La ducha otra vez, parce: en el capítulo anterior era para borrar la noche y ahora es para apagar la culpa. Lo que me dio cosa fue el papá diciendo que les fue de maravillas cuando ella venía blanca desde la caja. Ese señor vio algo en el súper y se lo está guardando.
Capítulo 11
Pensamiento
La ducha otra vez, parce: en el capítulo anterior era para borrar la noche y ahora es para apagar la culpa. Lo que me dio cosa fue el papá diciendo que les fue de maravillas cuando ella venía blanca desde la caja. Ese señor vio algo en el súper y se lo…
Contenido de la publicación
—¿Será que me buscará para hablar de lo que sucedió o todo fluyó por el alcohol?
Estoy asustada. ¿Se lo contará a mis padres? Mi temor es que lo sepa todo el mundo, pero ¿qué puedo hacer? Si lo hecho, hecho está. Aunque, siendo sincera conmigo misma, ni siquiera llegamos al final... pero el deseo estuvo ahí, quemándonos a oscuras.
—Celeste...
—Dígame.
—Lleva esto para la mesa dos.
La voz de mi jefe me trajo de golpe a la realidad. En todo el transcurso del día trabajé sin limitaciones para no pensar en lo sucedido. Pero ¿cómo mentirme? Cuando por dentro espero que me busque. ¿En mi interior anhelo algo? Pero en mi realidad sé lo que pasará: nada.
Terminé mi día con el cuerpo agotado. Los días fueron pasando uno tras otro, como si nada fuera acontecido y la rutina se encargó de adormecer el caos en mi interior. Todo está bien en mi casa y mi hermano se fue.
(¿Eso era lo que quería? No sé, tal vez. ¿Qué tanto espero?) Alejandro no ha aparecido por el taller, y yo intento convencerme de que él tampoco es una prioridad para mí.
Al final de la semana, mi padre me pasa buscando por el trabajo para ir a comprar unas cosas para el taller. Al rato de terminar de comprar y colocar los materiales pesados en el maleteros.
—¿Podemos pasar por el súper? —le pregunto.
—Sí, patrona —me dice en forma de juego, logrando sacarme una sonrisa.
Llegamos al súper y me dirijo a agarrar un carrito y voy caminando al lado de él por el pasillo, colocando las cosas que nos hacen falta en casa mientras él, como siempre, va sumando una que otra golosina. Agarro una bolsa de malvaviscos y el pecho se me llena de una calidez nostálgica. No puedo ocultar lo especiales que son para mí; eran los que mi difunto abuelo me daba con una velita encendida para que pensara que estábamos en una fogata.
Coloco dos bolsas en el carrito y camino hacia las cajas para hacer la cola. En eso, veo acercarse a Zoe, una chica que conocí hace unas semanas atrás y con la que hablo de vez en cuando.
—Hola, Celeste, ¿cómo estás?
—Bien, gracias a Dios. Te presento a mi papá.
Ella le sonríe con total naturalidad y dice:
—Hola, señor papá de celeste ¿cómo ha estado?.
Ella lo dices con un tono de broma y se tapa la sonrisa con la mano. Me quedo fría en mi sitio, siento un vuelco violento en el corazón. ¿Cómo es que ella conoce a mi papá?
Mi padre le devuelve el saludo con un gesto familiar:
—Hola, bella, todo bien. Celeste, ya conocía a Zoe, ya que es la novia de Alejandro.
Novia. La palabra resuena en mi cabeza como un eco ensordecedor. El aire se me congela en los pulmones. Miré a Zoe, a su sonrisa inocente y ajena a todo, y luego a mi papá. Un sudor frío me recorre la espalda al recordar las manos firmes de Alejandro en mi cintura y sus labios hambrientos sobre los míos apenas unos días atrás. ¿Cómo pude ser tan ciega? Él trabaja con mi papá, era obvio que mi padre conocería a su pareja. ¿Cómo no sospeché que un hombre así tendría a alguien?
(¿Novia? ¡Y ahora es que me entero! No lo puedo creer).
Forzando una sonrisa que me duele en el alma, asiento como puedo para disimular el colapso que tengo por dentro. Me despido de ella rápidamente, usando como excusa que ya es mi turno en la caja para cancelar.
