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CAPÍTULO 3: La Puerta Que Solo Se Abre Con Una Mentira

ASantib93

Contenido de la publicación

La primera flecha atravesó la ventana.

Se clavó en la mesa, a pocos centímetros de la mano de Angie.

Durante una fracción de segundo, nadie reaccionó.

Después, Lyra Venn apagó la lámpara de una patada.

—¡Al suelo!

El segundo proyectil pasó por encima de sus cabezas y se estrelló contra la pared.

Daren ya estaba junto a la puerta, con la espada desenvainada. Su rostro había perdido toda expresión, pero Proyk alcanzó a ver cómo sus dedos apretaban la empuñadura.

No parecía un hombre sorprendido.

Parecía alguien que llevaba mucho tiempo esperando que sucediera aquello.

Daren ya estaba junto a la puerta, con la espada desenvainada. Su rostro había perdido toda expresión, pero Proyk alcanzó a ver cómo sus dedos apretaban la empuñadura.

No parecía un hombre sorprendido.

Parecía alguien que llevaba mucho tiempo esperando que sucediera aquello.

—¿Quiénes son? —preguntó Newt, agachado detrás de una caja.

—Los ejecutores del Arquitecto —respondió Lyra—. Y si han llegado hasta aquí, significa que alguien ha decidido que ya no necesitamos seguir vivos.

—¡Qué alivio! —murmuró Newt—. Por un momento pensé que no les habíamos causado una buena impresión.

—Hemlock —dijo Daren sin volverse—. Si sobrevives a esta noche, intenta hablar menos.

—Lo consideraré.

Una explosión sacudió el pasillo.

La puerta se deformó hacia dentro.

Lyra abrió una trampilla que Proyk no había visto bajo la alfombra.

—Por aquí.

—¿Adónde conduce? —preguntó Angie.

—A los conductos de mantenimiento.

—¿Y después?

—A una muerte menos inmediata.

—A los conductos de mantenimiento.

—¿Y después?

—A una muerte menos inmediata.

—Empiezo a extrañar cuando nuestra mayor preocupación era que Proyk moviera piedras —dijo Newt.

Lyra descendió primero. Angie fue detrás de ella, seguida por Proyk. Newt se quedó un instante mirando la puerta, como si estuviera considerando la posibilidad de negociar con sus perseguidores.

—Hemlock —gritó Daren.

—Sí, sí.

Newt desapareció por la trampilla.

Daren fue el último en entrar. Antes de cerrar, lanzó una pequeña esfera metálica hacia el pasillo.

El objeto rodó sobre las baldosas.

Una luz blanca iluminó el corredor.

Luego llegó el estruendo.

La trampilla se cerró justo cuando la onda expansiva sacudía el suelo.

Y los cuatro comenzaron a caer.

Proyk no supo cuánto tiempo descendieron.

El objeto rodó sobre las baldosas.

Una luz blanca iluminó el corredor.

Luego llegó el estruendo.

La trampilla se cerró justo cuando la onda expansiva sacudía el suelo.

Y los cuatro comenzaron a caer.

Proyk no supo cuánto tiempo descendieron.

Solo sabía que la escalera se había terminado y que, desde entonces, estaban deslizándose por una pendiente húmeda, golpeándose contra las paredes y maldiciendo a partes iguales.

Newt chocó contra él.

—¡Aparta los codos!

—¡No puedo controlar hacia dónde voy!

—¡Pues aprende!

Ambos cayeron sobre un montón de sacos polvorientos.

Angie aterrizó encima de Newt.

Lyra consiguió detenerse agarrándose a una tubería.

Daren apareció unos segundos después, deslizándose con la dignidad de un saco de patatas.

Durante unos instantes, nadie habló.

Lyra consiguió detenerse agarrándose a una tubería.

Daren apareció unos segundos después, deslizándose con la dignidad de un saco de patatas.

Durante unos instantes, nadie habló.

Después, Newt levantó la cabeza.

—Quiero dejar constancia de que esta no era mi idea.

Angie se apartó y le tendió una mano.

