La parte donde se da cuenta de que Logan se acostaba con su hermana y se larga es de las cosas más crudas que leí. Quedó ahí sin nada.
En busca de un sueño de amor Spoiler
Toda mi vida había soñado con este momento: tener mi propia casa. Mi madre siempre decía que era mejor estar en la suya, donde ella pudiera cuidarme, pero yo sabía perfectamente que solo era para…
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Pensamiento
La parte donde se da cuenta de que Logan se acostaba con su hermana y se larga es de las cosas más crudas que leí. Quedó ahí sin nada.
Contenido de la publicación
capitulo 1
Toda mi vida había soñado con este momento: tener mi propia casa. Mi madre siempre decía que era mejor estar en la suya, donde ella pudiera cuidarme, pero yo sabía perfectamente que solo era para tenerme bajo su control. Así era ella siempre. Pero ahora ya no iba a estar ahí para darme órdenes; este era un nuevo comienzo para mí y no lo iba a desaprovechar.
Miré el pequeño departamento que tenía y no pude evitar emocionarme. Aunque era pequeño, era mío, y eso era lo que más me llenaba de orgullo. Tardaría un tiempo en poder amueblarlo por completo, pero lo lograría. Primero debía encontrar un trabajo, y empezaría a buscarlo mañana mismo. Por ahora, estaría bien dormir en el incómodo sillón de la sala. Dediqué el resto del día a limpiar a fondo todo el lugar, porque vaya que lo necesitaba.
—Oh, creo que es momento de parar un poco y salir a comer —dije para mí misma, soltando un largo suspiro.
Caminé unas cuantas cuadras fuera del edificio en busca de un lugar para comer, hasta que encontré un pequeño restaurante. Al entrar, una chica de cabello rojo me recibió con una gran sonrisa. Parecía tener mi misma edad, o tal vez un poco menos.
—¡Bienvenida! Escogiste el mejor lugar para comer. Pasa y toma asiento.
—Muchas gracias —dije, sentándome en una mesa cerca de la ventana.
—Y dime, ¿qué deseas ordenar? —preguntó la pelirroja con entusiasmo.
—La verdad no sé qué pedir —admití mirando la carta—. ¿Tal vez podrías recomendarme algo?
—¡Claro! Podría gustarte la pasta. Sabe deliciosa, y no lo digo solo porque mi madre sea la que cocina, pero le queda increíble, te lo aseguro —dijo la chica de prisa y sin perder la sonrisa.
—De acuerdo, si tú lo dices, la pasta está bien.
—No te vas a arrepentir. ¿Y de bebida deseas algo?
—Un café está bien.
—Bien: pasta y café. Ahora regreso con tu pedido, no me tardo.
La chica era sumamente alegre y, tal como lo prometió, no tardó mucho en regresar.
—Aquí tienes —dijo colocando los platos en la mesa con cuidado.
Tomé el tenedor para empezar a comer, pero noté que ella seguía parada allí. Me hizo una seña con la cabeza para que probara el primer bocado, y así lo hice.
—Y bueno, ¿qué tal? ¿A que está rica? —preguntó con emoción.
—Sí, está deliciosa. Felicita a tu madre de mi parte —dije con simpatía.
—Se lo diré. Por cierto, no eres de por aquí, ¿verdad? —preguntó mirándome con cierta curiosidad.
—Vaya, ¿tan rápido me delaté? —respondí divertida.
—Bueno, aquí todos nos conocemos y a ti es la primera vez que te veo, y eso que llevo toda mi vida viviendo en este barrio —dijo, tomando asiento en la silla de enfrente—.
—Es que me acabo de mudar al edificio que está a dos cuadras.
—¡Oh, qué bien por ti! Yo siempre he querido tener mi propio departamento, pero mi madre dice que no estoy preparada. Aunque, entre nosotras, sé que miente y solo quiere que me quede a ayudarle en el restaurante.
—Jajaja, así son todas las madres —contesté con una pizca de tristeza en la voz.
—Sí, bueno, pero no podemos negar que nos quieren cuidar y por eso lo hacen.
—Bueno... sí, puede que tengas razón —«Ojalá así fuera la mía», pensé.
Estaba por decir algo más cuando alguien la llamó desde la cocina.
—¡Tengo que irme!, pero fue un gusto hablar contigo. —Estaba a punto de retirarse, pero volvió a hablar—: Por cierto, soy Olivia, pero todos me dicen Livvie. ¿Y tú eres...?
