Búsqueda
Cuando paso frente al espejo de cuerpo entero de la sala comprendo con claridad que es mía la cabeza que llevo en la bandeja a la altura de los hombros: busco un lugar seguro donde colocarla, lejos de los recuerdos frescos y de las angustias de las pesadillas.
BÚSQUEDA
Los ojos del espejo que miran pasar son iguales a los de la cabeza que llevo en la bandeja: negros, oblicuos, aguilados, idénticos a los del retrato que guardo en mi memoria para cuando me haya ido.
También la sonrisa que sonríe en el espejo es la mía, entre pícara y socarrona, con la tibia incertidumbre de las aguas mansas y profundas. Pero los labios que dicen sin decirlo “esta cabeza es mía” no son míos. Ni las palabras mudas ni el silencio que nada en la soledad de la sala. Tampoco, la melancolía del destete ni el temor de la penumbra.
Ni siquiera es mío el asombro de verme tendido en una cama soñando que busco un lugar donde esconder mi cabeza.
Del libro Cuentos y relatos de LUCHO GUERRA- Jorge Luis Fabra Hernández