—Tu idea era quedarte arriba y discutir con los ejecutores, ¿verdad?

—Mi idea era encontrar una solución razonable.

—¿Como cuál?

—Todavía estoy trabajando en ello.

Proyk se levantó y se sacudió el polvo.

Estaban en una galería subterránea. Las paredes estaban cubiertas de tuberías antiguas y símbolos grabados sobre placas de metal. El techo se perdía en la oscuridad, sostenido por arcos de piedra que parecían demasiado delgados para soportar su peso.

A lo lejos, una luz azul parpadeaba.

Proyk se acercó a una de las paredes.

Había palabras grabadas en ella.

No pertenecían al idioma que conocía.

A lo lejos, una luz azul parpadeaba.

Proyk se acercó a una de las paredes.

Había palabras grabadas en ella.

No pertenecían al idioma que conocía.

Sin embargo, al mirarlas, comprendió su significado.

TODO LO QUE ENTRA DEBE DEJAR ALGO ATRÁS.

Se apartó.

—Tenemos que movernos —dijo Lyra—. Los conductos desembocan en una zona antigua de la ciudad. Si llegamos a la Cámara del Primer Sello, quizá podamos escondernos.

—¿Quizá? —preguntó Newt.

—No conozco otra ruta.

Daren limpió la hoja de su espada con un trozo de tela.

—Hay algo que debéis entender. El Arquitecto no envía ejecutores para detener a alguien. Los envía para borrar un problema.

Proyk lo miró.

—¿Y por qué tú no estás en su lista?

Daren levantó los ojos.

Por primera vez, pareció ofendido.

—Porque todavía no he decidido si estoy de su lado.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que vas a recibir.

Lyra se interpuso antes de que Proyk pudiera replicar.

—Basta. Tenemos problemas más urgentes.

Señaló el extremo de la galería.

La luz azul había dejado de parpadear.

Ahora iluminaba una puerta.

Una puerta gigantesca, incrustada en la roca, cubierta de círculos concéntricos y símbolos que parecían moverse cuando nadie los observaba directamente.

En su centro había una inscripción.

CÁMARA DEL PRIMER SELLO.

Y debajo:

SOLO ENTRARÁN AQUELLOS QUE ACEPTEN PERDER LO QUE MÁS TEMEN.

Angie tragó saliva.

SOLO ENTRARÁN AQUELLOS QUE ACEPTEN PERDER LO QUE MÁS TEMEN.

Angie tragó saliva.

—¿Qué significa eso?

Proyk se acercó.

Su Marca comenzó a arder.

—No lo sé —respondió—. Pero creo que la puerta sabe que estamos aquí.

Como si hubiera escuchado sus palabras, el mecanismo empezó a girar.

La piedra se abrió.

Y una voz surgió desde el interior.

—Tres despertados reconocidos.

Pausa.

—Un guardián no reconocido.

Proyk sintió que el estómago se le encogía.

La voz continuó.

—Acceso concedido.

Daren dio un paso atrás.

—Eso no debería haber ocurrido.

Lyra lo miró.

Daren dio un paso atrás.

—Eso no debería haber ocurrido.

Lyra lo miró.

—¿Por qué?

Él no respondió.

Desde el otro lado de la puerta llegó un sonido húmedo, parecido al de algo arrastrándose sobre el suelo.

Después, silencio.

Newt sacó una pequeña herramienta metálica del bolsillo.

—Bueno. ¿Entramos o esperamos a que salga algo que nos invite a cenar?

Proyk observó la oscuridad.

—Entramos.

Y cruzó el umbral.

La cámara era inmensa.

Columnas de piedra negra sostenían una bóveda cubierta de estrellas artificiales. En el centro había una plataforma circular rodeada por nueve estatuas sin rostro. Cada una sostenía un objeto diferente: una espada, una balanza, un espejo, una llave, una máscara, un reloj de arena, una copa, una corona y un libro cerrado.

