Volvías y te ibas.
Y a mi corazón le tocaba empezar de cero cada maldita vez.
Cada vez que regresabas, una parte de mí quería creer que esta vez sería diferente. Que quizá ahora sí te quedarías, que todas las despedidas anteriores habían servido para entendernos mejor.
Pero después volvías a irte.
Y yo tenía que aprender otra vez a acostumbrarme a tu ausencia, a dejar de esperarte, a convencerme de que esta vez sí debía soltarte.
Lo difícil no era solamente perderte.
Era tener que reconstruirme cada vez que decidías volver a romper la distancia y después marcharte otra vez.
Hasta que entendí que no podía seguir llamando esperanza a algo que me hacía empezar de nuevo después de cada despedida.
Porque hay personas que no regresan para quedarse.
Regresan porque saben que todavía tienen un lugar en nosotros.
Y algún día, por mucho que duela, tenemos que decidir cerrar esa puerta para que nuestro corazón pueda dejar de empezar de cero. 💜