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Breathless — Cuando una película decide que las reglas también pueden romperse

rodrigosegade1000
Pensamiento

Pensamiento

Gonzalo_R

Para mí la película entera está en el departamento: dos personas preguntándose si se quieren, ninguno sabe contestar, y afuera la policía. Bastante parecido a cualquier pareja de veinte años, con o sin pistola.

Para mí la película entera está en el departamento: dos personas preguntándose si se quieren, ninguno sabe contestar, y afuera la policía. Bastante parecido a cualquier pareja de veinte años, con o sin pistola.

Contenido de la publicación

Hay películas importantes porque cuentan una gran historia y hay otras que son importantes porque después de ellas el cine parece haberse movido unos centímetros de lugar. Breathless pertenece completamente a ese segundo grupo.

Lo fascinante es que Jean-Luc Godard no filma como alguien que quiere demostrar que sabe hacer cine, sino como alguien que acaba de descubrir que puede desobedecer prácticamente todo aquello que le habían enseñado sobre cómo debía hacerse una película. La cámara puede moverse de una manera extraña, un plano puede cortarse antes de tiempo, una conversación puede durar muchísimo más de lo esperado y un personaje puede mirar casi hacia nosotros. Y, sin embargo, en lugar de sentirse como una película rota, empieza a sentirse increíblemente viva.

Eso es lo primero que me produjo Breathless: la sensación de estar viendo una película que parece estar inventándose mientras avanza. Hay una libertad muy difícil de explicar porque hoy muchas de las cosas que hace Godard forman parte del lenguaje cinematográfico que conocemos. Pero imaginarlas en 1960 cambia completamente la experiencia. Los famosos jump cuts, por ejemplo, hoy pueden parecernos una herramienta más de montaje. Acá tienen algo casi insolente. Godard corta dentro de una misma acción, elimina los momentos que normalmente conectarían un movimiento con el siguiente y nos obliga a aceptar que el montaje no tiene por qué esconderse.

El cine clásico había trabajado durante décadas para que nosotros olvidáramos que alguien estaba cortando los planos. Godard hace prácticamente lo contrario: quiere que sintamos el corte. Quiere que sepamos que estamos mirando una película. Y esa decisión cambia todo porque Breathless nunca parece demasiado interesada en construir una realidad cerrada donde podamos olvidarnos de la cámara. La cámara está ahí, los cortes están ahí y el cine está permanentemente recordándonos su propia existencia.

Jean-Paul Belmondo es perfecto para ese universo porque Michel tampoco parece querer vivir según reglas demasiado claras. Es un delincuente, sí, pero Godard no lo filma como el típico criminal trágico o amenazante. Michel parece alguien que está interpretando permanentemente una versión cinematográfica de sí mismo. Se mira, hace gestos, fuma, habla de Humphrey Bogart y construye su propia personalidad utilizando imágenes que aprendió mirando películas.

Eso me parece una de las cosas más interesantes de Breathless. Michel no solamente pertenece al cine: quiere parecerse al cine que vio. Su manera de comportarse está atravesada por una fantasía de masculinidad cinematográfica. Quiere ser ese tipo duro, despreocupado, libre, capaz de entrar y salir de las situaciones sin que nada termine de afectarlo. Pero debajo de esa pose aparece progresivamente un personaje mucho más frágil, impulsivo e incluso infantil.

Belmondo entiende perfectamente esa contradicción. Tiene un carisma tremendo, pero nunca parece estar intentando hacernos creer que Michel es realmente tan cool como él cree ser. A veces parece seductor y otras veces directamente ridículo. Y creo que Godard necesita justamente eso. Si Michel fuera únicamente un héroe atractivo, la película terminaría celebrando aquello que él imagina ser. En cambio, muchas veces sentimos que estamos viendo a un chico jugando a ser Bogart.

Y después está Jean Seberg.

Patricia es casi la energía opuesta. Hay algo mucho más difícil de leer en ella. Michel habla permanentemente, insiste, pregunta, se mueve y trata de convencerla. Patricia parece estar todavía descubriendo qué quiere. Y eso vuelve fascinante la larguísima secuencia dentro del departamento.

Para mí, ahí está buena parte de la película.

Porque Godard frena casi todo.

Hay un hombre buscado por la policía y uno supondría que la narración debería avanzar rápidamente hacia una persecución o una fuga. En cambio, pasamos muchísimo tiempo viendo a Michel y Patricia acostados, caminando por la habitación, hablando de amor, preguntándose si realmente se quieren, discutiendo sobre París, Nueva York, sexo, literatura y sobre ellos mismos.

Y funciona.

Porque de repente entendemos que a Godard le interesa mucho menos saber si Michel conseguirá escapar que observar qué pasa cuando dos personas intentan descubrir qué significan una para la otra.

Ese departamento se convierte prácticamente en una película dentro de la película. Afuera existe el policial. La policía lo busca, Michel necesita dinero y debería irse. Adentro hay otra cosa: dos personas perdiendo el tiempo.

Y perder el tiempo en Breathless nunca parece realmente perderlo.

Godard entiende algo que después aparecería muchísimo en el cine moderno: una conversación aparentemente inútil puede revelar más sobre un personaje que una escena diseñada únicamente para hacer avanzar la trama. Michel pregunta si Patricia lo ama, Patricia no sabe exactamente qué responder y esa incertidumbre termina siendo muchísimo más importante que buena parte de la persecución policial.

También me parece hermoso cómo París aparece en la película. No está filmada como una postal. La ciudad simplemente existe alrededor de ellos. Caminan, cruzan calles, venden diarios, se meten en cafés y viajan en autos mientras la cámara los acompaña con una ligereza rarísima. Hay una sensación casi documental, como si los personajes hubieran aparecido en medio de una ciudad que seguía funcionando independientemente de que hubiera una película rodándose ahí.