Columnas de piedra negra sostenían una bóveda cubierta de estrellas artificiales. En el centro había una plataforma circular rodeada por nueve estatuas sin rostro. Cada una sostenía un objeto diferente: una espada, una balanza, un espejo, una llave, una máscara, un reloj de arena, una copa, una corona y un libro cerrado.

Al fondo se alzaban tres puertas.

La primera era blanca.

La segunda, roja.

La tercera, completamente negra.

Sobre ellas flotaban unas palabras.

LA VERDAD ABRE EL CAMINO.

LA MENTIRA PROTEGE AL VIAJERO.

EL RECUERDO PAGA EL PRECIO.

Newt leyó las inscripciones dos veces.

—No me gusta nada.

—Eso ya lo has dicho varias veces hoy —contestó Angie.

—Y cada vez tengo más motivos.

Lyra caminó hasta el centro de la plataforma.

—Esta es una cámara de decisión. He leído informes sobre ellas, pero nunca había visto una.

Lyra caminó hasta el centro de la plataforma.

—Esta es una cámara de decisión. He leído informes sobre ellas, pero nunca había visto una.

—¿Qué clase de informes? —preguntó Proyk.

—Los que el Arquitecto permite que sobrevivan.

Daren examinó las estatuas.

—No hay mecanismos visibles. Ni trampas convencionales.

Newt sonrió débilmente.

—Entonces, por primera vez, estamos en un lugar donde mis habilidades no sirven para nada.

Se acercó a la estatua que sostenía el reloj de arena.

En cuanto la tocó, la arena comenzó a caer.

Un sonido metálico resonó por toda la cámara.

La puerta roja se iluminó.

Y una voz habló.

—Primera pregunta.

Las tres puertas comenzaron a vibrar.

—¿Qué es aquello que un hombre posee, pero solo descubre cuando está dispuesto a perderlo?

Y una voz habló.

—Primera pregunta.

Las tres puertas comenzaron a vibrar.

—¿Qué es aquello que un hombre posee, pero solo descubre cuando está dispuesto a perderlo?

Newt apartó la mano.

—¿Su dignidad?

Angie lo miró.

—¿En serio?

—Estoy bajo presión.

Proyk observó las estatuas.

La espada.

La balanza.

El espejo.

La llave.

La máscara.

El reloj.

La copa.

La corona.

—Estoy bajo presión.

Proyk observó las estatuas.

La espada.

La balanza.

El espejo.

La llave.

La máscara.

El reloj.

La copa.

La corona.

El libro.

Nueve objetos.

Nueve posibles respuestas.

La pregunta no hablaba de algo que un hombre perdiera necesariamente. Decía que solo lo descubría cuando estaba dispuesto a perderlo.

Proyk sintió que algo encajaba.

—Su identidad —murmuró.

Nada sucedió.

La pregunta no hablaba de algo que un hombre perdiera necesariamente. Decía que solo lo descubría cuando estaba dispuesto a perderlo.

Proyk sintió que algo encajaba.

—Su identidad —murmuró.

Nada sucedió.

—¿Su libertad? —intentó Angie.

La puerta blanca emitió un destello.

Pero no se abrió.

Daren negó con la cabeza.

—No respondáis al azar. Cada cámara tiene sus propias reglas.

Proyk volvió a mirar la inscripción.

¿Qué es aquello que un hombre posee, pero solo descubre cuando está dispuesto a perderlo?

Pensó en Newt, siempre ocultando el miedo detrás de las bromas.

Pensó en Angie, que había escuchado la voz de su madre y no se había atrevido a contárselo.

penso en si mismo.

No sabía quién era.

No sabía por qué había llegado a Nárveth.

Pero sí sabía que, si perdía a sus amigos, descubriría cuánto significaban para él.

—El valor —dijo finalmente.

El reloj de arena se detuvo.

La puerta blanca se abrió unos centímetros.

Una pequeña placa apareció sobre el pedestal central.

RESPUESTA ACEPTADA.

Y entonces Angie gritó.

Se llevó las manos a la cabeza y cayó de rodillas.

—¡Angie!

Proyk corrió hacia ella.

