¿Y qué tiene que ver eso con ayudar a Yuuto? —preguntó Ayaka.

 

Nano sonrió ligeramente.

 

—Dentro de unos días se celebrará un evento de anime y cosplay en una estación. Es una actividad bastante grande, con puestos de venta, exhibiciones, concursos y personas que acuden disfrazadas de sus personajes favoritos.

 

Yuuto levantó la cabeza.

 

—¿Un evento de cosplay?

 

—Así es. Además de pertenecer al Club de Periodismo, también colaboro con el Club de Manga y Cosplay de la academia. Vamos a participar en el evento y tenemos pensado preparar varias actividades.

 

Yuuto parpadeó, sorprendido.

 

—No sabía que existía un club así en la academia…

 

—Es comprensible —intervino Ayaka—. Se creó el año pasado y al principio apenas tenía unos cuantos miembros. Actualmente somos alrededor de quince.

 

—¿Quince?

 

—¡Oye, no te burles! —protestó Ayaka, inflando las mejillas—. Para un club tan específico, quince miembros no está nada mal. Además, hay estudiantes que no están inscritos oficialmente, pero participan en nuestras actividades cuando pueden.

 

—No me estaba burlando…

 

—Lo sé, lo sé. Solo quería molestarte un poco.

 

Ayaka le sonrió con dulzura y Yuuto volvió a bajar tímidamente la mirada. Nano aprovechó aquel momento para continuar.

 

—El caso es que quiero proponerte algo. Me gustaría que participaras con nosotros en el evento.

 

Yuuto la miró. Al principio, no pareció comprender del todo lo que acababa de escuchar.

 

—¿Yo?

 

—Sí, tú.

 

—¿Como… cosplay?

 

—Exactamente.

 

Yuuto se quedó inmóvil durante unos segundos. Luego, casi instintivamente, se llevó las manos al pecho y negó con la cabeza.

 

—No creo que pueda hacer algo así…

 

—¡Espera, todavía no he terminado! —Nano levantó una mano—. No te estoy pidiendo que aparezcas como Yuuto. Quiero que participes como Mika.

 

Aquellas palabras hicieron que Yuuto dejara de negar con la cabeza. Su expresión seguía siendo insegura, pero ahora había algo de comprensión en sus ojos. Mika. La identidad con la que había podido mostrarse al mundo sin cargar con el miedo que acompañaba a su nombre real.

 

—Pero… ¿por qué yo? —preguntó en voz baja.

 

Nano sonrió.

 

—Porque Mika ya es conocida, aunque nadie sepa quién es realmente. Si apareces en el evento, la gente podrá verla con sus propios ojos. Dejará de ser una chica misteriosa de la que solo circulan fotografías y rumores.

 

—Pero eso significa que muchas personas podrían acercarse a mí…

 

—Es posible —admitió Nano—. No voy a mentirte diciendo que no sentirás nervios o que todo saldrá perfectamente. Sin embargo, estarás con nosotros. No tendrás que enfrentarte a toda esa gente por tu cuenta.

 

Yuuto guardó silencio. Nano no parecía estar bromeando. Tampoco tenía aquella expresión de fascinación descontrolada que había mostrado unos minutos antes. Ahora estaba hablando con seriedad, como alguien que había pensado en una forma de ayudarlo.

 

—Además —añadió ella—, el club necesita participantes para el evento. Tenemos algunos cosplayers, pero todavía nos faltan personas para completar ciertas actividades. Y, si Mika aparece públicamente, podremos aprovechar la ocasión para presentar su participación como una colaboración especial de nuestra academia.

 

—¿Una colaboración especial? —repitió Yuuto.

 

—¡Exacto! —Nano asintió con entusiasmo—. Podríamos anunciar que Mika participará en el evento junto al Club de Manga y Cosplay. No tendrías que revelar tu nombre real ni explicar nada sobre tu vida privada. Solo estarías allí como Mika.

