Saltar al contenido
Cargando…

Capítulo 3: La Morgue

NicolasAgustinAvalos17

Contenido de la publicación

La lluvia seguía cayendo sobre Valentown cuando el cuerpo de Vance Miller llegó a la morgue del Hospital Central. El edificio permanecía en completo silencio mientras dos policías empujaban lentamente la camilla por el largo pasillo iluminado por luces blancas.

El sonido de las ruedas rompía el silencio, mezclándose con el golpeteo constante de la lluvia contra las ventanas.

En la puerta de la sala de autopsias aguardaba el sheriff Ruff McNolland. Tenía el uniforme húmedo, los ojos enrojecidos y el rostro marcado por el cansancio. No había dormido desde que comenzó la búsqueda.

Mientras observaba cómo ingresaban el cuerpo, recordó la conferencia de prensa de aquella mañana y los rostros de los vecinos.

Todo Valentown esperaba respuestas.

Y él todavía no tenía ninguna.

Pocos minutos después apareció el médico forense, el doctor Ethan Wallace, uno de los especialistas con mayor experiencia de la región. Se colocó los guantes de látex y saludó al sheriff con un leve movimiento de cabeza.

—Sheriff... comenzaremos de inmediato.

McNolland respondió con un gesto silencioso. Las pesadas puertas metálicas se cerraron. El sonido del seguro resonó por todo el pasillo.

Durante más de una hora, Ruff permaneció sentado en un viejo banco de madera observando la lluvia caer detrás de una pequeña ventana. Cada tanto levantaba la vista hacia el reloj del pasillo.

El tiempo parecía no avanzar.

Pensaba en los padres de Vance. En los compañeros de escuela. En todos los vecinos que confiaban en él.

Nunca imaginó enfrentarse a un caso semejante en un pueblo tan tranquilo.

Finalmente, las puertas volvieron a abrirse. El doctor Wallace salió lentamente con una carpeta entre las manos. Pero antes de hablar... permaneció inmóvil durante varios segundos.

Se quitó los guantes.

Respiró profundamente.

Era evidente que intentaba ordenar sus pensamientos. Solo entonces levantó la vista. Su expresión era completamente distinta a la de una hora atrás.

—Sheriff... ya tengo un informe preliminar.

—¿Qué encontró? —preguntó Ruff.

El médico guardó unos segundos de silencio.

—Llevo más de treinta años realizando autopsias. He visto accidentes, incendios, homicidios, cuerpos en estados realmente terribles. Pero jamás vi algo como esto.

El sheriff sintió que un escalofrío le recorría la espalda.

El médico abrió lentamente la carpeta.

—La causa de la muerte fueron múltiples heridas profundas en el cuello.

Fueron realizadas con una precisión poco común. No parecen producto de un ataque descontrolado. Parecen... intencionales.

Ruff permaneció inmóvil.

—Pero eso no es lo único.

Pasó la primera hoja.

—No encontramos lesiones importantes en brazos, manos ni antebrazos. No hay signos de defensa.

El sheriff frunció el ceño.

—¿Qué significa exactamente?

—Que Vance probablemente conocía a quien lo atacó.

No intentó escapar. No intentó defenderse. Todo indica que jamás imaginó que esa persona fuera a hacerle daño.

Durante unos segundos, ninguno habló.

El médico volvió a pasar otra hoja.

—Encontramos pequeños orificios en ambas muñecas. Son perfectamente simétricos. Todavía desconocemos qué los produjo. Enviaremos muestras al laboratorio.

McNolland anotó mentalmente cada detalle.

Pero Wallace aún no había terminado.

Su voz se volvió todavía más seria.

—Hay algo más...

El sheriff levantó lentamente la mirada.

—Encontramos una sustancia extraña alrededor de algunas heridas.

Parece saliva... Pero nunca vi una con esa textura. Es espesa, viscosa. Tiene un aspecto completamente inusual. También será enviada al laboratorio.

El sheriff sintió que el caso comenzaba a escapar de toda lógica.

Entonces llegó la peor noticia.

El médico respiró profundamente antes de pronunciar las siguientes palabras.

—Falta el hígado.

McNolland levantó la vista sorprendido.

—¿Está completamente seguro?

—Sí.

—Fue extraído después de la muerte... o apenas unos instantes antes. Necesitamos más estudios para determinarlo con precisión. Pero ya no está.

El silencio volvió a adueñarse de la morgue.

El sheriff caminó lentamente hasta la ventana. Observó la lluvia caer sobre el estacionamiento del hospital.

Nunca, en toda su carrera, había visto un asesinato semejante.

—Esto... no tiene sentido.

El doctor Wallace cerró lentamente la carpeta.

—Ojalá pudiera decirle otra cosa. Pero cada respuesta que encontramos genera dos preguntas nuevas.

Ruff permaneció varios segundos observando el cuerpo cubierto por la sábana blanca. Tenía dieciséis años. La misma edad que tantos chicos que veía todos los días caminar por Valentown.

Bajó lentamente la cabeza.

En silencio hizo una promesa.

Encontraría al responsable.

Costara lo que costara.

Cuando salió del hospital, una mujer intentó acercarse corriendo.