La muchacha respiraba con dificultad. Tenía los ojos abiertos, pero parecía estar mirando algo situado mucho más allá de la cámara.

—No… —susurró—. No recuerdo…

Newt se arrodilló a su lado.

—¿Qué no recuerdas?

Angie lo miró.

Newt se arrodilló a su lado.

—¿Qué no recuerdas?

Angie lo miró.

Y durante un instante, Proyk sintió un miedo mucho más profundo que el que le habían provocado los ejecutores.

Ella no sabía quién era él.

No completamente.

—Tu nombre —susurró Angie—. Sé que te conozco, pero…

Proyk sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

La puerta blanca se abrió un poco más.

La voz anunció:

—Primer recuerdo cobrado.

Lyra desenvainó su espada.

—¡Apartaos del pedestal!

Pero Proyk no se movió.

Miraba a Angie.

—Soy Proyk —dijo con suavidad—. Proyk Zila. Somos amigos.

Ella lo observó con lágrimas en los ojos.

—Soy Proyk —dijo con suavidad—. Proyk Zila. Somos amigos.

Ella lo observó con lágrimas en los ojos.

—Lo siento. No puedo…

—No tienes que disculparte.

Él le tomó la mano.

—Yo recordaré por los dos.

La luz del pedestal se apagó.

Y, en algún lugar bajo la cámara, algo comenzó a reír.

La segunda puerta no se abrió hasta que Proyk colocó la mano sobre el pedestal.

Esta vez, la inscripción cambió.

LA MENTIRA PROTEGE AL VIAJERO.

La voz regresó.

—Segunda pregunta.

El aire se volvió helado.

—¿Qué debes decir para que una puerta se abra, aunque la respuesta sea falsa?

Newt cerró los ojos.

—¿Qué debes decir para que una puerta se abra, aunque la respuesta sea falsa?

Newt cerró los ojos.

—No.

Angie, todavía pálida, levantó la cabeza.

—¿Qué ocurre?

—Que conozco este tipo de acertijos —respondió él—. Y nunca terminan bien.

Proyk observó la puerta roja.

La respuesta parecía evidente.

Una mentira.

Pero ¿qué mentira?

—Debemos decir que no tenemos miedo —propuso Daren.

La puerta no reaccionó.

Lyra negó con la cabeza.

—No funciona.

Newt comenzó a caminar en círculos.

—Quizá debamos mentir sobre quiénes somos. Decir que somos guardianes, o que venimos del exterior.

Newt comenzó a caminar en círculos.

—Quizá debamos mentir sobre quiénes somos. Decir que somos guardianes, o que venimos del exterior.

—¿Y si la puerta detecta la mentira? —preguntó Angie.

—Entonces tendremos una conversación muy desagradable con una puerta.

Proyk no estaba escuchando.

Había visto algo.

Sobre la superficie de la puerta roja aparecía un pequeño símbolo: dos líneas que formaban una especie de boca. Debajo había una ranura estrecha, del tamaño de una moneda.

La moneda de hierro.

La misma con la que había despertado.

Proyk se llevó la mano al bolsillo.

Seguía allí.

La sacó.

En cuanto la moneda tocó la ranura, el símbolo brilló.

Y la voz formuló una nueva pregunta.

—¿Quién es el viajero que nunca ha abandonado su hogar?

Newt lo miró.

En cuanto la moneda tocó la ranura, el símbolo brilló.

Y la voz formuló una nueva pregunta.

—¿Quién es el viajero que nunca ha abandonado su hogar?

Newt lo miró.

—¿Alguien que no ha salido de casa?

—No —dijo Proyk—. Porque la pregunta no habla de alguien que no haya viajado. Habla de alguien que nunca ha abandonado su hogar.

Angie frunció el ceño.

—¿Un prisionero?

—Quizá.

Proyk examinó la moneda.

En una cara había grabada una torre. En la otra, un rostro borrado.

La respuesta no estaba en la pregunta.

Estaba en la puerta.

En su inscripción.

La mentira protege al viajero.