 

—Aunque me parece que Nano está disfrutando demasiado de imaginarlo… —murmuró Reika.

 

—¡Estoy hablando de una estrategia perfectamente razonable!

 

—Claro. Una estrategia perfectamente razonable que casualmente incluye ver a Yuuto vestido de cosplay.

 

—¡Reika!

 

Ayaka soltó una carcajada.

 

—¡Vamos, Nano! ¡Ni siquiera intentes negarlo! ¡Te brillan los ojos cada vez que lo miras!

 

—¡Eso es porque estoy emocionada por el proyecto!

 

—Por supuesto —respondió Reika con una sonrisa demasiado inocente—. Un proyecto muy importante para el futuro del club.

 

—¡Dejen de burlarse de mí!

 

Yuuto contempló la discusión con una mezcla de confusión y alivio. Por un instante, casi había olvidado que estaban hablando de algo que podía cambiar la manera en que los demás lo veían. Sin embargo, cuando el ruido disminuyó, volvió a mirar a Nano.

 

—Si participo… ¿qué ocurrirá cuando descubran que Mika y yo somos la misma persona?

 

La pregunta hizo que el ambiente se volviera más tranquilo. Nano dejó de sonreír. Reika descruzó los brazos. Incluso Ayaka, que hasta entonces había disfrutado de la discusión, adoptó una expresión más seria. Era una pregunta razonable. Y ninguna de ellas podía garantizar que todos los estudiantes reaccionarían bien.

 

Antes de que Nano respondiera, Minori-sensei dejó los materiales médicos sobre una bandeja y se acercó al grupo.

 

—Creo que entiendo lo que Nano está intentando hacer.

 

Yuuto volvió la cabeza hacia ella.

 

—¿Minori-sensei?

 

La enfermera sonrió con suavidad.

 

—Actualmente, muchas personas de la academia conocen tu nombre, Yuuto, pero no conocen a la persona que hay detrás de él. Lo que saben de ti está mezclado con rumores, fotografías sacadas de contexto y las historias que otros han contado.

 

Yuuto bajó los ojos.

 

—Si aparecieras públicamente como Mika, sucedería algo diferente —continuó Minori—. Las personas tendrían la oportunidad de conocerte primero a través de esa identidad. Podrían verte hablar, participar en una actividad y relacionarte con otras personas. Descubrirían que Mika no es solamente una fotografía misteriosa que circula por internet.

 

La enfermera hizo una pequeña pausa antes de continuar.

 

—Y cuando finalmente se descubriera que Mika y Yuuto son la misma persona, no estarían intentando imaginar cómo es alguien a quien nunca han visto. Ya conocerían una parte de ti.

 

Yuuto levantó lentamente la cabeza.

 

—¿Eso significa que…?

 

—Que la revelación podría resultar menos impactante —explicó Minori—. No necesariamente desaparecerían las críticas o las reacciones negativas, pero tendrían algo más que rumores en los que apoyarse. Ya habrían visto a Mika como una persona real, con sus propias cualidades, en lugar de como un misterio al que atribuirle cualquier cosa.

 

Yuuto permaneció en silencio. Comenzaba a comprender lo que Nano quería conseguir. No se trataba simplemente de mostrar a Mika al público. Era una manera de permitir que los demás se acostumbraran poco a poco a su apariencia, a su voz y a la existencia de una faceta suya que hasta entonces había mantenido separada de su vida escolar. Una forma de preparar el terreno antes de que ambas identidades terminaran encontrándose.

 

Pero había algo que todavía le preocupaba.

 

—¿Y si se sienten engañados? —preguntó—. Si conocen a Mika y después descubren que soy yo… ¿no pensarán que les he mentido?

 

Su voz se volvió más baja al terminar la frase. Era un temor que conocía demasiado bien. Yuuto había pasado años ocultándose porque temía la reacción de los demás. La posibilidad de que alguien lo aceptara como Mika y después lo rechazara al descubrir su identidad real le resultaba especialmente dolorosa.