Por primera vez, alguien estaba interesada en saber quién era yo y no lo que aparentaba.
—Soy Keyla.
—Bueno, Keyla, espero que disfrutes tu estancia por aquí.
Con eso se alejó de la mesa. Disfruté mi comida y, al salir del lugar, sentí que alguien pasaba rozando a mi lado. Era un chico bastante alto al lado de mis poderosos un metro con sesenta centímetros. El chico volteó a verme, lo que me permitió ver su rostro: era innegablemente guapo y, por lo que su capucha me dejaba ver, pelinegro. Regresó la mirada al frente y siguió caminando, mientras yo hacía lo mismo.
—¡Oh, Jesse! ¡Qué alegría verte! —escuché que le gritaban a lo lejos.
Jesse. Ese era su nombre. Poco después de caminar, regresé a casa y me dispuse a ponerme la pijama para descansar en aquel pequeño sillón de la sala. Era bastante incómodo, pero era mil veces mejor que el piso. Después de un rato de estar pensando, decidí encender mi celular. Al hacerlo, decenas de mensajes y llamadas perdidas aparecieron en la pantalla. Como supuse, ninguno era de preocupación sincera; solo había un mensaje de voz de mi madre.
💬 🔊 MAMÁ: «¿Qué es lo que estás pensando, Keyla? ¡Tu padre está muy preocupado por ti, y Logan también! Deja de ser una malagradecida y regresa a casa para cumplir con tus obligaciones como una Walton. Deja de jugar a la niña independiente y vuelve antes del cumpleaños de tu hermana.»
Como era de esperarse, mi madre no quería que regresara por preocupación, sino para seguir fingiendo que éramos la familia perfecta. Y Logan tampoco estaba preocupado por mí: solo quería seguir manipulándome. Cuando decidí huir, fue porque una noche antes descubrí a Logan en la cama con mi hermana. Esa fue la gota que derramó el vaso. No podía quedarme allí y fingir que no había visto nada cuando se suponía que él y yo nos casaríamos en unos meses. Ahora lo que menos quería era verlos a los dos, y mi madre jamás lo entendería; lo más probable es que dijera que fue mi culpa por "descuidarlo".
¿Pero qué se suponía que debía hacer? Decidí dejar de pensar en eso y, a los pocos minutos, sentí mis ojos cerrarse.
Al día siguiente, caminé de nuevo hacia el restaurante de Olivia. En cuanto me vio, se acercó de inmediato.
—¡Hola, Keyla! Qué gusto verte otra vez.
—Hola. No podía no venir a comer algo delicioso.
—Como te dije, ¡todo aquí es delicioso! Puedes sentarte en... —dijo mirando las mesas, la mayoría llenas—. Bueno, si no te importa, puedes sentarte con esos chicos de allá. Tienen dos sillas vacías y son bastante amigables, te lo aseguro.
—Sí, claro, no tengo problema —respondí tras dudar un segundo.
Olivia me guio hasta la mesa.
—Chicos, les quiero presentar a mi gran amiga Keyla. Si no tienen problema, se va a sentar con ustedes —dijo Olivia con un toque de nerviosismo.
—Livvie, no logro comprender de dónde sacas tantas amigas, en serio. ¿O acaso la obligaste a ser tu amiga? —dijo uno de los chicos, mirándome con cara seria.
—Bueno, yo no... —empecé a decir, nerviosa.
—¡Eres un tonto! Ella acaba de mudarse al edificio de a dos cuadras y me pidió ser su amiga, ¿a que sí? —dijo Olivia mirándome con una sonrisa cómplice.
—Sí, así es.
—Estoy cien por ciento seguro de que ella no te lo pidió, solo lo decidiste tú —dijo el chico con ironía.
—Bueno... tal vez, ¡pero ella aceptó! ¿Verdad? —pidió Olivia mirándome con esperanza.
—Sí, claro que sí —dije con una sonrisa algo incómoda.
—Bueno, no te creo nada, pero te la pasaré. ¿A que es muy irritante? —me dijo el chico sonriendo.
—¡Eso no es cierto! ¿Verdad, Keyla?
—No, no lo eres —respondí riendo.
—¿Ves? Ella no piensa igual que tú, tonto.
—Claro que piensa como yo, solo que no quiere decírtelo —soltó él entre risas.
Olivia lo ignoró y volteó a verme.
—Ignóralo. Dime, ¿qué deseas ordenar?