Proyk comprendió que la cámara no estaba pidiendo una respuesta correcta. Estaba pidiendo una afirmación que el mecanismo pudiera interpretar como una contradicción.

Se acercó a la puerta.

Proyk comprendió que la cámara no estaba pidiendo una respuesta correcta. Estaba pidiendo una afirmación que el mecanismo pudiera interpretar como una contradicción.

Se acercó a la puerta.

—El viajero que nunca ha abandonado su hogar —dijo— es alguien que nunca ha tenido un hogar.

La cámara quedó en silencio.

Después, la puerta roja se abrió.

Newt soltó el aire que estaba conteniendo.

—Eso ha sido horrible.

—¿Por qué? —preguntó Proyk.

—Porque ahora me toca admitir que tu cerebro sirve para algo.

Pero no hubo celebración.

Angie se había quedado inmóvil.

Miraba la moneda.

—Esa moneda…

Proyk se volvió.

—¿Qué pasa?

Ella extendió la mano y la tocó.

Su Marca dorada brilló.

—¿Qué pasa?

Ella extendió la mano y la tocó.

Su Marca dorada brilló.

Y, de repente, comenzó a llorar.

No parecía asustada.

Parecía devastada.

—Mi madre tenía una igual —susurró—. Me dijo que, si alguna vez encontraba una puerta con nueve símbolos, no debía cruzarla.

Proyk sintió un escalofrío.

—¿Cuándo te dijo eso?

Angie negó con la cabeza.

—No lo sé. No recuerdo cuándo.

Se llevó una mano a la frente.

—Pero recuerdo sus palabras.

Levantó la mirada.

—Y recuerdo lo último que me dijo antes de desaparecer.

Newt se acercó despacio.

—¿Qué fue?

Angie apretó la moneda entre los dedos.

Newt se acercó despacio.

—¿Qué fue?

Angie apretó la moneda entre los dedos.

—«Si escuchas a alguien llamarte desde el otro lado, no respondas. Aunque tenga mi voz».

En ese instante, una voz femenina surgió desde la puerta negra.

—Angie.

La muchacha dejó caer la moneda.

La voz volvió a hablar.

—Mi niña.

Angie dio un paso hacia la puerta.

Proyk la sujetó del brazo.

—No.

Ella intentó soltarse.

—¡Es mi madre!

—No sabes si es ella.

—¡He reconocido su voz!

Proyk la miró a los ojos.

—Precisamente por eso.

—¡He reconocido su voz!

Proyk la miró a los ojos.

—Precisamente por eso.

La voz del otro lado comenzó a llorar.

—Angie, por favor. Tengo frío.

La muchacha tembló.

Durante siete años había imaginado aquel momento. Había soñado con encontrar a su madre, con preguntarle por qué se había marchado, con descubrir si había estado viva todo aquel tiempo.

Y ahora la escuchaba al otro lado de una puerta.

—Tengo que ir —susurró.

Proyk apretó su mano.

—Si es tu madre, encontraremos la manera de llegar hasta ella. Pero no voy a dejar que una voz te quite también a ti.

Angie cerró los ojos.

Y retrocedió.

La voz dejó de llorar.

Durante unos segundos no se oyó nada.

Después, algo golpeó la puerta negra desde el otro lado.

La voz dejó de llorar.

Durante unos segundos no se oyó nada.

Después, algo golpeó la puerta negra desde el otro lado.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Y una voz completamente distinta habló desde la oscuridad.

—La muchacha ha aprendido.

Las tres puertas se cerraron de golpe.

El suelo tembló.

La cámara comenzó a desmoronarse.

—¡Corred!

Daren fue el primero en alcanzar el corredor que se había abierto detrás de la puerta roja.

Lyra lo siguió.

Newt ayudó a Angie a levantarse, mientras Proyk recogía la moneda.

El techo comenzó a desprenderse.

Bloques de piedra cayeron a sus espaldas, levantando nubes de polvo. Las luces azules se apagaban una a una, dejando a su paso una oscuridad cada vez más profunda.

El techo comenzó a desprenderse.

