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Capítulo 30: creando recuerdos

DNavarrete
Pensamiento

Pensamiento

OsvaldoFierro

Kaede no la apura, espera y después apoya el hombro contra el de ella. Eso yo no lo supe hacer en cuarenta años, poh.

Kaede no la apura, espera y después apoya el hombro contra el de ella. Eso yo no lo supe hacer en cuarenta años, poh.

Contenido de la publicación

Lilia permanecía sentada contra la cabecera de la cama, todavía envuelta parcialmente en las mantas. Aunque su fiebre había bajado un poco, seguía teniendo las mejillas sonrosadas y el cabello ligeramente desordenado. Kaede se había sentado cerca de ella, mientras Miyu ocupaba una silla y Ren permanecía de pie junto al escritorio.

 

Lilia los miró a los tres.

 

—¿Qué ocurrió en la escuela? ¿Qué pasó en clase?

 

Ren levantó una ceja y sacó un cuaderno de su bolso mientras se lo entregaba.

 

—Eso es lo primero que quieres saber. Deberías preocuparte por recuperarte en lugar de preocuparte por las clases. Aquí tienes los apuntes.

 

Lilia tomó el cuaderno inmediatamente.

 

—Estar enferma no significa que esté excluida de perder clases.

 

Ren la miró unos segundos.

 

—Eso no tiene sentido.

 

—Claro que lo tiene. Si no asisto, pierdo información.

 

Miyu cruzó los brazos.

 

—Sinceramente, Lilia, deberías acomodar mejor tus prioridades.

 

Lilia comenzó a revisar las páginas.

 

—Aprender es una de mis prioridades.

 

—A veces es al revés —dijo Miyu inclinándose hacia adelante… demasiado cerca de la taza caliente que había sobre la mesa.

 

—¡AU! —se apartó de golpe llevándose las manos a la cara—. ¡La taza estaba caliente!

 

Kaede se acercó preocupada.

 

—¿Te quemaste?

 

—¡Las cejas! ¡Creo que me quemé las cejas! —corrió hacia el espejo de la habitación mirándose con horror—. ¡¿Por qué nadie me avisó?!

 

Ren suspiró.

 

—Porque estabas ocupada discutiendo.

 

Kaede se mordió el labio para no reír. Lilia siguió leyendo como si nada hubiera pasado.

 

—Continúen.

 

Kaede soltó una pequeña sonrisa y la miró con atención.

 

—Pero hablando en serio… ¿cómo te sientes?

 

Lilia siguió leyendo unos segundos más antes de cerrar el cuaderno despacio.

 

—Sinceramente… nunca me había sentido tan debilitada en toda mi vida. Espero no volver a enfermarme nunca.

 

Kaede parpadeó.

 

—No deberías quejarte tanto. Seguro que no será la primera vez que te enfermas.

 

Lilia la miró con absoluta seriedad.

 

—Nunca me había enfermado antes.

 

Silencio.

 

—¿Qué? —Miyu se quedó con la boca abierta.

 

—Nunca. Gracias a mi magia, las enfermedades nunca llegaban a afectarme.

 

Ren soltó un largo suspiro llevándose una mano al rostro.

 

—De alguna manera… ya esperaba escuchar algo así.

 

Kaede se tapó la boca conteniendo la risa al ver la cara de Miyu, que la miraba sin poder cerrar la boca.

 

—¿Me estás diciendo que… jamás en tu vida…? —alcanzó a balbucear Miyu—. ¿Ni fiebre? ¿Ni gripe? ¿Ni siquiera un resfriado pequeñito?

 

—Nunca —confirmó Lilia tranquila.

 

—¡YO ME ENFERMO DOS O TRES VECES CADA INVIERNO Y CAGO HORRIBLE! —explotó Miyu de golpe, poniéndose de pie indignada—. ¡NO ES JUSTO!

 

—Eso parece poco eficiente —comentó Lilia con calma.

 

—¡¿POCO EFICIENTE?! —Miyu se lanzó hacia ella sin pensarlo— ¡Te voy a enseñar yo!

 

Lilia no se asustó. Levantó el brazo con rapidez, la sujetó por la cintura y la detuvo en el aire sin apenas esfuerzo.

 

—Sabía que reaccionarías así.

 

—¡SUÉLTAME! ¡LILIA! —pataleó Miyu sin poder acercarse ni un centímetro más.

 

—Estás demasiado alterada.

 

—¡PORQUE TÚ NUNCA TE ENFERMAS Y YO PASE TODOS LOS INVIERNOS SUFRIENDO!

 

Ren corrió hacia ellas intentando separarlas.

 

—¡Miyu, basta! ¡Déjala! ¡Lilia está enferma!

 

—¡Ella empezó!

 

—¡Yo no hice nada! —respondió Lilia sosteniéndola firme.

 

—¡Existir así ya es suficiente motivo para molestarte!

 

Kaede ya no pudo contenerse más y estalló en carcajadas apoyándose contra la pared de tanto reír.