—Un smoothie de frutas y un jugo de naranja está bien.
—Sí que cuidas la figura. Lo mejor para desayunar es una buena hamburguesa —intervino el chico.
—Eso es para cerdos como tú —respondió Olivia alejándose hacia la cocina.
—¡Es una tonta, ignórala! —le gritó él para que lo escuchara.
—¡Te escuché! —se oyó a la distancia.
—¡Esa era la intención! —le devolvió el grito—. Así que eres nueva, ¿eh? —dijo regresando su atención a mí.
—Así es, me acabo de mudar.
—No puedo decir que esta sea la mejor ciudad del mundo, pero te la pasarás genial —dijo con una sonrisa muy amigable—. Soy Elliot. Y el dormilón de aquí es Jesse, mi hermano, por desgracia —dijo señalando al chico recargado contra la pared, que llevaba una capucha cubriéndole el rostro. El pelinegro se movió un poco al escuchar su nombre—. A él ignóralo, es un amargado. A comparación de mí, que soy un encanto y, por supuesto, más guapo.
—¿Ya te está molestando este tarado? —interrumpió Livvie acercándose para colocar mi desayuno.
—A comparación de ti, yo sí soy aguantable —se defendió Elliot.
—A comparación de ti, a mí sí me quieren.
—¡A mí también me quieren!
—¿Quiénes? ¿Tus padres?
—Pues sí, porque yo sí tengo a mi mami y a mi papi —dijo él con burla.
—Eres un tonto, que lo sepas —lo miró feo Livvie.
Elliot estaba por contestar, pero otro chico llegó corriendo a la mesa.
—Y mira, ahí está el otro baboso —añadió Livvie.
—Hola, Livvie. Sí, yo también te quiero —dijo el recién llegado, un chico rubio, con una amplia sonrisa.
—¿A qué se debe tu bendita presencia? —habló una voz gruesa.
Era Jesse, que se acababa de despertar.
—Uy, mira quién se dignó a despertar. Seguro fue porque llegó el amor de su vida —bromeó Elliot.
—El dueño de sus quincenas —siguió Livvie.
—Su media naranja...
—Sí, sí, lo que digan. Cállense por favor, que no los soporto —los interrumpió Jesse pasándose una mano por la cara.
—Y volviendo al tema de mi presencia... —dijo el rubio, pero se detuvo al verme—. ¿De qué me perdí? ¿Quién es esta dulzura?
—Te presento a mi gran amiga Keyla —dijo Elliot lanzándole una mirada burlona a Livvie.
—Ella no es tu amiga, ¡es mía! —protestó ella.
—Bueno, tienes razón: no es mi amiga, es la futura madre de mis quinientos hijos —dijo Elliot mirándome con diversión.
—Mmm, bueno, primero el anillo, ¿no? —dije siguiéndole el juego.
—Claro, querida, eso será lo primero que haga.
—Soy Keyla, un gusto —le dije al rubio.
—Yo soy Mateo, el gusto es mío.
—Aquí entre nos, es el novio de mi hermano, pero no se lo digas a nadie —me susurró Elliot al oído en un tono que todos escucharon.
—Simplemente ignóralo. Soy el mejor amigo de Jesse, no entiendo de dónde saca eso.
—Bueno, todo empezó cuando Livvie y yo subimos a buscar a mi hermano porque nos preocupaba que no bajara. Abrimos la puerta y vimos una escena que me traumó de por vida —explicó Elliot.
—¡Los vimos a los dos! Mateo estaba encima de Jesse... ¡No más de recordarlo me da algo! —añadió Livvie.
—Si no mal recuerdo, esa fue la vez que me caí de la moto y me fracturé la mano —aclaró Mateo rodando los ojos—. No podía quitarme la camisa, así que le pedí ayuda a Mateo. Al intentar jalarla nos caímos los dos. Eso fue lo que pasó, nada de lo que sus dos mentes cochinas piensan.
—Exacto, pero como son unos descerebrados, todo lo malinterpretan.
—Bueno, eso explica el ruido que escuchamos antes de entrar —dijo Elliot aguantándose la risa.
—Pues no sé tú, pero yo no les creo del todo —dijo Livvie con los ojos entrecerrados.
—Tienes razón, hay que dudar.
—En fin, volviendo al motivo de mi visita... ¿Recuerdan a Sofía?
—¿Sofía? —preguntó Livvie arrugando la nariz.