 

Reika dio un paso hacia él.

 

—Eso es imposible.

 

Yuuto la miró, sorprendido por la seguridad de su respuesta.

 

—No puedo prometerte que absolutamente todo el mundo reaccionará bien —aclaró ella—. Habrá personas que se enfaden, otras que se sorprendan y algunas que no sepan cómo reaccionar. No podemos controlar lo que piensen todos.

 

Reika se detuvo frente a él y le sostuvo la mirada.

 

—Pero no creo que sea justo decir que los habrás engañado solo por no contarles algo que forma parte de tu intimidad. Mika es una identidad que utilizas para sentirte más cómodo. No le estás haciendo daño a nadie por querer mantener separadas esas dos partes de tu vida.

 

Yuuto apretó suavemente los dedos sobre sus rodillas.

 

—Además —continuó Reika—, si antes de descubrir tu identidad tienen la oportunidad de conocer a Mika, será más fácil que comprendan que no hay dos personas distintas. Eres tú, Yuuto. La misma persona que se preocupa por sus amigos, que se esfuerza por estudiar aunque las matemáticas sean tu peor enemigo y que intenta ayudar incluso a quienes le han hecho daño.

 

—¡Oye! —protestó Ayaka, señalándola—. ¡Lo de las matemáticas era innecesario!

 

—Pero es verdad.

 

—¡No tenías que decirlo delante de él!

 

Por primera vez desde que comenzó la conversación, Yuuto dejó escapar una pequeña risa. Fue apenas un sonido suave, casi imperceptible, pero bastó para que Reika sonriera.

 

—Lo importante —añadió ella— es que no tienes que hacerlo por nosotros ni porque creamos que es una buena idea. Si decides participar, debe ser porque tú también quieres intentarlo. Y si no estás preparado, nadie debería obligarte.

 

Nano asintió inmediatamente.

 

—Reika tiene razón. No quiero que hagas algo que te haga sentir incómodo. Mi propuesta consiste en darte una oportunidad, no en decidir por ti.

 

Después de decir aquello, pareció recordar algo y levantó un dedo.

 

—Eso sí, si aceptas, tendremos que hablar sobre el vestuario, el horario, las actividades y la forma de proteger tu identidad. No quiero que acabes rodeado de personas sin saber cómo manejar la situación.

 

—Y tendrás que asegurarte de que nadie publique fotografías tuyas sin permiso —añadió Ayaka—. Especialmente si eso puede poner en peligro tu privacidad.

 

—Exactamente —respondió Nano—. Podemos acordar las condiciones con los organizadores. Y, si en algún momento te sientes incómodo, puedes retirarte. No tienes que quedarte solo porque hayas aceptado participar.

 

Yuuto las escuchó atentamente. Era extraño. Hasta hacía poco, la idea de aparecer ante un grupo numeroso de personas le habría provocado el deseo inmediato de esconderse. Todavía sentía miedo al imaginar las miradas, los murmullos y las preguntas que podrían hacerle. Pero esta vez había algo diferente. No tendría que hacerlo solo. Reika estaría allí. Ayaka también. Y Nano, pese a su peculiar debilidad por los personajes andróginos, parecía realmente decidida a ayudarlo. Incluso Minori-sensei le estaba ofreciendo una perspectiva que no había considerado.

 

Yuuto bajó la mirada hacia sus manos.

 

¿Y si tienen razón?

 

Quizá conocer a Mika antes de descubrir quién era Yuuto pudiera cambiar algo. Quizá algunas personas dejaran de verlo como un rumor y comenzaran a reconocerlo como alguien real. O quizá todo saliera mal. No podía saberlo. Y, precisamente por eso, no quería tomar una decisión apresurada.

 

Finalmente, levantó la cabeza y miró a Nano.

 

—Lo pensaré.