Bloques de piedra cayeron a sus espaldas, levantando nubes de polvo. Las luces azules se apagaban una a una, dejando a su paso una oscuridad cada vez más profunda.

Proyk corrió detrás de sus amigos.

Pero entonces vio algo.

En una pared lateral, apenas visible entre las grietas, había una inscripción.

No era antigua.

Las letras estaban escritas en un idioma que reconocía perfectamente.

Su propio idioma.

PROYK: NO CONFÍES EN LYRA VENN.

Se detuvo.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente para que la pared se abriera bajo sus pies.

Cayó.

Sintió que alguien le agarraba la muñeca.

Newt.

Su amigo estaba tendido sobre el borde, sujetándolo con ambas manos.

—¡No me hagas esto, idiota!

Su amigo estaba tendido sobre el borde, sujetándolo con ambas manos.

—¡No me hagas esto, idiota!

Proyk intentó alcanzar la pared.

La piedra se desmoronó.

Newt apretó los dientes.

Su Marca plateada brilló.

El cuerpo de Proyk cayó otros centímetros, pero entonces algo extraño sucedió: el movimiento de la mano de Newt se repitió, como si el tiempo hubiera retrocedido durante una fracción de segundo.

Su agarre se reajustó.

Consiguió sostener a Proyk el tiempo suficiente para que Angie y Daren los ayudaran a subir.

Newt cayó de espaldas al suelo.

Su brazo temblaba.

—Creo… que acabo de descubrir por qué mi habilidad es una porquería.

Angie se arrodilló a su lado.

—¿Te duele?

—No. Solo estoy reconsiderando todas mis decisiones vitales.

Proyk lo ayudó a levantarse.

—¿Te duele?

—No. Solo estoy reconsiderando todas mis decisiones vitales.

Proyk lo ayudó a levantarse.

—Me has salvado la vida.

Newt lo miró.

—Sí. Intenta no convertirlo en una costumbre.

Proyk quiso contarles lo que había leído en la pared.

Pero observó a Lyra, que estaba unos pasos más adelante, ayudando a Daren a abrir una compuerta.

No confíes en Lyra Venn.

¿Quién había escrito aquel mensaje?

¿Y cómo sabía su nombre?

Antes de que pudiera decidir qué hacer, un ruido resonó al final del corredor.

Una risa.

La misma que habían escuchado en la cámara.

Lyra se volvió inmediatamente.

—Tenemos que salir de aquí. Ahora.

—¿Qué era eso? —preguntó Angie.

Lyra se volvió inmediatamente.

—Tenemos que salir de aquí. Ahora.

—¿Qué era eso? —preguntó Angie.

La muchacha de la cicatriz palideció.

—El guardián.

—¿Qué guardián? —preguntó Proyk.

Lyra no respondió.

Desde la oscuridad surgió una figura alta, cubierta por una armadura de piedra blanca. No tenía rostro, solo una abertura vertical que brillaba con una luz azulada.

En una mano sostenía una lanza.

En la otra, una cabeza humana.

La dejó caer.

Rodó por el suelo hasta detenerse junto a los pies de Proyk.

Era la cabeza de un hombre joven, con el cabello rapado y los ojos abiertos.

Newt retrocedió horrorizado.

Daren levantó su espada.

—No os mováis.

El guardián inclinó la cabeza.

Daren levantó su espada.

—No os mováis.

El guardián inclinó la cabeza.

Y entonces habló con una voz que parecía provenir de las paredes, del suelo y del interior de sus propios cráneos.

—La llave ha entrado.

La abertura de su rostro se iluminó.

—La llave ha respondido.

La lanza apuntó directamente a Proyk.

—La llave debe sangrar.

El guardián avanzó.

Daren se lanzó contra él.

La espada chocó contra la armadura con un estruendo metálico, pero no dejó ni una marca. El guardián levantó la lanza y golpeó a Daren en el pecho.

El hombre salió despedido contra la pared.

Lyra gritó su nombre.

Angie comenzó a escuchar las vibraciones de la criatura, tratando de descubrir dónde se encontraban sus mecanismos.

