Me la había pasado también con Michael que no recordaba la tristeza,
en cambio la alegría se hacía de notar increíblemente gracias a él.
Lastimosamente la alegría debía acabar, pues Michael tuvo un llamado
de atención por no ponerme a entrenar de inmediato.
-“Perdón, debemos entrenar”
Sus palabras eran calmadas más que autoritarias: Eran las 4: 30 a. m desperté con rapidez para el aseo personal, tenía Entre cinco a diez minutos para bañarme, para comer unos cinco minutos. Me llevó el entrenamiento básico. El entrenamiento consiste en técnicas de combate, condición física, conocimientos teóricos y destreza de campamento. Era tan agotador que sentía que me iba a desmayar con tan solo caminar. Michael me motivaba, mientras yo me preguntaba cómo podía tener un cargo tan fuerte siendo casi de mi edad.
-lo hiciste bien, unos cuantos semanas más, haremos estos ejercicios y
subirás de cargo.
-Te preparo...para que seas como el.
Dijo con vergüenza, pero no me sentí mal sus palabras me hicieron mas fuerte.
Se que mi padre fue el mejor.