—Sí, Sofía —asintió Mateo.
—¿Te refieres a la rubia esa de las...?
—Sí, Elliot, sí sabemos quién es, no lo digas.
—¿Sofía, la que se acostó con un tal Louis y de la que estuvieron hablando toda una semana? —preguntó Jesse sorpresivamente.
—Esa mera. Pero, ¿tú cómo sabes que se acostó con Louis? —preguntó Mateo alzando una ceja.
—Tú nos lo contaste, Mateo. ¿Y qué tiene que ver ella con la noticia?
—Bueno, recuerdan que se fue a Italia a estudiar, ¿no? Pues resulta que regresó y va a dar una fiesta hoy en la noche.
Al decir esto último, Livvie y Elliot gritaron de emoción.
—¡Eso es genial! Tenemos que ir —habló Elliot.
—Bueno, como siempre, Jesse no va. ¿Y tú, Keyla? ¿Vienes con nosotros? —preguntó Mateo mirándome.
—Bueno, creo que sí, no estaría mal —respondí entusiasmada.
—¡Entonces está decidido! Hoy hay descontrol total —festejó Elliot.
Después de un rato, Mateo y Jesse (quien casi no habló) se despidieron. Quedamos solo los tres en la mesa.
—Oye, Keyla, ¿te parece si vamos a cambiarnos juntas a mi casa?
Era la primera vez que alguien me invitaba a su casa para algo así. En mi anterior vida, casi todo eran eventos en restaurantes de lujo o salidas de compras por compromiso.
—¡Sí, me encantaría! Ah, por cierto, si saben de algún trabajo, ¿podrían avisarme? Realmente lo necesito.
—Yo sé de alguien que busca personal, pero no sé si te interese —intervino Elliot.
—¡Sí, claro! ¿De qué es?
—Necesitan una mesera para un bar.
—Un bar... Bueno, nunca he trabajado en uno, pero puedo aprender rápido. Pásame la dirección e iré a preguntar.
—Genial, ya mismo te la envío por mensaje. Agrégame como 'El amor de tu vida'.
—Así lo haré, gracias de verdad.
—No es nada. Solo una cosa: la dueña es una mujer de unos treinta años, pero es bastante estricta.
—Está bien, sabré cómo manejarlo.
—Bueno, nos vemos esta noche, chicas. Pónganse lindas, que este galán pasará por ustedes.
—Créeme, solo irá por nosotras y luego se irá a ligar con cualquiera —dijo Livvie.
—Oye, ella no tiene por qué saberlo —protestó Elliot riendo—. Me voy, tengo cosas que hacer.
Se despidió dándome un beso en la mejilla y a Livvie le dio un pequeño empujón en la cabeza.
—Es un imbécil, pero qué se le hace, es mi amigo —suspiró Livvie.
—Se nota que son muy unidos —dije sonriendo.
—Sí, lo somos desde pequeños. Los cuatro crecimos juntos. Mi madre trabajaba como cocinera en la casa de los chicos, y su mamá, que es súper amable, me inscribió en la misma escuela que a ellos. Como solían hacerme bullying por ser pobre, Elliot siempre me defendía y Jesse se metía para que no golpearan a su hermano. Mateo, como buen amigo, les ayudaba. Así que nos volvimos muy unidos. Aunque Jesse no sea muy comunicativo, sé que nos quiere. Y gracias a sus padres, mi mamá logró abrir su propio restaurante. Estamos muy agradecidas con ellos.
—Se nota que son personas agradables y educaron muy bien a sus hijos —comenté bajando un poco la cabeza, pensando en la diferencia con la mía.
—No son perfectos, pero para mí lo son.
Después de estar un rato más en el restaurante, Livvie se despidió de su madre y caminamos juntas hacia su casa, la cual estaba cruzando la esquina.
Thoughts
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PermalinkParece que Keyla decidió que lo poco que tiene es mejor que lo mucho que le dolía. Eso da un ánimo raro.
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PermalinkEso de estar en una sala de espera, pero de tu propia vida, es bastante real. No sé hacia dónde vas pero al menos no hacia atrás.
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PermalinkHay algo en eso de llegar a un lugar donde nadie te conoce y empezar de nuevo. Hasta Livvie le sonrió como si fuera gente de verdad.
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PermalinkLa parte donde se da cuenta de que Logan se acostaba con su hermana y se larga es de las cosas más crudas que leí. Quedó ahí sin nada.
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