Newt buscó algo que pudiera utilizar como arma.

Angie comenzó a escuchar las vibraciones de la criatura, tratando de descubrir dónde se encontraban sus mecanismos.

Newt buscó algo que pudiera utilizar como arma.

Proyk, en cambio, observó el suelo.

Los símbolos.

Las grietas.

La posición de las columnas.

El guardián no atacaba al azar.

Cada paso que daba coincidía con uno de los círculos grabados en las baldosas.

Nueve círculos.

Nueve posiciones.

La criatura se detuvo sobre el tercero.

Proyk comprendió.

—¡Angie! ¡Escucha el suelo!

—¿Qué?

—¡Dime cuándo deja de vibrar la armadura!

Angie cerró los ojos.

La criatura avanzó.

—¡Dime cuándo deja de vibrar la armadura!

Angie cerró los ojos.

La criatura avanzó.

Una vibración grave atravesó el corredor.

Después, un sonido agudo.

Y luego, silencio.

—¡Ahora! —gritó Angie.

Proyk agarró a Newt por el brazo.

—¡Toca la lanza!

Newt comprendió lo que quería hacer.

Se lanzó hacia delante y rozó el arma justo cuando el guardián la levantaba.

Su Marca plateada se iluminó.

El movimiento se repitió.

La lanza regresó al punto anterior, obligando al guardián a reajustar su postura.

Durante un instante, la criatura quedó inmóvil.

Proyk corrió hacia uno de los círculos del suelo.

—¡Lyra! ¡La espada!

Durante un instante, la criatura quedó inmóvil.

Proyk corrió hacia uno de los círculos del suelo.

—¡Lyra! ¡La espada!

Ella entendió sin preguntar.

Arrojó su arma.

Proyk la atrapó y la clavó en una grieta situada en el centro del círculo.

El suelo emitió un chasquido.

Los nueve símbolos se iluminaron simultáneamente.

El guardián se detuvo.

La luz de su rostro parpadeó.

Y su armadura comenzó a deshacerse en miles de fragmentos blancos.

Antes de desaparecer, la criatura volvió la cabeza hacia Proyk.

—No eres la primera llave —susurró.

La luz se apagó.

—Pero serás la última.

Y el corredor quedó en silencio.

Encontraron una salida detrás de la compuerta.

Y el corredor quedó en silencio.

Encontraron una salida detrás de la compuerta.

Al otro lado había una escalera que conducía a un barrio abandonado de Nárveth. Las casas estaban vacías, las ventanas tapiadas y las calles cubiertas de polvo. En algunos edificios todavía colgaban carteles de una época en la que la ciudad parecía haber tenido una vida normal.

Lyra ayudó a Daren a caminar.

Newt tenía el brazo derecho entumecido.

Angie avanzaba en silencio, aferrada a la moneda.

Y Proyk no dejaba de pensar en la inscripción.

No confíes en Lyra Venn.

Finalmente, se detuvo.

—Lyra.

Ella se volvió.

—¿Qué ocurre?

—¿Cuánto tiempo llevas trabajando para el Arquitecto?

Daren levantó la cabeza.

Newt miró a Proyk.

Angie dejó de caminar.

Daren levantó la cabeza.

Newt miró a Proyk.

Angie dejó de caminar.

Durante unos segundos, Lyra no dijo nada.

Después soltó el brazo de Daren.

—Desde que tenía doce años.

Proyk sintió que algo se le hundía en el estómago.

—¿Y por qué nos ayudas?

Lyra bajó la mirada hacia la espada que Proyk todavía sostenía.

—Porque mi hermano fue el muchacho del que os hablé. El que tenía una Marca imposible.

El silencio se extendió entre ellos.

—Me dijeron que había muerto en una prueba —continuó—. Pero hace tres semanas recibí un mensaje. Una grabación suya. Solo contenía una frase.

Levantó los ojos.

—«Cuando aparezca la última llave, ayúdala a encontrar la puerta que no existe».

Proyk sintió que su Marca comenzaba a arder.