 

—¡JAJAJA! ¡Miyu está celosa! ¡Está celosa porque Lilia nunca se enferma!

 

—¡NO ESTOY CELOSA! —gritó Miyu todavía colgada del brazo de Lilia—. ¡SOY JUSTA Y ENVIDIOSA!

 

Lilia la miró sin soltarla.

 

—¿Estás molesta porque mi cuerpo tiene una defensa mágica contra las enfermedades?

 

—¡NO LO DIGAS ASÍ! —se quejó Miyu avergonzada mientras Ren intentaba sin mucho éxito ayudarla a zafarse—. ¡Solo quiero que por una vez sientas lo que sentimos los demás!

 

Kaede seguía riendo sin poder parar, Ren intentaba mantener la compostura y Lilia… simplemente sostenía a Miyu como si nada, con aquella calma suya que la hacía parecer la más sensata de todas, aunque en realidad simplemente no entendía por qué su amiga se ponía así de furiosa por algo tan lógico.

 

Ren soltó un suspiro y finalmente tomó a Miyu por los hombros.

—Vamos. Necesitas calmarte.

—¡Pero Ren, ella...!

—Está enferma.

—¡Lo sé!

—Entonces deja de lanzarte sobre ella.

Miyu hizo un pequeño puchero.

—Solo estaba enojada...

—Lo sé. Pero puedes enojarte desde abajo.

—Eso no tiene sentido.

—Precisamente por eso.

Ren consiguió llevársela fuera de la habitación mientras Miyu todavía protestaba.

—¡Pero todavía no terminé de reclamarle!

—Puedes continuar cuando Lilia esté sana.

—¡Esto no ha terminado, Lilia!

Desde la cama, Lilia levantó una mano.

—Entendido.

—¡No digas "entendido" como si esto fuera una misión!

La puerta se cerró detrás de ambos. Durante unos segundos, Lilia y Kaede permanecieron en silencio. Las dos miraron hacia la puerta. Desde el pasillo todavía podían escucharse las voces de Miyu y Ren alejándose.

—¡Solo quería que entendiera!

—¡Ya te entendió!

—¡No parece!

Lilia suspiró suavemente.

—Miyu no es una mala persona.

Kaede sonrió.

—Lo sé.

—Simplemente reacciona demasiado rápido.

—Eso también lo sabemos.

Ambas soltaron una pequeña risa. Sin embargo, cuando el ruido de abajo comenzó a desaparecer, Kaede volvió a mirar a Lilia. Había algo que no terminaba de encajar. Se acercó un poco y se sentó a su lado.

—Lilia.

—¿Sí?

—¿Qué te pasa realmente?

Lilia dejó de mirar los apuntes.

—Ya te dije que estoy recuperando maná.

—No me refiero al resfriado.

Lilia permaneció inmóvil. Kaede continuó hablando con suavidad.

—Te conozco. Puede que seas rara en muchas cosas, pero no eres alguien que se venga abajo tan fácilmente.

Lilia bajó lentamente la mirada hacia sus manos.

—...

—Si solamente fuera un resfriado, probablemente estarías quejándote porque no puedes entrenar o leer. Así que... ¿hay algo que te preocupa?

El silencio se hizo más largo. Lilia observó sus propias manos durante varios segundos. Finalmente dejó escapar un suspiro.

—Tengo miedo.

Kaede abrió ligeramente los ojos. Aquella respuesta la tomó por sorpresa. Nunca había escuchado a Lilia decirlo de esa manera. Pero no preguntó inmediatamente. No la interrumpió. Simplemente permaneció sentada a su lado. Esperó.

Lilia respiró profundamente.

—El grupo del héroe me sacó de aquel mundo. Me dieron la oportunidad de conocer otra vida. Me permitieron venir aquí. Me permitieron vivir.

Hizo una pequeña pausa.

—Pero... desde que tenía tres años, prácticamente no recuerdo otra cosa que la guerra. Batallas. Entrenamiento. Órdenes. Me enseñaron a obedecer antes de enseñarme cualquier otra cosa. Me enseñaron a matar. A sobrevivir. A proteger objetivos. A no sentir miedo.

Su mirada permaneció fija en sus manos.

—Toda mi vida fui entrenada para una sola cosa. Ser un arma.

La palabra quedó suspendida entre ambas.

—Hasta que Haru y su grupo me capturaron. Pensé que aquello sería simplemente otra etapa de mi vida. Otra batalla. Otro lugar. Otra orden.

Una pequeña sonrisa triste apareció en su rostro.

—Pero Haru era un idiota.

Kaede sonrió ligeramente.

—Eso ya me lo has dicho.

—Un gran idiota.

—También eso.

Lilia bajó nuevamente la mirada.

—Él decidió que yo debía vivir. Y gracias a eso estoy aquí.

Miró alrededor de la habitación. Los libros. Las mantas. Los objetos que había acumulado durante aquellos meses. Todo aquello que poco a poco se había convertido en parte de su vida.

—Tengo amigos. Tengo a Ren. Te tengo a ti. Tengo una familia.