—Ven, te ayudo con las bolsas —me dice mi padre.
—Sí, capitán —le digo, intentando que mi tono de broma no suene fingido.
Salimos del súper a toda prisa, coloco las cosas en el asiento de atrás y nos subimos.
Durante todo el camino a casa, el dolor en el pecho no me deja respirar. No fui yo quien fue infiel, pero siento una culpa asfixiante por Zoe. Alejandro... ¿por qué lo hizo si tiene novia? Él estaba completamente consciente de lo que hacía, y yo, sin saber que tenía pareja, caí redonda. ¿Cómo se supone que me debo sentir ahora? No lo puedo creer todavía. ¿Y si le digo a Zoe? No, no puedo. Me creería si le digo lo que pasó ? Obvio que no ! Y sabemos porque; porque pensará que le quiero quitar a su hombre y por el otro lado mi familia.
—Celeste, llegamos.
—Jeje, estaba en mi mundo —respondo, parpadeando para salir del trance.
Bajo del auto y ayudo a sacar las compras. Entramos en la casa y encontramos a mi mamá en la cocina.
—Hola, señorita —le digo dándole un abrazo apretado, buscando un refugio seguro.
—¿Cómo les fue?
—De maravillas —miente mi padre—. Hoy vimos a Zoe, te mandó saludos.
—Ay, qué bueno. Deberíamos reunirnos, ya tenemos tiempo que no nos vemos.
—Sí, cariño.
—Bueno los dejo un rato vay para el cuarto.
Ellos a siente, subo las escaleras a paso rápido, arrastrando una culpa que pude evitar si fuera sabido que salían pero como si nunca me contó de él y el de ella algo escondido su relación?
Entro a mi habitación y cierro la puerta. No quiero colocar música; la casa está demasiado silenciosa, pero sé que el silencio no me va a ayudar a callar mi mente. Necesito otra cosa. El choque del agua fría contra mi cuerpo caliente será mejor.
Me meto a la ducha. Siento la suavidad de mis dedos estrujando mi cabello con desesperación, intentando quitarme la tensión de tanto sobre pensar. El agua recorre todo mi cuerpo. Acordándome que haces días me metí a la ducha intentando borrar el rastro de sus manos en mi piel; hoy me meto buscando apagar el fuego de la culpa. El agua se lleva el sudor, pero no el peso de saber que esa novia de la que Alejandro se olvidó en su cama es la misma Zoe que conocí hace unas semanas.
Cierro la regadera y me envuelvo en la toalla. Salgo del baño y camino hacia la cama. Me tumbo boca arriba. Mi mirada se posa directamente en el letrero que tengo pegado en el techo: «Ni el tiempo vuelve, ni la vida se repite».
Es verdad. No puedo retroceder el tiempo para evitar entrar a esa casa, pero sí tengo este presente para decidir cómo va a terminar esta historia. Yo no sabía que él tenía pareja; Alejandro la ocultó muy bien. Si él decidió arriesgar su noviazgo con Zoe por unos besos desesperados en la oscuridad, esa es una deuda que su conciencia tendrá que pagar, no la mía.
Me giro de lado en la cama, abrazando la almohada mientras una fría claridad me recorre el cuerpo. El dolor sigue ahí, pero la venda ya se me cayó de los ojos. Al final, pude ver quién eras realmente, Alejandro, y eso me basta para alejarme. Si algún día decides buscarme para hablar de lo sucedido, solo me quedará admitir lo que pasó, pasar la página y seguir adelante. El silencio será mi escudo, y mi recuerdo, solo una lección aprendida.
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PermalinkLa ducha otra vez, parce: en el capítulo anterior era para borrar la noche y ahora es para apagar la culpa. Lo que me dio cosa fue el papá diciendo que les fue de maravillas cuando ella venía blanca desde la caja. Ese señor vio algo en el súper y se lo está guardando.
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PermalinkLa velita del abuelo con los malvaviscos, haciendo de fogata, justo antes de que Zoe aparezca en la cola del súper. Celeste se agarra a lo chiquito de casa cuando lo de afuera se le cae. Yo creo que esos malvaviscos vuelven el día que Alejandro por fin la busque.
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