—¿Y sabes dónde está esa puerta?

Lyra negó con la cabeza.

Proyk sintió que su Marca comenzaba a arder.

—¿Y sabes dónde está esa puerta?

Lyra negó con la cabeza.

—No.

Hizo una pausa.

—Pero sé quién puede ayudarnos a encontrarla.

A lo lejos, una campana anunció el amanecer.

Y sobre las murallas de Nárveth apareció una nueva inscripción luminosa.

PRIMER SELLO: ACTIVADO.

Debajo, una segunda frase comenzó a escribirse.

SEGUNDO SELLO: EN BUSCA DEL TRAIDOR.

Newt la leyó en voz alta.

—Bueno. Eso parece bastante específico.

Angie miró a sus amigos.

—¿Quién es el traidor?

Proyk observó a Lyra.

Después a Daren.

Finalmente, a Newt.

No respondió.

Después a Daren.

Finalmente, a Newt.

No respondió.

Porque en aquel momento comprendió algo que le heló la sangre.

La cámara no había preguntado quién mentía.

Había preguntado qué debía decirse para que una puerta se abriera.

Y la respuesta correcta había sido una mentira.

Quizá alguien les había permitido escapar.

Quizá el guardián no había intentado matarlos.

Quizá todo lo que acababan de vivir había sido una prueba diseñada para comprobar una sola cosa.

Si Proyk Zila era capaz de abrir la primera puerta.

O si era capaz de sobrevivir a aquello que encontraría detrás de la segunda.

En lo alto de la torre central, Odran Veyr observaba una imagen de los cuatro supervivientes.

A su lado, una figura encapuchada permanecía inmóvil.

—La Llave ha superado la primera cámara —dijo el Arquitecto.

—Entonces debemos eliminarla antes de que encuentre la siguiente.

A su lado, una figura encapuchada permanecía inmóvil.

—La Llave ha superado la primera cámara —dijo el Arquitecto.

—Entonces debemos eliminarla antes de que encuentre la siguiente.

Odran negó lentamente con la cabeza.

—No.

La figura se volvió hacia él.

—¿No?

El Arquitecto sonrió, pero no había alegría en su rostro.

—Quiero que llegue hasta el segundo sello.

Miró la imagen de Proyk.

—Quiero descubrir qué recuerda cuando deja de tener miedo.

Y, detrás de ellos, una puerta que llevaba siglos cerrada comenzó a abrirse.

Fin del capítulo 3.

Thoughts

  • WeAreSigmarsHeirs

    Angie dando un paso atrás ante la voz de su madre es Orfeo invertido: él mira atrás y la pierde, ella se aparta de la puerta y se salva. Y Proyk prometiendo recordar por los dos es el tipo de héroe que más admiro, el que carga la memoria de otro sin pedir nada a cambio.

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  • Casilda

    Un reino inventado con cinco provincias, gobernadores y palacios de justicia arma el escenario de "Hecha Cuento". Capitulo 2, donde una madre busca a un fiscal por su hijo.

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  • lechuzita

    Otra vez tres golpes en una puerta, como al cierre del capítulo 2. Y encima la voz pidiendo que le abran porque tiene frío, ay no.

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  • Casilda

    Yo estoy del lado de Lyra, ya pues. Proyk le preguntó de frente y ella le contestó lo de los doce años sin dar vueltas, y eso no lo hace una traidora. Lo que me da mala espina es la pared: el aviso está en el idioma de Proyk, sabe su nombre, y el guardián le dice que no es la primera llave. Apuesto a que esa letra es del mismo Proyk, de una vuelta anterior que la cámara le cobró en recuerdos.

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    ''Tras celebrar la ceremonia de los Peaches, quedaron listos para la guerra, bajo la sagrada protección de los espíritus de las cumbres''.

  • El Peso de la Divinidad

    Llevo noches sin dormir, repasando cada día, todos los días, repitiendo en un ciclo infinito, un paraíso infernal de mis memorias, cascada de recuerdos de mi destructivo amor propio, forjado por la…

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