Todavía quiero besarte, volver a sentir
esa gran alegría que nacía al verte sonreír.
Tus besos eran mi medicina, tus abrazos mi alivio,
y cuando estaba contigo, hasta el dolor perdía su dominio.
Con solo verte, mi mundo volvía a brillar,
porque eras la luz que me enseñaba a caminar.
Tu presencia convertía mis tristezas en calma,
y tenerte entre mis brazos era descansar el alma.
Ahora extraño tus besos, tu manera de abrazarme,
y esos pequeños momentos en que bastaba con mirarte.
Me duele que aquellos días ya no puedan regresar,
que lo que antes era nuestro hoy solo pueda recordar.
Me alegra saber que encontraste a alguien,
alguien que puedas amar y que tu familia también ame.
De verdad me alegra saber que estás feliz,
aunque duela aceptar que ya no estás junto a mí.
Quisiera verte sonreír sin que me duela el pecho,
aceptar que nuestra historia ya llegó a su fin.
Aunque todavía te guarde en lo más profundo de mí,
quiero que seas feliz, aunque ya no sea junto a ti.
Y si algún día recuerdas lo que fuimos los dos,
espero que guardes lo bonito, no solamente el adiós.
Porque, aunque ya no pueda tus labios besar,
siempre habrá una parte de mí que te supo amar.