Era la madre de Vance.

Tenía los ojos completamente rojos de tanto llorar.

—¡Sheriff!

McNolland se detuvo.

La mujer apenas podía mantenerse de pie.

—¿Puedo verlo...?

El sheriff permaneció inmóvil. Bajó lentamente la mirada. Le costaba encontrar las palabras.

—Todavía no...

La mujer rompió en llanto.

Ruff sintió un profundo dolor en el pecho. No existía entrenamiento capaz de preparar a un policía para momentos como aquel.

Esa misma tarde, la comisaría de Valentown estaba completamente rodeada de periodistas.

Las primeras investigaciones llevaron a los agentes a señalar como principal sospechoso a Tucker Miller, el padre de Vance. Varios vecinos aseguraban haber escuchado fuertes discusiones entre ambos durante las semanas anteriores. Otros afirmaban que la relación entre padre e hijo atravesaba un mal momento.

Los rumores crecían con rapidez.

—Siempre tuvo muy mal carácter...

—Pobre Vance...

—Algo raro pasaba en esa familia...

Con esos testimonios, la policía decidió detener a Tucker de manera preventiva mientras continuaba la investigación.

Dos patrulleros llegaron hasta la casa de los Miller. Cuando Tucker salió al jardín y vio a los oficiales, quedó completamente sorprendido.

Uno de los policías avanzó unos pasos.

—Tucker Miller... queda detenido como principal sospechoso por el homicidio de su hijo, Vance Miller.

Los periodistas comenzaron a correr hacia la entrada.

Los flashes iluminaron toda la escena.

—¡Señor Miller! ¿Es cierto que usted asesinó a su hijo?

—¡No! ¡Eso es mentira! —gritó Tucker completamente desesperado.

Los oficiales le colocaron las esposas. Antes de subir al patrullero, Tucker se giró hacia todas las cámaras. Su rostro estaba completamente desencajado.

—¡Escúchenme!

—¡Yo no estaba en Valentown cuando ocurrió esto!

Los periodistas guardaron silencio.

—¿Qué quiere decir?

—¡Estaba fuera de la ciudad!

—¡Regresé recién esta mañana cuando me avisaron que mi hijo había desaparecido!

—¡Revisen los peajes!

—¡Las cámaras de seguridad!

—¡Los hoteles donde estuve!

—¡Comprueben todo!

—¡No tuve nada que ver con la muerte de mi hijo!

—¡No fui yo!

—¡Miren mi brazo! ¡Él me hizo esto!

—¡El hombre de los ojos amarillos!

—¡Él mató a mi hijo!

Los policías intentaron introducirlo en el patrullero.

Pero Tucker continuó gritando.

—¡Soy inocente!

—¡Busquen al verdadero asesino!

—¡Jamás le habría hecho daño a Vance!

Las puertas del vehículo se cerraron de golpe. El patrullero comenzó a alejarse lentamente.

Los vecinos observaban en silencio. Muchos ya lo habían condenado. Otros simplemente bajaban la mirada.

Desde la vereda de enfrente, Nick Borston contemplaba toda la escena.

Las palabras de Tucker no dejaban de repetirse en su cabeza.

"Estaba fuera de la ciudad..."

Entonces recordó otra imagen.

El oficial Kennedy.

De pie junto al lugar donde habían encontrado el cuerpo. Observándolo fijamente.

Y aquella sonrisa...

Pequeña.

Silenciosa.

Inexplicable.

Si Tucker estaba diciendo la verdad... Entonces la policía acababa de detener al hombre equivocado.

Con la mochila azul de Vance aún escondida en su habitación, Nick comprendió que la investigación estaba tomando un rumbo completamente distinto al correcto.

Mientras el patrullero desaparecía por la avenida principal, el sheriff Ruff McNolland permanecía inmóvil frente a la comisaría.

Observó el cielo completamente gris.

Algo en su interior le decía que aquel caso era diferente a cualquier otro.

Y, en algún lugar de Valentown...

El verdadero asesino seguía esperando.

Como si supiera que nadie sospechaba de él.

Thoughts

  • Abundio

    En Valentown no escampa desde aquel lunes del primer capítulo, sumercé. Ese aguacero ya es uno más esperando afuera de la morgue.

    Permalink
  • bandoneon

    Sin heridas de defensa, Vance conocía al que lo atacó, y la policía va a mirar primero al padre. Pero Kennedy también era alguien que el pibe conocía, y a un policía nadie le levanta los brazos.

    Permalink
  • Ovid

    Ruff con la madre de Vance en la puerta del hospital, sabiendo lo del hígado y contestándole solo que todavía no, es la escena que me quedó dando vueltas. Da la impresión de que ese hombre va a cargar con esa respuesta más que con el caso entero. Con Tucker preso y Nick con la mochila escondida, me imagino lo que sigue en la comisaría.

    Permalink

Publicaciones relacionadas

Pública 0 conversaciones 3 pensamientos 30 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

La lluvia seguía cayendo sobre Valentown cuando el cuerpo de Vance Miller llegó a la morgue del Hospital Central. El edificio permanecía en completo silencio mientras dos policías empujaban…

En series

En grupos