¿En serio va a elegir la de la izquierda otra vez sabiendo lo que pasó? Si fuera él, cambiaría a la de la derecha solo para romper el bucle.
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Capítulo 2, "La dirección"
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¿En serio va a elegir la de la izquierda otra vez sabiendo lo que pasó? Si fuera él, cambiaría a la de la derecha solo para romper el bucle.
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Capítulo 2, "La dirección"
Como todos los días, Damián se levanta, se prepara, va al baño descalzo, se lava los dientes, se pone perfume y, esta vez, se arregla un poco más de lo habitual. Sonríe frente al espejo y practica un par de veces lo que va a decir antes de salir del baño. Al mirar el reloj, se da cuenta de que son las 7:30 a. m.
—Madre, iré a trabajar. Es posible que vuelva tarde.
—Bien, hijo. Cuídate.
Responde su madre antes de soltar una fuerte tos.
—¿Ya tomaste tus pastillas?
—No te preocupes por eso. Tú ve al trabajo.
Damián, un poco molesto por la respuesta, pero también nervioso por este nuevo empleo, decide salir de la casa y caminar hacia la dirección que le habían proporcionado. Durante el trayecto practica una y otra vez las frases que debe decir, cómo debe actuar y qué cosas debería evitar hacer.
Perdido en sus pensamientos, finalmente llega a la dirección indicada. Frente a él se alza un enorme galpón que, por fuera, parece completamente abandonado: basura acumulada, paredes deterioradas y varias partes del edificio dañadas por el paso del tiempo.
—¿Un galpón?
Sin nada más que perder, Damián golpea el enorme portón, esperando alguna respuesta.
Tras unos segundos de absoluto silencio, una pequeña compuerta se abre en la gruesa puerta de metal, revelando un interior que desafía por completo la apariencia del exterior. Pisos blancos e impecables, personas moviéndose de un lado a otro cargando cajas, documentos y extraños artefactos. Damián también alcanza a distinguir guardias fuertemente armados vigilando el recinto.
Antes de que pudiera preguntar qué estaba ocurriendo, alguien lo sujetó del brazo y lo hizo entrar al complejo.
—¿Eres uno de los nuevos?
Preguntó un hombre de unos cincuenta años, con el rostro marcado por el cansancio y una vida que no había sido precisamente amable.
—Así es. Soy yo. Un hombre encapu...
Damián fue interrumpido a mitad de la frase.
—Sí, sí... Un hombre misterioso sabe mucho de ti, necesitas dinero, te da una dirección sospechosa y te ofrece trabajo. No eres el primero ni serás el último. Camina por ese pasillo, gira a la izquierda y entra en la primera puerta que veas.
Damián, todavía confundido, pero ya demasiado metido en el asunto como para echarse atrás, obedeció y avanzó por el pasillo de manera torpe. Sin embargo, al girar se encontró con dos puertas, una a cada lado. A la izquierda había una puerta anormalmente alta cuyo marco decía "Sala de pruebas". La otra era un poco más pequeña y no tenía ningún tipo de identificador.
—¿A cuál debería entrar?
Se preguntó Damián. Sin darle muchas vueltas al asunto, eligió la puerta de la izquierda, ya que le inspiraba más confianza.
Al entrar logró apreciar una enorme habitación con tres personas de bata blanca y alguien al fondo que vestía una prenda naranja, como las que suelen usar los presos. Dos de los científicos se giraron para mirarlo, mientras que el tercero y el recluso continuaban con las pruebas. Se podía percibir cómo el preso intentaba lanzar láseres desde sus dedos una y otra vez, visiblemente agotado. Todo indicaba que se trataba de una prueba de resistencia.
—¿Quién eres? —preguntó uno de los científicos—. No deberías estar aquí. Llamen a seguridad.
Se escuchaba el enorme esfuerzo físico que realizaba el recluso y sus láseres se volvían cada vez más erráticos, mientras uno de los científicos tomaba notas y el otro lo incitaba a seguir.
—E-espera, espera. Yo vengo por la entrevista de trabajo y...
De repente, Damián se sintió incapaz de hablar debido a un agudo dolor en el estómago. A los pocos segundos cayó al suelo.
—Duele... duele... duele...
Sentía un dolor punzante en el estómago. Su mano recorría lentamente el área afectada, intentando entender qué pasaba.
—No así... no así...
Decía mientras su respiración se volvía cada vez más agitada. En su desesperación miró el suelo a su alrededor, donde estaba tumbado, percatándose del líquido carmesí que ahora lo cubría.
—¿Sangre...? ¿Es... es mi sangre?
Su visión se nublaba, al igual que sus pensamientos. Sus ojos se agitaban de lado a lado, tratando de encontrar una forma de escapar de su precaria situación.
—No... no... duele... por favor...
Todo parecía ralentizarse. El dolor solo se intensificaba. Las lágrimas brotaban de sus ojos sin control. Apretaba con fuerza su abdomen, intentando mantenerlo en su lugar. Mientras luchaba por mantenerse consciente, escuchó pasos acelerados y voces ininteligibles.
—¡Traigan a un médico de inmediato!