 

Nano abrió ligeramente los ojos. No era una aceptación, pero tampoco un rechazo. Para ella, aquello ya era suficiente.

 

—Está bien —respondió con una sonrisa—. No necesitas darme una respuesta ahora. El evento todavía no ha comenzado y tenemos tiempo para organizarlo.

 

—Y, por favor, recuerda que no tienes que aceptar solo porque Nano te lo haya pedido —insistió Reika.

 

—¡Ya lo ha entendido! —replicó Nano—. ¡No soy una acosadora!

 

Reika la miró en silencio. Nano le devolvió la mirada. Ayaka se llevó una mano a la boca.

 

—Bueno… una acosadora no, pero una otaku con una peligrosa debilidad sí.

 

—¡AYAKA!

 

Yuuto volvió a reír suavemente. Esta vez, Nano se quedó mirándolo durante un segundo más de lo necesario. Su sonrisa, su cabello plateado y aquella voz delicada seguían pareciéndole algo sacado de una de sus novelas favoritas. Pero entonces recordó por qué había decidido acercarse a él en primer lugar. Yuuto no era un personaje creado para satisfacer sus gustos. Era un chico que había sufrido por la forma en que los demás lo veían y que todavía estaba aprendiendo a confiar en las personas. Si de verdad quería ayudarlo, debía recordar esa diferencia.

 

Nano se acomodó las gafas y recuperó su expresión seria.

 

—Bueno, Yuuto. Piénsalo con calma. Cuando hayas tomado una decisión, puedes decírmelo. Y, si aceptas, prometo que haré todo lo posible para que el evento sea una buena experiencia para ti.

 

Yuuto la miró durante unos instantes. Después, con una pequeña sonrisa, respondió:

 

—Gracias, Nano.

 

La chica sintió que su corazón daba un pequeño salto.

 

¡Otra vez esa voz…!

 

Apretó los puños discretamente.

 

¡No! ¡Concéntrate, Nano! ¡Estás aquí para ayudarlo!

 

Reika, que había observado el cambio en su expresión, entrecerró los ojos.

 

—Nano.

 

—¿S-sí?

—¿Estás escuchando lo que estamos diciendo?

 

—¡Por supuesto!

 

—Entonces, ¿por qué estás mirando a Yuuto como si acabaras de encontrar una edición limitada de tu manga favorito?

 

Nano se quedó petrificada. Ayaka cayó en una carcajada. Minori-sensei suspiró, aunque una sonrisa divertida apareció en sus labios. Y Yuuto, que no comprendía del todo la comparación, inclinó la cabeza con expresión desconcertada.

 

—¿Una edición limitada…?

 

—No te preocupes, Yuuto —dijo Reika, colocándose discretamente a su lado—. Es mejor que no preguntes.

 

—¡¿Por qué?!

 

 

—Por tu propia tranquilidad.

Yuuto parpadeó. Nano protestó. Ayaka siguió riendo. Y Minori-sensei decidió que, por el bien de su salud mental, sería mejor terminar de recoger los materiales médicos antes de que aquella enfermería se convirtiera oficialmente en el club de comedia de la academia.

 

Sin embargo, mientras las voces de sus amigas llenaban la habitación, Yuuto volvió a pensar en la propuesta. Un evento de anime. Un escenario público. Mika, frente a personas que hasta entonces solo habían podido imaginarla. Todavía tenía miedo. Pero, por primera vez, también sentía curiosidad por descubrir qué ocurriría si se atrevía a dar un pequeño paso hacia el exterior de su escondite.

Thoughts

  • rellenoPuro

    Treinta y un minutos con este y la cuenta que me cuadra es otra: Sakura se va a enterar del evento antes de que Yuuto decida nada.

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  • feDeObrero

    Órale, Nano pide perdón sin un solo pero, y a los diez minutos ya lo está mirando como tomo de colección. Para mí es el mismo error con otra cara, verlo como personaje y no como chavo, y me gustó que ella misma se dé cuenta casi al final.

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