Ahora que te fuiste todo cambio,
mi alegría se volvió pena
y mi pena se volvió alegría.
La sonrisa del día se enmarca
en otras caras,
que tratan lentamente de asemejarse a ti.
Las sombras aparecen y desaparecen,
las tripas se me retuercen
y mi corazón se sale de su cuadro
caminando hacia los vértices
ovidados en mis extremidades.
Te habre guardado tanto
que cuando porfin quisieras
dejar de mirar a otros esqueletos andantes
me hubieras visto y te habrías asustado,
pues mis piernas y mis brazos
no son los mismos de ese entonces.
Cada trazo
que llevo marcado demuestran
palabras que nunca te pude decir.
Ahora que ya no estás no se si voy a verte sonreir.
Cuando des cuenta de que como he quedado,
te importará esta sucia y deforme carne.
Ahora que te has ido
me has dejado un vacío.
Estoy arrepentido,
de todo lo que hice,
de los trazos de palabras que nunca te dije.
De mis piernas y mis brazos que me duelen
cuando en mi sabana se tocan.
Ahora duermo en esta cama helada,
doliendo, y extrañándote.