Por Levi Díaz Echeverri
Llegan con el esplendor del entendimiento, cuando las voces de la conciencia susurran dulcemente al corazón y la razón, al fin reconciliada, abre sus puertas a la paz y permite que la tranquilidad se convierta en huésped de la existencia.
Entonces florecen… paradójicamente, en el ocaso, cuando el tiempo parece anunciar despedidas y la vida, con su sabiduría silenciosa, les concede el privilegio de descubrir la belleza de la calma.
Sus pétalos, blancos como la nieve, se afirman orgullosos ante el viento, como banderas de una victoria íntima, de una batalla librada en silencio contra aquellas fauces invisibles que devoran la inocencia y encadenan los cuerpos y los sueños en los turbulentos años de la adolescencia y la juventud.
¡Cuánto tuvieron que vencer para llegar a este instante! ¡Cuántas tempestades debieron atravesar antes de comprender que la libertad más sublime no consiste en correr tras el tiempo, sino en aprender a caminar con él!
Y así, conquistando una pequeña victoria sobre las horas que todo lo transforman, trascienden la materia, se elevan por encima de los deseos y descubren en la quietud un éxtasis que ninguna pasión efímera podría ofrecerles.
Una mirada se detiene… y queda anclada en la eternidad, no porque pretenda poseerla, ni porque le tema a su llegada, sino porque ha comprendido que hasta lo eterno puede contemplarse como un espectáculo pasajero que la memoria guarda en sus aposentos más profundos.
Y mientras el mundo continúa girando, mientras los relojes desgastan sus voces y la vida escribe sus últimas páginas, ellas permanecen allí, adornando sus cabezas con dignidad, blancas, serenas, majestuosas…
Flores tardías de la existencia, coronas tejidas por los años, testigos de que la verdadera belleza no siempre florece en la primavera, ni la sabiduría llega sin heridas.
Porque hay flores que no nacen para conquistar miradas, sino para enseñar a contemplar; flores que no temen al ocaso, porque han descubierto que envejecer no significa marchitarse, sino alcanzar el privilegio de florecer con el alma en paz.
Y cuando la juventud se convierte en recuerdo, y el tiempo deja de ser adversario, sus pétalos blancos proclaman la más hermosa de las victorias:
Haber vivido para comprender, haber comprendido para ser libres y haber alcanzado la paz antes de que caiga el telón. 🌿