Hay momentos en los que alguien empieza a luchar por una relación justo cuando la otra persona ya dejó de luchar por ella.
Empiezan las promesas, los cambios, las conversaciones que antes parecían imposibles. De repente aparece ese deseo de recuperar lo que se estaba perdiendo.
Pero hay algo que muchas veces no se entiende:
una persona puede seguir ahí físicamente y, aun así, haber empezado a irse mucho antes.
Tal vez esperó conversaciones que nunca llegaron.
Tal vez pidió cambios demasiadas veces.
Tal vez lloró en silencio hasta cansarse.
Tal vez pasó tanto tiempo intentando salvar lo que tenían que, cuando finalmente dejó de hacerlo, ya no había nada que rescatar dentro de ella.
Y entonces llega el momento en que la otra persona quiere volver a empezar, pero tú ya estás en otro lugar.
Quizá incluso ya existe alguien más que despertó en ti algo que creías perdido.
Y eso también duele, porque no siempre dejamos de querer de un día para otro.
A veces simplemente llega un momento en el que entiendes que alguien puede querer recuperarte justo cuando tú, después de tanto tiempo, finalmente aprendiste a no necesitar que lo hiciera.