Fue la única frase que logró entender antes de que su audición también se volviera borrosa.
—Yo... yo...
Damián se levantó al escuchar la alarma de su reloj. Se sentó en la cama aún alterado, se tocó el estómago y comprobó que todo estaba bien. Luego revisó su celular.
—¿Un sueño? Deben de ser los nervios. Si no me apuro, llegaré tarde a la entrevista.
Repitió exactamente la misma rutina de aquella mañana. Sonrió frente al espejo y, al salir del baño, se dirigió hacia la puerta principal.
—Madre, iré a trabajar. Descansa y no te esfuerces mucho.
—Tranquilo, hijo. Suerte en el trabajo.
Dijo su madre antes de toser con fuerza.
—Recuerda tus pastillas.
—No te preocupes por eso. Tú ve al trabajo.
Con un extraño pensamiento de que ya había vivido aquello, Damián salió camino a la dirección escrita en el papel. Al llegar, se sorprendió al ver el mismo galpón que había aparecido en su sueño, el mismo interior impecablemente blanco y, por último, al mismo hombre que le dio la bienvenida la primera vez.
Caminó por el mismo pasillo y, al girar, volvió a encontrarse con las mismas dos puertas.
—Tiene que ser una broma de mal gusto... ¿Debería elegir otra vez la de la izquierda?
Tras pensarlo unos segundos, Damián se decidió.
—Un estúpido sueño no hará que me acobarde, como lo ha estado haciendo todo hasta ahora.
Decidido, entró por la puerta de la izquierda. Para su sorpresa, allí se encontraban el mismo recluso y los tres científicos, realizando exactamente la misma prueba.
Sabiendo lo que iba a pasar, habló antes que el primer científico.
—¡Esperen! ¡No es capaz de controlarlo!
Damián trató de acercarse, pero uno de los científicos lo detuvo.
—Todo está bajo control. Ahora, por favor, retírese.
Acto seguido, la escena volvió a repetirse. El recluso disparó sus láseres y, debido al enorme esfuerzo, uno de ellos se desvió, impactando esta vez en el costado derecho del rostro de Damián.
—¡Aaah!
Un dolor insoportable recorrió su cara.
—¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Ayuda!
Damián se tiró al suelo y comenzó a retorcerse mientras gritaba sin control. Los científicos se movían de un lado a otro buscando una forma de ayudarlo.
—¿Por qué...? ¿Por qué...? Duele mucho... No debería haber venido...
Poco a poco comenzó a perder la conciencia. Su visión adquirió un tono rojizo debido a la sangre que ahora cubría parte de su rostro y del suelo. Incapaz de hablar, solo podía pensar en el agonizante dolor que sentía.
—Por favor... que termine ya... que termine...
Murmuró, casi prefiriendo la muerte antes que seguir soportando aquel sufrimiento.
Luego de unos interminables veinte segundos de gritos, tanto de Damián como del personal del laboratorio, finalmente murió.
Despertó sobresaltado, gritando mientras se tocaba la cara y lloraba desconsoladamente. Su madre entró desesperada a la habitación.
—¡Hijo! ¿Estás bien? ¿Qué te pasó? Esta...
Damián la interrumpió con la voz aún temblorosa.
—Estoy bien... Solo fue una pesadilla.
Su madre, al verlo tan alterado, decidió dejarlo solo unos minutos.
Cuando salió de la habitación, Damián volvió a tocarse el rostro en busca de alguna herida.
—¿Volví...? ¿Lo soñé?
Sin entender qué estaba ocurriendo, pero sabiendo que necesitaba ese trabajo para pagar las pastillas de su madre, tomó una decisión.
Volvería a aquel lugar y descubriría qué estaba pasando.
Thoughts
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PermalinkLo que más duele es que vuelve y vuelve porque su mamá necesita las pastillas. Eso es lo que de verdad lo atrapa, no la puerta.
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Permalink¿Cómo es que sigue yendo si sabe que lo van a herir? Yo en su lugar me escaparía, no vuelvo a una puerta que duele así.
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PermalinkEse momento donde Damián sabe que ya vivió eso, ese es el quiebre donde todo se vuelve insostenible. Ahí es donde se quiebra.
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PermalinkCuando se dio cuenta de que era de verdad la segunda vez, casi tiro el celular del susto. Qué capítulo, en serio.
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Permalink¿Qué va a hacer la tercera vez? Porque si elige la de la izquierda otra vez, no entiendo, tiene que aprender algo de esto.
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PermalinkLeyendo capítulo dos y ya agarró, eso basta para que siga. Con Damián me pasó eso que digo yo: de verdad me metió.
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PermalinkEsto de estar atrapado en el mismo momento me da ansiedad de madrugada, ya no puedo dormir tranquila después de este capítulo.
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Permalink¿En serio va a elegir la de la izquierda otra vez sabiendo lo que pasó? Si fuera él, cambiaría a la de la derecha solo para romper el bucle.
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PermalinkLo mismo de siempre, me encanta leer lo que piensan sobre lo que escribí. Porfavor dejen cualquier defecto que encuentren, me ayuda a mejora.
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