Eso conecta muchísimo con la Nouvelle Vague. Godard y varios de esos cineastas venían de escribir y pensar obsesivamente sobre cine antes de empezar a filmar. Y Breathless tiene esa energía de alguien que conoce las reglas del cine clásico lo suficiente como para poder romperlas conscientemente. No es improvisación porque no supiera cómo hacer una película. Es libertad construida desde una enorme cinefilia.

Por eso las referencias no funcionan como simples homenajes. Humphrey Bogart no aparece solamente porque a Godard le guste. Michel necesita a Bogart para construir su propia identidad. El cine que estos personajes consumieron modifica la manera en que entienden sus propias vidas. Y ahí encuentro algo que sigue siendo completamente actual: muchas veces aprendemos cómo debería sentirse el amor, la rebeldía, la masculinidad o incluso la tristeza a través de las películas que vimos antes de experimentarlos nosotros mismos.

Michel parece haber aprendido cómo ser un hombre mirando cine negro.

El problema es que la vida real no necesariamente respeta el guion.

Y Patricia quizás sea quien termina entendiendo eso antes.

La decisión de traicionarlo es extraña porque tampoco se presenta como una gran revelación moral. Patricia no se transforma repentinamente en la heroína de la película ni Michel en una víctima romántica. Ella misma parece necesitar comprobar qué siente. Hay una ambigüedad emocional muy fuerte porque ninguno de los dos termina siendo completamente descifrable.

Eso también me gusta mucho.

Godard no parece interesado en ordenar psicológicamente a sus personajes para que nosotros podamos explicarlos fácilmente. A veces Michel se comporta de una forma y minutos después parece otra persona. Patricia puede mostrarse cercana y después distante. Esa inconsistencia, en lugar de ser un defecto, los hace parecer más vivos.

Y después está el final.

Michel podría intentar escapar desesperadamente, pero incluso cuando todo se derrumba sigue existiendo una especie de pose. Hasta su muerte parece dialogar con esa imagen de tipo duro que construyó durante toda la película. Hace gestos, dice sus últimas palabras y Patricia intenta comprender qué quiso decir.

Me parece un final perfecto porque ni siquiera la muerte consigue ordenar completamente la comunicación entre ellos.

Pasaron toda la película hablando.

Y terminan sin entenderse del todo.

Eso quizás sea mucho más triste que la muerte de Michel.

Porque Breathless está llena de palabras, pero las palabras nunca garantizan que dos personas se comprendan. Michel y Patricia pueden compartir una cama, una habitación, cigarrillos y horas de conversación, pero siguen existiendo zonas del otro a las que ninguno logra acceder.

Y creo que ahí la película termina siendo bastante más melancólica de lo que su energía inicial hace pensar.

Visualmente, además, hay algo que me encanta: Godard consigue que una película hecha con una enorme conciencia cinematográfica parezca espontánea. Ese equilibrio es dificilísimo. La cámara en mano, la luz natural, los cortes abruptos y las calles reales pueden generar la impresión de que todo está ocurriendo accidentalmente, pero detrás hay una idea muy fuerte sobre cómo mirar.

La película está permanentemente preguntando qué necesita realmente el cine.

  • ¿Necesitamos ver cada movimiento completo?

  • ¿Necesitamos continuidad perfecta?

  • ¿Necesitamos personajes psicológicamente ordenados?

  • ¿Necesitamos que una escena avance necesariamente la trama?

Godard responde prácticamente siempre que no.

Y ése quizás sea el verdadero legado de Breathless. No que todos empezaran a usar jump cuts, sino que demostró que una película podía cuestionar las reglas con las que había sido construida y seguir siendo cine.

Incluso podía sentirse más cinematográfica justamente por romperlas.

Por eso entiendo perfectamente por qué después aparecen ecos de Breathless en tantos directores. No necesariamente porque copien sus planos, sino porque la película transmite una idea peligrosísima para cualquier cineasta joven: podés hacer las cosas de otra manera.

No tenés que pedir permiso.

Y eso, visto más de sesenta años después, sigue teniendo una energía enorme.

Breathless puede parecer pequeña si uno la reduce a su argumento: un delincuente, una chica estadounidense, París y una policía que se acerca. Pero cinematográficamente es gigantesca porque Godard utiliza esa historia mínima como laboratorio. Prueba cosas, corta donde supuestamente no debería cortar, deja escenas durar demasiado, elimina partes que otros habrían considerado indispensables y permite que sus personajes existan sin necesidad de explicar completamente quiénes son.

Y lo mejor es que todavía conserva una sensación de juventud.

No solamente porque sus protagonistas sean jóvenes.

Porque la película misma parece joven.

Impaciente.

Arrogante.

Curiosa.

Un poco enamorada de sí misma.

Convencida de que puede hacer cualquier cosa.

Y justamente por eso funciona tan bien.

Porque Breathless no cambió el cine demostrando que las reglas anteriores estaban equivocadas. Hizo algo mucho más importante: demostró que podían existir reglas nuevas si alguien se animaba primero a romper las viejas.

Thoughts

  • archivo_municipal

    Un dato que suma a lo de los jump cuts: según se cuenta, Godard tenía un primer montaje demasiado largo y en vez de sacar escenas enteras cortó por dentro de los planos. O sea que esa insolencia que usted describe nació, en parte, de una exigencia de duración. Me gusta más así, regla rota por necesidad antes que por manifiesto.

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  • Gonzalo_R

    Para mí la película entera está en el departamento: dos personas preguntándose si se quieren, ninguno sabe contestar, y afuera la policía. Bastante parecido a cualquier pareja de veinte años, con o sin pistola.

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