Sus dedos volvieron a tensarse.

—Tengo una vida que nunca imaginé tener.

Kaede la miró con atención.

—Entonces, ¿qué es lo que te asusta?

Lilia tardó varios segundos en responder.

—Que todo eso desaparezca. La oscuridad todavía está dentro de mí. El arma definitiva sigue ahí. Puedo sentirla.

Su voz tembló apenas.

—Tengo miedo de que algún día vuelva a salir. ¿Y si un día pierdo el control? ¿Y si vuelvo a convertirme en lo que era?

Respiró profundamente.

—¿Qué pasaría si destruyo todo? Miyu... Ren... mi familia... Tú.

Lilia cerró los ojos. Una lágrima descendió lentamente por su mejilla.

—Todo lo que he conseguido hasta ahora podría desaparecer por mi propia mano. Y si eso ocurre... tengo miedo de no poder regresar.

Kaede comprendió entonces que aquello no era simplemente miedo a hacer daño. Era miedo a perder la identidad que estaba construyendo.

Lilia continuó:

—Tengo miedo de volver a esa oscuridad y no salir nunca más. De convertirme otra vez en el arma definitiva que ellos querían.

Kaede bajó la mirada durante unos segundos. No podía ponerse completamente en el lugar de Lilia. No podía imaginar lo que significaba haber sido criada desde los tres años para matar. No podía comprender cómo era cargar con décadas de guerra dentro de una sola persona. Pero sí podía hacer algo.

Se acercó un poco más. Y apoyó suavemente su hombro contra el de Lilia.

Lilia abrió los ojos.

Kaede permaneció mirando al frente.

—Entonces ese es tu miedo. No voy a decirte que sé cómo te sientes. Porque no lo sé. Y probablemente nunca pueda entenderlo completamente.

Después giró la cabeza hacia ella.

—Pero hay algo que sí sé. Ya saliste una vez. Saliste de ese mundo. Saliste de esa oscuridad. Aprendiste a vivir. Y ahora no estás sola.

Kaede señaló hacia la puerta.

—Tienes a Miyu.

Desde abajo se escuchó inmediatamente:

—¡REN, SUÉLTAME!

Kaede sonrió.

—Aunque a veces sea agotadora.

Lilia soltó una pequeña risa.

—Sí.

—Tienes a Ren.

Desde abajo se escuchó la voz de Ren:

—¡Miyu, deja de intentar subir!

—¡Solo quiero decirle una cosa!

Kaede negó con la cabeza.

—Y me tienes a mí. Y tienes a tu familia.

La sonrisa de Kaede se volvió más cálida.

—Así que si algún día esa oscuridad intenta llevarte de vuelta... nosotros te traeremos de vuelta.

Lilia no respondió.

—No importa cuánto tardes. No importa cuánto tengas que luchar. Y no importa cuánto tengas que repetirnos que eres un arma. No vamos a creerte.

Lilia sintió cómo sus ojos volvían a llenarse de lágrimas.

—Porque nosotros conocemos a Lilia. La chica que se preocupa por perder una clase mientras está con fiebre. La chica que se esconde cuando está enferma. La chica que come diez platos de ramen.

Lilia frunció ligeramente el ceño.

—Eso no es relevante.

—Es muy relevante.

Kaede soltó una pequeña risa.

—La chica que se pierde entre los libros. La chica que quiere escribir su propia historia. Y la chica que llamó "mamá" a su madre sin siquiera darse cuenta.

Lilia se quedó completamente quieta.

—Esa eres tú.

Durante unos segundos no hubo palabras. Lilia miró nuevamente sus manos. Pero esta vez no las veía como las manos de un arma. Eran simplemente sus manos. Las manos que habían sostenido libros. Las que habían comido ramen. Las que habían abrazado a su familia. Las que habían recibido cuidados. Las que ahora sostenían unos simples apuntes escolares.

Lilia respiró profundamente. Y finalmente, con una voz muy baja, respondió:

—Gracias.

Kaede apoyó nuevamente su hombro contra el suyo.

—De nada.

Desde abajo volvió a escucharse un grito.

—¡AIKO, AYÚDAME!

—¡Papá, deja de correr por la casa!

Lilia y Kaede se miraron. Y ambas comenzaron a reír. Por un momento, aquella oscuridad parecía un poco más lejos.

Thoughts

  • MarianelaVidal

    Ta, treinta capítulos y Lilia recién ahora dice que tiene miedo, con fiebre y los apuntes de Ren en la falda. Me tocó que Kaede le arme la lista de quién es ella con cosas mínimas: la clase perdida aunque esté enferma, los libros donde se pierde, la palabra mamá que se le escapó en el capítulo anterior sin darse cuenta. Esa lista le va a servir más que cualquier promesa, porque son cosas que ya pasaron y nadie se las puede sacar.

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  • OsvaldoFierro

    Kaede no la apura, espera y después apoya el hombro contra el de ella. Eso yo no lo supe hacer en cuarenta años, poh.

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