Nietszche opinaba acerca de la locura de los que dirigen la humanidad, qué ven al hombre como un perro domésticado, faldero. A Nietzsche le daba asco exactamente eso: que los que mandan trataran al ser humano como animal domesticado. Lo que decía en corto: El rebaño y los pastores. En Así habló Zaratustra habla del "último hombre": cómodo, sin riesgo, que solo quiere seguridad y aplausos. Y dice que los que dirigen se aprovechan de eso. Para ellos la gente es rebaño. Los educan para obedecer, no para pensar. Los llama "predicadores de la muerte" porque matan el impulso vital con moralinas y reglas. Moral de esclavos. En La genealogía de la moral explica que los poderosos inventan valores para que el débil se quede quieto. Humildad, obediencia, culpa. Todo eso sirve para que el hombre se vea a sí mismo como "perro faldero": que pide permiso, que mueve la cola por migajas, que no muerde la mano que le da de comer. Nietzsche lo llamaba domesticación. Desprecio por los que mandan por cobardía. No odiaba a todo gobernante. Odiaba al que gobierna desde el resentimiento. Decía que los peores tiranos no son los fuertes, son los débiles organizados que necesitan rebajar a todos para sentirse grandes. En Más allá del bien y del mal los llama "hombres del rebaño que se pusieron la piel de lobo". Su frase clave va por aquí: el hombre fue hecho para crear, para decir "yo quiero", no para que le digan "siéntate, echate, obedece". Cuando los dirigentes ven al hombre como perro faldero, lo que hacen es fomentar la locura de la comodidad y del miedo. Y para Nietzsche eso es la verdadera enfermedad de la humanidad. Por eso insistía tanto con "conviértete en quien eres" y con el superhombre: no como un dictador, sino como alguien que recupera su voluntad y deja de pedirle permiso al pastor. El hombre domado, el animal doméstico, el hombre del 'rebaño' me aburre." Aquí está lo del "perro faldero". Para Nietzsche domesticar = cortar los instintos. Y los que mandan aman al hombre domesticado porque no da problemas. Sobre los "últimos hombres" que aman a los que dirigen. En Así habló Zaratustra, Prólogo ¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el que ya no puede despreciarse a sí mismo. ¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella? —así pregunta el último hombre, y parpadea." Ese "último hombre" es el ideal de los que dirigen: sin anhelo, sin riesgo, solo quiere calefacción, trabajo y entretenimiento. Parpadea y obedece. En resumen según Nietzsche: La locura de los dirigentes es creer que un pueblo de perros falderos es un pueblo sano. Para él eso es decadencia. La salud es justo lo contrario: gente que crea valores propios y no vive para aplaudir al pastor.
F NIETSZCHE