El mundo se había vuelto más lento,
monótono y distante.
Me sentía fuera de lugar,
como si no perteneciera ni aquí ni allá.
Al mismo tiempo intentaba quitar este pesar que me anclaba,
esa sensación de vacío que me carcomía
sin dejar tregua a la felicidad.
Me sentía anestesiado, dormido,
como si estuviera en un profundo sueño
donde mis acciones no significaban nada.
Buscaba un destello, una chispa
que rompiera este cristal invisible,
un golpe de realidad que me devolviera el pulso.
Todo parecía tan extraño...
yo parecía un extraño.