Nunca he tenido el talento,
no aprendí a aprovechar los momentos,
se empolvan los latidos sin fundamentos,
no alcanza en mi café los granos ni los gramos.
Artesano sin manos, hierro incrustado,
ojos segados por mirar a el sol,
agua de mi alma contaminado en sentimientos,
el sufrimiento me capturo en sus hilos.
Deje de perseguir una religión,
la esperanza no estaba en un frasco,
era el cristal de lo efímero en estado solido,
aun así se rompe en mil lenguas y pedazos.
Aun que la incertidumbre me paraliza,
aun tengo ingredientes para una pizza,
el reloj de arena tiene las originales piezas,
masa, vegetales y carnes alimentan la prisa.
Si la fe no alcanza, mi respirar no se transa,
brisas en el rostro, caricias frescas de la realidad,
hielo regando mi desierto de desaciertos esmeraldas,
barcos hundidos en una botella con neblina.
No espero mapas ni pistas de mi destino,
solo me disculpo con quien fui un cretino,
quien se lo merece le he dado algún golpe certero,
la empatía solo la tengo con quien ya a sufrido.
La causa y efecto de mis defectos,
me hacen mas correcto e incierto,
paradoja de parar a al ver mi sangre roja goteando,
ríos navegando por un mundo no escrito.
Solo extiendo mis manos a un vacío,
soy reacio a caminar sobre letras de otro humano,
la experiencia alimenta la eficiencia de mis suspiros,
cada exhalación alimenta a los gigantes anónimos.
Sin ánimos construí en mi subconsciente los molinos,
submarinos en mi mar de trigo famélico,
geometría de los versos siendo trigonométricos y celiacos,
el frio es la armadura en estas noches sin dulces ni centros.
Me dejo en banca rota con lo que cuesta,
esta en escases aceptar las propias falencias,
no hay educación ni practica que me logre complementar,
completos vende un local donde escribí mi primer poema.
Si soy sincero en este mundo adicto a los ceros,
mi semilla ya se seco desde los catorce años,
un ejercicio por obligación fue mi faro en un cuaderno,
casi veinte años han pasado, mi polvo una biblioteca a llenado.
En par se abren las puertas de mi alma,
hojas que pintan mi bosque sin dejar de amar,
vida que nutre mis vidas animales en esta carcasa,
faraón hecho momia seré con mis templos de escritura.
¿Qué sentido tiene la vida,
cuando me vuelvo el filo del guía?,
otro alimentado con la cicuta de la filosofía,
intoxicado por la ambición de una pasión divina.